miércoles, 5 de junio de 2013

LAS CIUDADES TIENEN FIEBRE

"Handshake buildings" en la ciudad china de Shenzhen. La otra cara del desarrollo
Y no tiene nada que ver con el cambio climático. Sucede que el creciente descontento urbano que se vive en Lima también se puede ver como parte de un proceso mayor. Ese proceso acelerado de crecimiento, conflictivo y deficiente, que están viviendo muchas ciudades y que está empezando a dejar heridos. Las páginas de los periódicos tan solo en la última semana parecían camillas de emergencia. Ahí iban cayendo una a una las historias de ciudades tan distintas como Lima, Estambul o Shenzhen.

China
Veamos rápidamente qué viene pasando en esos lugares. La foto de arriba es lo que en China llaman los “edificios que se dan la mano”. Fueron levantados en las afueras de la mega, super ciudad de Shenzhen, al norte de Hong Kong, para los obreros que han transformado el antiguo villorio en una de las hiper modernas y ricas ciudades chinas.

Según el Economist, este es el lado oscuro de ese desarrollo. Y literalmente oscuro. La distancia entre edificio y edificio no tiene más de un metro de ancho, y los vecinos se pueden dar la mano de ventana a ventana. En los pisos más bajos jamás entra la luz del sol. Y son situaciones como estas las que han llevado a hablar en ese país de la urgente necesidad de crear nuevos planes de urbanización.

La situación es tan apremiante que en los próximos meses el primer ministro chino presidirá una gran conferencia nacional sobre urbanismo, donde el tema central será cómo integrar a estas masas de migrantes del campo a la vida urbana china. Según los analistas, los políticos chinos están preocupados por la bomba de tiempo que eso representa si no hacen algo pronto.

Turquía
El caso más mediático de estos días se produjo en Estambul. Si bien la prensa fue muy rápida en dejar de lado el detonante para enfocarse en el contenido político de las protestas, vale la pena detenerse un momento en eso.

En esta ciudad puente entre Occidente y Oriente, uno de los lugares de encuentro favoritos de los estambulitas es la plaza Taksim, junto al parque Gezi. Los planes del gobierno consistían en mejorar las condiciones de la plaza, a cambio de utilizar un sector del parque para levantar ahí un centro comercial. Y en un ambiente políticamente cargado, esta fue la gota que colmó el vaso.

Con 15 millones de habitantes, en los últimos años Estambul ha experimentado un crecimiento rápido y desordenado. “Suficiente es suficiente", dijo una estudiante turca a un medio de comunicación durante las protestas. "Nunca nos preguntan lo que queremos. No nos dejan espacio para respirar”, señaló.

En un principio, fueron muchos los ciudadanos que salieron a defender su espacio público de lo que se percibe como la avasalladora presencia del sector inmobiliario, que allá también ha tenido un fuerte impacto sobre el paisaje urbano.

Los que saben
¿Pero cómo hacen ciudades donde parece que hacen mejor las cosas? Esta semana salió una nota desde la ciudad francesa de Marsella. Según sus autoridades, ante un patrón creciente de violencia urbana, en medio de una severa crisis económica, y con una afectación directa a la imagen de la ciudad, su estrategia fue la cultura.  Para eso, se embarcaron en un gran proyecto para levantar el gran museo de las culturas mediterráneas, que busca revitalizar esta urbe del sur francés.

En el caso de Berlín, conscientes de la necesidad de desarrollar una cultura urbana más sostenible, la práctica de compartir el auto en las mismas rutas al trabajo, al colegio o las compras, se está convirtiendo en la norma.

Londres usó el pretexto de las Olimpiadas para emprender un masivo proyecto de renovación urbana al este de la ciudad, que transformó un sector pobre e históricamente abandonado en una zona con nuevos usos y nueva vitalidad.

¡Lima!
En Lima, dentro de siete años, o menos, entraremos a la categoría de mega ciudad. Es decir, aquellas con más de 10 millones de habitantes. En esa ruta enfermiza por crecer lo único que el ciudadano promedio ve es el aumento descontrolado de edificios. Un aumento que, por lo menos por ahora, no contribuye en nada a la ciudad.

Y lo que está pasando en otras partes, en Lima lo estamos viviendo cada día. Como nunca, la ciudad vive un proceso extraordinario de cambios. Uno pensaría que situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. Medidas que hagan frente al lado más negativo del desarrollo: la destrucción de edificios históricos, de sitios arqueológicos, o la desaparición de áreas verdes y la reducción de espacios públicos. Pero nada de eso está pasando.

Mientras tanto, las señales de descontento van en aumento. La falta de diálogo entre autoridades y ciudadanos está creando una severa fractura social. Este jueves, mientras escribo esta columna, se tiene prevista una marcha hacia el Congreso para protestar contra el cuestionado D.S. 54 que pone en una situación vulnerable a los tesoros del pasado.

Pero lo que estamos viviendo no es un tema limitado a la cultura o la arqueología. Son temas que definen el tipo de ciudad en la que vivimos. Por lo tanto, nos compete a todos. Producto de una ciudadanía convulsionada por los cambios, hay cada vez más limeños que se sienten acorralados, sin interlocutores válidos. Y mientras eso pasa, son otros los que están construyendo la Lima de los próximos 100 años.

¿Tratamiento?
No por gusto Naciones Unidas-Habitat el año pasado publicó su informe "El estado de las ciudades", con un diagnóstico poco bueno.  Una receta fundamental que ellos proponen: repensar el camino de las ciudades, de modo que el ciudadano esté al centro de las medidas que se tomen. Donde la calidad de vida, la felicidad de los que viven en las urbes de hoy sean lo prioritario. Esa visión cuesta porque aquí nunca se ha planteado así, pero cada vez es evidente que se hace más necesario.

La opción contraria es clara. Quedarnos con una ciudad enferma, si no lo está ya. Y como todo paciente que no toma su remedio a tiempo, ya sabemos lo que podría pasar.

Plaza Taksim, Estambul, con manifestantes. Foto: BBCMundo.

miércoles, 29 de mayo de 2013

PRESIDENTE HUMALA: ESTE PAÍS EXISTE


No ha tenido que pasar mucho tiempo para empezar a ver la dimensión funesta y peligrosa del D.S.54 sobre el destino de nuestro patrimonio arqueológico. Veamos primero unos datos básicos.

Para los que no la conocen, la huaca San Marcos (sobre la Av. Venezuela y dentro de los terrenos de la Universidad del mismo nombre) es uno de los grandes monumentos de la antigüedad en el Perú. Con sus 330 metros de largo, 130 de ancho y 30 de alto, es la más grande de Lima, y se cree que fue el edificio principal de la cultura Lima, hace unos 2.000 años.

Hoy, este magnífico edificio se encuentra como era la huaca Pucllana hace 30 años: cubierto de capas de tierra y olvido. En la imagen de abajo vemos una proyección aproximada del arqueólogo Lizardo Tavera del mismo lugar. Es decir, como podría verse si se decide su puesta en valor.

Que la mayoría de limeños no sepamos esto no es de sorprender.  Por las razones que sean, el sistema educativo de la capital ha ignorado sistemáticamente información valiosa que pertenece a todos los ciudadanos.  A todos, o a la mayoría, se nos privó de un derecho fundamental: conocer a los ancestros que poblaron estos valles.  Los ancestros que hicieron posible que hoy nosotros estemos aquí.

El destino que ha tenido esta huaca es simbólico de cómo hemos tratado estos tesoros. El arqueólogo Joaquín Narváez en un lúcido artículo sobre la destrucción de la riqueza cultural del país a lo largo del tiempo (link abajo), identifica al Estado peruano como uno de los mayores responsables. Y San Marcos es una muestra flagrante de esa acción destructiva a lo largo del tiempo.

Ha sido mutilada más de una vez bajo una visión de “progreso”. El último en intentarlo, pero no lo consiguió, fue el ex alcalde Castañeda que pensaba eliminar un pedazo de monumento para ampliar la avenida. Nunca estuvo en los planes un túnel subterráneo u otras alternativas.  Son opciones que acá no se consideran.

La visión de Confiep

Esta semana Cecilia Valenzuela entrevistó en el canal Willax al vicepresidente de Confiep, el señor Gonzalo Prialé, para analizar las medidas tomadas por el presidente Humala para acelerar los proyectos de inversión.

Alrededor del minuto 5’30 la periodista pregunta por la tercera de las siete medidas, la referida a los certificados arqueológicos (CIRA-Certificado de Inexistencia Arqueológica), y el señor Prialé contesta:

“…cómo será esto de trabador que, por ejemplo, el diseño de la línea 2 del metro de Lima que pasa cerca de la Universidad de San Marcos, donde se supone que hay algunos restos, creo que inclusive ha tenido que mover su trazo para no pasar por esta zona. Incluso, se ha optado por profundizar el metro para evitar interferencias como estas…”

Abajo pongo el link a esa entrevista. ¿Es lógico pensar, después de escuchar su respuesta, que para el vicepresidente del mayor gremio de empresarios del país la huaca San Marcos es un obstáculo? En su esquema mental no se percibe que exista un proceso que asocia sitio arqueológico con medidas de adicionales de precaución y protección, como suele suceder en países con correcta gestión cultural.

Entonces, si la semana pasada hubo quienes pensaron que éramos unos alarmistas por cuestionar este decreto, aquí tienen la evidencia más inmediata.

Más allá de que este empresario sepa o no que se trata de un importante monumento, lo que sus declaraciones dejan en claro es que no hay manera de ver esas estructuras antiguas fuera de ser una interferencia para sus planes. Como pasó con Puruchuco, que se llegó a una poco satisfactoria solución.

¿Por qué sucede esto?

No por ignorancia. Sucede porque no hay un mensaje claro del Ejecutivo de que es importante proteger, preservar y poner en valor la herencia cultural de los peruanos.

Sucede porque no existe una visión de Estado que considere la enorme y rica herencia patrimonial peruana como un recurso para el desarrollo.

No en vano se dice: “el patrimonio en los países ricos es una fuente de ingresos, en los pobres una fuente de problemas”. Y aquí vemos clara y lamentablemente por qué. 

Un anuncio que debió alegrar a todos los peruanos. Un anuncio en el que se habla de acelerar los proyectos de desarrollo, de promover las inversiones, de luchar contra la pobreza, termina creando una sensación de desamparo entre quienes vemos en nuestra riqueza cultural una gran oportunidad.

Y se termina en la absurda e innecesaria situación de enfrentar cultura y desarrollo. Esto solo puede suceder cuando entre quienes tienen la responsabilidad no existe la visión.

Ese Decreto debió decir en los términos más claros que no solo es obligación del Estado la protección de este legado, sino decir expresamente que se dotará el ministerio de Cultura de los recursos necesarios para cumplir su tarea. 

De existir la voluntad política, se hubiera pensado en implementar un sistema por medio del cual cada proyecto que necesite un CIRA destine un fondo para la recuperación de algún bien arqueológico peruano. Lo mismo que debería hacerse con el enorme boom inmobiliario que vive la capital, para la recuperación de casonas históricas. Pero nada de esto sucede.

Mientras tanto sigue pendiente ese diálogo nacional. Ese proceso por medio del cual entre todos podamos reconocer qué es aquello que necesitamos y podemos conservar, y qué es aquello a lo que tenemos que decirle adiós.

Personalmente siento que esta es una vía importante para avanzar. Algunos sacrificios tendremos que hacer, pero algo fundamental podremos hacer, porque una cosa es cierta: este país existe y no piensa desaparecer.



Entrevista a Gonzalo Prialé-Willax: http://www.youtube.com/watch?v=C0oemmhKDuI
Artículo de Joaquín Narváez: http://www.naya.org.ar/congreso/ponencia3-3.htm


Foto 1: Vista aérea de la huaca San Marcos, sobre la Av. Venezuela. La Universidad a la derecha, y al fondo a la derecha el estadio, que se construyó sobre otra gran huaca de la antigüedad. Foto: Página Pachacutec-Facebook.
Foto 2: proyección 3D de la huaca San Marcos. Autor: Lizardo Tavera.

miércoles, 22 de mayo de 2013

D.S. 54: O cómo destruir un legado arqueológico


La reciente promulgación del Decreto Supremo 54 ha puesto a arqueólogos, gestores culturales y gente interesada en el patrimonio peruano en pie de guerra. Y no es para menos. Sin hacer ninguna referencia a la obligación del Estado en la protección de estas riquezas, lo que el decreto en buena cuenta dice es que a partir del mes de junio, cuando entra en vigencia, todo vestigio arqueológico que las empresas encuentren a su paso quedará prácticamente desprotegido. Si es que no es destruido.

Según las protestas levantadas por algunos de los principales gremios profesionales y por Icomos-Perú, la entidad más representativa a nivel mundial en temas de patrimonio, el presente decreto modifica sustancialmente el sistema de protección de sitios arqueológicos que existía hasta el presente. ¿Cómo era hasta hoy?

Cuando una empresa quería explotar una mina, abrir un camino o levantar una estructura, la ley le exigía previamente una evaluación arqueológica para ver si en el lugar existen vestigios sin descubrir. Una vez evaluado el lugar, se emitía un certificado: sí tiene, no tiene. Si por alguna razón el ministerio de Cultura no respondía dentro del plazo que daba la ley (30 días), ese “silencio administrativo” se consideraba una negativa y la empresa no podía proceder.

Ya sea por vicios propios de la burocracia, o por propias limitaciones, lo cierto es que esos certificados o CIRAS (Certificado de inexistencia de restos arqueológicos), a veces tardaban hasta un año o más en darse. Es fácil imaginar la reacción entre quienes querían desarrollar un proyecto. ¿Cuál es el cambio hoy?

A partir del 1 de junio toda empresa que quiera desarrollar cualquier tipo de proyecto va a seguir necesitando que el ministerio de Cultura emita el CIRA, y se reduce el plazo de respuesta de 30 a 20 días. Pero la alarma roja está en el llamado “silencio administrativo”.

Es decir, a partir del 1 de junio, si Cultura no responde en 20 días se asume que no hay ningún vestigio arqueológico y el proyecto procede. Si existen vestigios, la empresa sigue obligada a presentar un Plan de Monitoreo (protegido, teóricamente). Pero acá también si el ministerio no aprueba ese plan de gestión dentro del plazo impuesto, el plan de la empresa queda automáticamente aprobado. Sea el plan que sea.

¿Cuál es el efecto inmediato de este decreto? Según el presidente Ollanta Humala, y el ministro de Cultura, que firmó también el documento, es un paso adelante para acelerar procesos de desarrollo, para luchar contra la pobreza y para sacar al país adelante a la brevedad posible. Bien! ¿Pero es esta la mejor manera de proceder?

Por otro lado, la misma redacción del Decreto está hecha de tal modo que enciende el mal ánimo. En ningún momento se hace referencia a la obligación del Estado en proteger la historia, identidad y riqueza cultural de todos los peruanos. Por el contrario, la redacción es tal que se termina deduciendo que la cultura más que un recurso para el desarrollo es un obstáculo. La falta de visión en esto último es preocupante.

Después de leer ese decreto, nadie creería que vivimos en uno de los seis países que son cuna de civilización en el mundo y uno de los más ricos culturalmente. ¿Dónde quedó la visión de cultura como fuente de desarrollo?

Lo que este decretó debió hacer es dotar al ministerio de Cultura de todos los recursos necesarios para que cumpla con su tarea, inescapable, de proteger la riqueza de todos los peruanos. Debió dotar de recursos adicionales al ministerio para la recuperación y puesta en valor de los bienes que ya existen. Debió crear mecanismos a futuro para que esas empresas, donde hallen vestigios, contribuyan a la recuperación de esos u otros bienes del país. Y si el ministerio no cumple, debió establecer mecanismos por los cuales la empresa privada no se perjudica y se consigue acelerar el proceso, sin poner en riesgo el patrimonio. En nada de esto se pensó.

Pero veamos también el otro lado. ¿Cuánto nos queda por descubrir? ¿Creemos que de verdad todavía quedan monumentos importantes bajo tierra?

Cuando le planteé esto a Alberto Martorell, presidente de Icomos-Perú su visión fue clara: en términos de patrimonio no se protege y cuida solo lo monumental, los machupicchus del país, sino también cementerios, arquitectura civil modesta, hasta desechos de basura arqueológica porque todo trae información que nos pueda decir más sobre quiénes somos y de dónde venimos.

Aquí creo que tenemos que encontrar un equilibrio. Un equilibrio que funcione para todos. Porque a fin de cuentas se trata de eso ¿Acaso no habrá llegado la hora de ser realistas? Ahora me podrán acusar de traidor pero no de rasgarme las vestiduras. De repente, por más terrible que suene, tenemos que entender que hay sitios y vestigios a los que tenemos que decirles adiós. Por el bien de lo que ya tenemos y no cuidamos.

La realidad es que ni ahora cuando hay dinero suficiente se está protegiendo lo que ya existe de manera adecuada. No nos engañemos. Esto nunca va a suceder. Menos si nos dedicamos a cuidar y proteger cada pieza individual de arqueología que se encuentre en nuestro territorio.

Lo más irónico lo vi en estudiantes de arqueología de San Marcos. Publicaron un Facebook un manifiesto anti decreto hablando de la necesaria salvaguarda de nuestro patrimonio. Ante eso les pregunté qué estaban haciendo ellos por recuperar la huaca San Marcos, la más grande de Lima, una de las más importantes y una de las que probablemente más información todavía guarda en su interior y que queda dentro de la misma universidad.  

Por las razones que sean, San Marcos no está haciendo nada por su huaca. Pero no solo son ellos. Somos todos nosotros. No tenemos un gran museo del Perú. No tenemos un registro completo de todo lo que tenemos. Gran cantidad de material sigue en depósitos donde, según me cuentan algunos arqueólogos que lo han visto, todavía existen cajas de Julio C. Tello que ni siquiera han sido abiertas. Y él murió en 1947. O sea, ¡hace casi 70 años!

Entonces, ¿de qué nos quejamos? ¿Qué es lo queremos realmente? Yo creo que nos toca mirar al futuro con sinceridad. Y si nos ponemos de acuerdo, de repente este infeliz decreto puede facilitar algo mejor: decidir qué hacemos con lo que tenemos. Que es bastante.

Foto: Erik Maquera / Sitio arqueológico Catalina Huanca, Distrito de Ate, año 400d.C., quedó en medio de una empresa arenera, que ha excavado el sitio está dejarlo completamente aislado, como se ve en la foto.

Aquí el Decreto: http://elperuanolegal.blogspot.com/2013/05/decreto-supremo-054-2013-pcm-aprueban.html

miércoles, 15 de mayo de 2013

¡EMPECEMOS A DEMOLER!


Acá tenemos dos palabras malditas: expropiar y demoler. Cada una ha adquirido su propia dimensión diabólica gracias al mal uso que se le dio o se le sigue dando. Expropiar, un concepto necesario en temas de urbanismo, planificación, mejora de las condiciones y la calidad de vida de los ciudadanos, durante décadas fue casi una palabra impronunciable.

El trauma dejado por el gobierno militar de Velasco la sacó no solo del léxico sino de la cabeza de las autoridades. ¡Esa barbaridad comunista! Se le dio una lectura política y hasta ahí llegamos. Lo que se expropia hoy es mínimo y cuando sucede parece que se hace con un miedo extremo. 

Sin embargo, es una de las armas que nos da la misma ley para proteger la rica herencia arquitectónica de Lima. ¿Lo hace el ministerio de Cultura? No. ¿Lo hace la Municipalidad de Lima? No. Las razones, o las excusas, siempre están ahí. El resultado final es que la autoridad no se atreve a hacer uso de una de las herramientas más potentes que tiene a su disposición.

La otra es demoler. Pero aquí el asunto es más perverso. La autoridad no demuele. Demuele la empresa privada. Demuelen inmobiliarias al margen de cualquier responsabilidad ciudadana y de cualquier valor histórico del inmueble. Es cierto, tampoco existen incentivos de ningún tipo para que un propietario de un bien histórico quiera y pueda conservar ese inmueble. Pero el resultado es el mismo: demolición, pérdida irreparable de capas de historia e identidad de una ciudad original.

Lo que alcaldes y autoridades de cultura están permitiendo es un proceso descontrolado, destructivo y voraz de crecimiento urbano. Lima nunca antes vivió este tipo de presión. A una situación extraordinaria se han debido implementar medidas extraordinarias. Pero hasta ahora nadie parece haberse dado cuenta de la situación.

Lo que tenemos en cambio son alcaldes felices, porque les entra más dinero. Un ministerio de Cultura callado, porque no sabe qué hacer, y una Municipalidad de Lima que mira del otro lado porque es una autoridad debilitada. Lima no se merece esta situación.

En el post de la semana pasada hicimos referencia a la investigación que vienen realizando en nuestra ciudad más de 30 alumnos de arquitectura y planificación de una universidad de Londres. Incluso ellos, que llegaban por primera vez a la capital, se quedaron sorprendidos que en el último lustro el 40% del sector de Barrios Altos se haya convertido en depósitos.

Estos depósitos no solo son ilegales. Para levantarse tuvieron que tirarse abajo alguna estructura antigua. Todo esto a vista y paciencia de las autoridades. A lo máximo que ha llegado la capacidad de fiscalización de la Municipalidad de Lima es a pegar unos afiches que son quitados al día siguiente. O a las pocas horas.

En una reunión sobre estos temas, hace unas semanas, Alberto Martorell, el presidente de Icomos, indicó que “si esos depósitos de seis pisos pudieron ser construidos sin que ninguna autoridad pudiera pararlo, algo grave está sucediendo”.  Y vaya que si es grave...  la incapacidad de las autoridades para defender la ciudad.

Pero todavía se pueden redimir.  Por ejemplo, empezando por demoler lo ilegal y clandestino.  Finalmente, este sería el único tipo de demolición que vale la pena. Y no solo salvaría la ciudad. Salvaríamos también una palabra del infierno del lexicón.

 
 
Foto arriba: Prensa alternativa. Depósito en Barrios Altos.
Foto abajo: Wikipedia. Demolición en Alemania.

miércoles, 8 de mayo de 2013

LIMA EN DOS ESPEJOS



Ayer martes por curiosidad fui a la presentación que hacía un grupo de estudiantes de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, del Development Planning Unit (DPU), University College London, que había estado trabajando en Lima.  Lo que observé me pareció digno de compartir aquí. No es una foto bonita de la ciudad, pero es una que probablemente deberíamos tomar en cuenta.

Primero el proyecto: cada cuatro años, la maestría de esa facultad escoge una ciudad del mundo para enfocar su trabajo académico. Vaya lujo. Ya habían estado en ciudades de China, en India, en alguna de África y ahora habían escogido Lima. El propósito fundamental es hacer propuestas concretas que, idealmente, ayuden a esos lugares. Cada año un grupo diferente va viendo aspectos distintos de la ciudad.

Este año llegaron 35 estudiantes. No todos británicos. Los había de 19 diferentes países: de Francia, de Colombia, México, Kenia, Australia, India, China, Croacia, etc. y su foco era planificación urbana y medio ambiente. Para eso escogieron cinco zonas de Lima donde trabajaron a lo largo del último año, y ayer martes presentaban sus conclusiones. Por varias razones habían escogido: Barrios Altos; un asentamiento humano en San Juan de Lurigancho; Huaycán, en Ate; Cantagallo, en el Cercado; y la Costa Verde.

Hasta ahí todo bien.  Me parecía genial que 35 cabezas foráneas estuvieran pensando y analizando Lima. Ahí surgieron los espejos.  En cada uno estaba Lima.  Hago un resumen de lo que vi y de la impresión que me dio.  En la sala habían dirigentes vecinales de esas partes de Lima, además de arquitectos, académicos y otros interesados.

Quizás lo que más me llamó la atención cuando hablaron los vecinos, fue ver cómo la mala relación que tenemos con la autoridad filtra nuestro discurso, nuestra manera de entender la ciudad y de buscar soluciones.  Aquí, personas de distintas partes de Lima que no se conocían entre sí compartía la misma desconfianza.  Era descorazonador escuchar lo poco que se sienten protegidos por el sistema, por la ley, por la policía, por los jueces, por las autoridades.  

Y luego los datos, que son para preocuparse.  En Barrios Altos, por ejemplo, el 40% del área se ha convertido en depósitos.  El 40%! cuando hace solo cinco años todo el lugar era vivienda. Este lado perverso del crecimiento económico sucede por falta de control, de fiscalización, de orden.  Lo que se está produciendo en esta histórica parte de la ciudad es un proceso de cambio de uso, irregular, informal, ilegal, que no solo afecta a las miles de familias que ahí viven. Se está destruyendo patrimonio histórico. ¿Qué opciones quedan?

El otro espejo fue el que nos mostraron los estudiantes. Era Lima vista por 30 jóvenes extranjeros cuyo trabajo principal consiste precisamente en eso. Para ellos se trataba de solucionar problemas. Pero tengo la impresión que los problemas eran un poco más profundos de lo que pensaban encontrar.  Vieron una ciudad que crece sin visión de ciudad, sin soluciones conjuntas, para todos.  Una política económica que, según dijeron, están generando una serie de injusticias urbanas.  Vieron a Lima como una ciudad sin prácticas sostenibles, etc.  Sus propuestas trataban de ser específicas y puntuales, pero no podían dejar de lado el contexto urbano, más difícil de resolver.

En ambos espejos no se veía la ciudad que todos queremos proyectar. La ciudad moderna, que avanza, que crece.  Los dirigentes vecinales, sin quererlo, dejaban al descubierto una característica muy nuestra: la división social, la profunda desconfianza a la autoridad.  Los estudiantes veían una ciudad mal encaminada, con enfrentamientos que subyacen al frágil tejido social y que podrían afectar su futuro.

¿Cómo hacemos?  Más allá de soluciones puntuales, pienso que hay un tema de comunicación pendiente. Una tarea de fortalecer vínculos.  De crear códigos comunes. Yo también quiero una ciudad moderna, atractiva, amable.  Pero hay un trabajo por hacer.  Me pregunto quién se está haciendo cargo.  Porque mientras decidimos qué hacer, hay  otros como en esta imagen de Banksy, el artista callejero británico, que están borrando toda huella de ciudad.  De una ciudad con capas de historia y de riqueza que una vez desaparecidas, no podrán ser reconstruidas.

Los informes finales, mapas, presentaciones y videos producidos durante el proyecto del la Maestría estarán disponibles desde Julio del 2013 en la pagina Web del DPU:
 
 
Tambien hay información el nuevo Blog: http://turningtothesea.weebly.com/

Foto: Taringa.net 

domingo, 21 de abril de 2013

¿IMAGINAR LIMA?

El Museo del Perú en el actual Ministerio de Justicia, con área peatonalizada. 

Para los más escépticos sonará como una frase imposible. ¿Imaginar una mejor Lima? El asunto es que si no lo hacemos, no va a suceder.

"El futuro lo creamos hoy", me dijeron hace unos años varios científicos y filósofos de algunos de los centros de pensamiento más importantes. Estaba en la BBC y me había metido a hacer una investigación sobre el futuro del poder a 50 años. Hablé con gente del LSE, del MIT, y de centros especializados en Shangai, París y Ciudad de México.

Lo más sorprendente para mí fue esa convicción, casi anti científica a ojos de un inexperto, de que en lugares tan serios se trabajara sobre la base de que lo suceda en el futuro no solo es una consecuencia de nuestros actos hoy. Es algo aún más excitante: es consecuencia de lo que decidimos hoy.

Así que, qué mejor manera de probar esta direccionalidad creativa que en lo que concierne a Lima. Lima se merece, necesita, urge que todos la imaginemos más amable, más justa, más silenciosa, más guapa, más organizada. No se ustedes, pero esta batalla constante y diaria de quejarnos de todo lo que está mal a veces termina siendo repetitiva. Todos sabemos lo que anda mal. Y las autoridades lo saben. Pensemos por un momento que están trabajando para solucionar eso. Contribuyamos nosotros con las otras ideas. Con esas imágenes que nos hacen soñar con un lugar mejor.

Por eso primero lanzamos una convocatoria a arquitectos, artistas y seguidores de Lima Milenaria en Facebook, para que envíen sus diseños de ese lugar soñado. Hoy, como para hacer que la gente salga a bailar, empezamos con algo propio. Algo que me venía dando vueltas hace un tiempo: transformar y reciclar todo el sector alrededor del Palacio de Justicia.

Somos uno de los seis países que son cuna de civilización en este planeta. Somos uno de los países más ricos culturalmente. Ese legado nos sigue acompañando, y ¿dónde están esos grandes museos que nos recuerden estos 5.000 años de creatividad y transformación?

Hace un par de semanas escribí sobre todos los tesoros que han llegado al mercado negro y se venden afuera. Pero cuando consiguen traerlos de vuelta al Perú a dónde van. A depósitos! No tenemos lugar donde mostrar nuestras riquezas. Eso, la verdad que no solo es inaudito. Es ofensivo para una nación como la nuestra. En qué han estado pensando nuestros líderes todo este tiempo? Por qué han dejado de lado este aspecto fundamental de nuestra identidad? Es acaso responsabilidad de los museos privados?

Hace un tiempo un amigo me decía que los textiles prehispánicos son considerados los más importantes en el desarrollo de esa industria en el mundo. Que no hay diseñador que escriba un libro y no agradezca la inspiración dejada por los antiguos peruanos. Díganme dónde tenemos el gran museo de los textiles peruanos.

Ya no me extiendo sobre la violencia que se ejerce desde el volante sobre las calles de la ciudad. Los ciudadanos no tenemos un espacio para caminar y ser dueños de nuestra ciudad. Andamos cuidándonos, corriendo o requintando. Eso no es calidad de vida. Así que por eso empezamos esta iniciativa en El Comercio. Ojalá varios se contagien. O por lo menos voten. En la página web del diario aparecerá una ventana donde podrán decir si les gusta o no lo que se proponiendo. 

Y los que quieran enviar sus propios diseños de ciudad lo pueden hacer a este correo: yotambiensoylima@comercio.com.pe

Nada más por ahora.  A diseñar el futuro!

viernes, 19 de abril de 2013

“COLISEO”, UNA CINTA PARA ENTENDER LIMA


Desde un principio he sido un entusiasta y un promotor de la película “Coliseo”. Son varias las razones, y creo que casi todas tienen que ver con el hecho de que tiene una relación muy clara con la ciudad y cómo la entendemos.

Su director, Alejandro Rossi, dirá que es una película feliz sobre jóvenes de la ‘nueva Lima’ o la Lima de los conos. A él le gusta sintetizar su descripción como un Bollywood andino, que rescata un tema de valores, superación, identidad. Y tiene mucho de eso. A mí me gusta verla también como una representación contemporánea de Lima Milenaria, la campaña de este Diario.

Vista desde esa perspectiva, el punto de intersección entre película y campaña es potente. Poder entender esto es poder entender bastante delo que nuestra ciudad es hoy. Y tiene que ver con una de las conclusiones más sorprendentes a las que han llegado los arqueólogos en los últimos años: que Lima ha sido, desde siempre, tierra de migrantes. Por lo menos durante los últimos 4.000 años, desde que esos primeros habitantes construyeron la huaca Paraíso, en San Martín de Porres.

Desde entonces, sucesivas llegadas de gente de distinta procedencia cultural y geográfica han reinventado este espacio muchas veces. Su gente, a lo largo de miles de años, lo ha venido transformando y enriqueciendo. A veces este proceso ha sido traumático y destructivo, pero la esencia es la de una ciudad que ha seguido creciendo, y donde sus habitantes buscan un espacio para sí mismos.

Por eso, al ver los rostros de los chicos que actúan en “Coliseo” es más que un grupo de jóvenes, hijos de migrantes, compitiendo para ganar un concurso de huaylarsh y salvar la carpa del abuelo. Ellos están haciendo algo que como ciudad no hacemos muy bien: incorporar dentro de su identidad de limeños un legado andino de solidaridad, de trabajo compartido, de superación y de valores. Están fortaleciendo su identidad, y eso es algo que cada día está sucediendo en distritos de la capital.

Esto, para mí, es ver a Lima ejerciendo su destino de manera cotidiana: un destino de transformación, de creación, de hacer suyo este territorio. Es ver esa continuidad milenaria y esa ciudad de culturas retratada hoy. Por eso esta campaña del Diario no es solo sobre huacas y mirar al pasado. Se trata del presente, con temas de ciudadanía, inclusión social, memoria. Y se trata de la ciudad de mañana.

Los que nunca han visto bailar el huaylarsh, se los recomiendo especialmente. Ver esta danza del valle del Mantaro en su versión contemporánea creada por jóvenes limeños, producto de su relación más urbana con la ciudad, es ver a una Lima feliz, vital, bailando, queriendo, gozando. Una Lima con sueños.

Y, en el caso de la película, una Lima que hace realidad sus sueños. No estamos acostumbrados a ver así a nuestra ciudad. No estamos acostumbrados a ver la ciudad posible, la ciudad positiva, la ciudad que va creciendo con algo bueno que ofrecer. Y esta película es un duchazo de optimismo, en un escenario inusual. De repente nos hace falta más de eso.

Publicado en El Comercio: 3/10/12 
Foto: rpp.com

viernes, 8 de marzo de 2013

LA PROSPERIDAD DE LAS CIUDADES


Justo cuando empezaba a creerme eso de que el crecimiento económico y la fiebre de la construcción eran buenos termómetros para medir la salud de la ciudad, viene Naciones Unidas y dice ‘para nada’.

Según el informe “El estado de las ciudades del mundo 2012-2013”, presentado ayer en México, tenemos seriamente que repensar las ciudades si queremos llegar al futuro con posibilidades. Los expertos de Naciones Unidas-Habitat se tomaron dos años para investigar 110 ciudades de 35 países, y una de sus principales conclusiones es que le damos un énfasis desproporcionado a la idea de prosperidad urbana, basada solamente en los índices de desarrollo económico.

Este tipo de desarrollo, argumentan, ha generado un incremento de las desigualdades entre ricos y pobres y, en el caso del ‘boom’ inmobiliario que afecta a la mayoría de estas ciudades, ha creado serios desequilibrios. Entonces, ¿dejamos de crecer? Lo que proponen parece sencillo pero termina siendo el reto más difícil: dejar de medir el bienestar por las cantidades y enfocarse en el ciudadano.

El ciudadano como el centro de las políticas y no la macroeconomía, como hasta ahora parece que sucede.

Para los autores del informe hay aspectos intangibles que tienen que ver con procesos holísticos y de inclusión que serán necesarios incluir cuando midamos cuán próspera es una ciudad. Y en un sitio como Lima, imagino, esto tiene mucho sentido. No solo por una cuestión de crear más puestos de trabajo sino, como decía la semana pasada, porque todos los limeños puedan sentir que esta ciudad es suya, que les pertenece, que tienen deberes como también derechos y que no deberían existir mecanismos invisibles que los excluyan y discriminen.

Estos aspectos subjetivos de bienestar, dice el documento, deberían aparecer en las cinco dimensiones que ellos proponen: una ciudad productiva (pero producción orientada a generar mayor igualdad); con infraestructura adecuada; que trabaje seriamente hacia una mayor inclusión social; que eleve los estándares de calidad de vida ciudadana (además de la educación y la salud, Hábitat considera también como fundamentales el uso y expansión de áreas verdes y espacios públicos); y la sostenibilidad ambiental.

En estas categorías Lima tiene un poco de todo. En cuanto a la productividad, el documento señala que nuestra ciudad es la que tiene los índices más bajos de desigualdad en América Latina. Esto porque el 50% de los ingresos de la capital provienen del sector informal, pero este dato por sí solo no habla de una Lima próspera.

Junto a eso, una abrumadora cantidad de expertos opina que la sostenibilidad medioambiental nunca ha sido una prioridad en la gestión de la ciudad. Las pocas iniciativas que se han dado son, en su mayoría, hechos aislados.

Entre las medidas más prácticas que aconsejan es que en cada ciudad se establezca un foro urbano multidisciplinario donde se discutan y analicen estas propuestas. Porque los resultados de un estudio de esta envergadura no debería quedarse en el cajón del burócrata. Debería tener impacto sobre la gestión de la ciudad. Y, de paso, beneficiarnos a todos.

Publicado en El Comercio: 26/9/12 
Foto: Lavozdevalpo.com

martes, 5 de marzo de 2013

ZONA DE DESPOJO

 
No pensaba escribir sobre esta experiencia pero no se quiso ir. Siguió empujando por ser expuesta, ventilada y exigiendo una voz. No fue un asalto ni una agresión. Se trató más bien de confrontar una estructura instalada en la mentalidad de un grupo social en la capital que termina haciendo daño. O más que eso. Termina quitándole futuro a la ciudad.

Sucedió hace unos días cuando fui a entrevistar a alguien que vive en uno de esos edificios muy caros de San Isidro. Acababa de anunciarme en portería cuando el guardián llamó al departamento y preguntó: “¿sube por el ascensor de servicio o el de visitas?”. Escuchar eso me sacó de cuadro de una manera brutal. Pude ignorar el incidente, como suele hacerse en Lima, pero decidí que podía contribuir aun debate que sigue vivo.

Obviamente, en la categoría mental que le habían transmitido al pobre hombre, gente como yo no tiene la misma legitimidad que los que viven ahí. Y el asunto es que no es un hecho aislado. Nos quejamos de lo poco amable que es la ciudad, pero cuál es el ejemplo que viene de los que se supone son los más privilegiados. Es un tema de ciudadanía compartida. Por eso quizá mi primera reacción fue mirar qué dicen en Internet sobre ese concepto, y lo que encontré coincidía con lo que había aprendido viviendo en el extranjero. Casi todo tenía que ver con reconocimiento, pertenencia, respeto.

No tuve que seguir leyendo para darme cuenta de lo poco de eso que existe en Lima. ¿Cómo podemos pedir una mejor ciudad si a cada paso le negamos la condición de ciudadano a los que viven aquí? ¿De verdad podemos construir una mejor ciudad cuando hay un grupo que se siente con el poder para excluir? Porque detrás de esas paredes estoy seguro que podemos encontrar muchas respuestas a los incidentes racistas que hemos vivido en los últimos meses. ¿Qué había pasado ese día?

Pasó que sin tener ningún control de la situación, por un instante fui despojado de mi condición de ciudadano. Alguien tenía el poder de decidir sobre mí. ¿Y todo por el color de mi piel? Que eso suceda en una Lima del siglo XXI parecía un ofensivo desfase histórico. Pero también es una tremenda falta de modernidad, porque Lima vive un momento de crecimiento económico y está buscando recuperar un espacio en el concierto de ciudades que la haga interesante, apetecible, competitiva.

Para conseguir esto, Lima necesita más que una rica comida. Necesita ciudadanos fortalecidos. Al negarle de manera cotidiana esta posibilidad a la gente, se la negamos a la ciudad misma. Yo me puedo defender y lo puedo denunciar aquí, pero que cada día una cantidad indescifrable de limeños atraviese experiencias que laceran su condición de ciudadanos es inaceptable. ¿Qué hacemos?

La autoridad de la ciudad puede hacer más para empoderar a sus ciudadanos. Las escuelas pueden hacer más para aterrizar a sus estudiantes. Las familias pueden hacer más. Todos podemos hacer más, y no es cuestión de tener otra ley. De repente es cuestión de soltar viejos estereotipos y aceptar a Lima por lo que es. Por lo que es hoy. Y dejarla brillar.

Publicado en El Comercio: 19/9/12 

jueves, 28 de febrero de 2013

ES UNA OPORTUNIDAD… ¿LA DEJAREMOS PASAR?


Si todo sale bien, Lima estaría a punto de dar dos pasos adelante. Y ayer se dio el primero. En una reunión sin precedentes se juntaron el ministro de Cultura, Luis Peirano, representando el Poder Ejecutivo; la congresista Luciana León, en su calidad de presidenta de la Comisión de Turismo del Congreso; y Pedro Pablo Alayza, subgerente de Cultura de la municipalidad.

También estuvo El Comercio, porque el punto de partida para este encuentro era la campaña Lima Milenaria, de este Diario. El objetivo de la reunión fue dar el primer paso para salvar Lima y sus huacas. Suena dramático pero es cierto. En un momento cuando el crecimiento urbano se pelea por el espacio con estos monumentos de la antigüedad, nos toca tener las reglas claras.

Por eso la necesidad de un gran plan que salve la historia de Lima para generaciones futuras; que proteja su originalidad para todos; y que le permita proyectarse como una urbe distinta, con un desarrollo urbano de más de 2.000 años de antigüedad. La promotora de este encuentro fue la congresista León, quien ya había lanzado su proyecto Salva una Huaca, hace unos meses, buscando incorporar a la empresa privada en la recuperación de patrimonio.

Desde entonces ha conseguido acuerdos con dos grandes empresas dispuestas a apoyar su visión. Pero quizá el más entusiasta fue el arqueólogo y experto en gestión cultural Elías Mujica, quien lleva más de 20 años trabajando como asesor en el proyecto de las huacas del Sol y de la Luna en Trujillo.

Para él, la presente situación es tan clara como el hecho que en más de 30 años de vida profesional nunca había visto a estos tres poderes trabajando juntos hacia un objetivo común. “Es una oportunidad que no podemos desperdiciar”, dijo con un marcado tono de urgencia. Y con una visión de 360 grados sobre el escenario trató de contagiar su entusiasmo a los asistentes, señalando que las condiciones están dadas hoy para generar, por primera vez, una política de Estado para la recuperación de patrimonio.

Y Lima podría servir como ejemplo. Y en este gran espacio la empresa privada es un pilar fundamental. Para eso, de lo que se trata es de darle una señal clara de que los principales poderes están trabajando juntos para posibilitar una visión compartida sobre la capital. Esa declaración deberá decir que los tres van a aunar esfuerzos para salvar el patrimonio, coordinando con alcaldes distritales, sociedad civil y sector académico. E invitando al sector privado como aliados.

Convencido del círculo virtuoso que se puede generar, el ministro Peirano anunció que está dispuesto a firmar esa alianza de las tres instituciones. Lo primero que se necesita conseguir es un plan paraguas y no planes separados de recuperación. Ese plan ya viene siendo trabajando por la municipalidad y entre todos se comprometieron a apoyar para concluirlo a la brevedad posible.

 Se prometió una conferencia de prensa en las próximas semanas para anunciar este gran plan por Lima. Es ciertamente un paso adelante. No podemos dejar de pasar esta oportunidad. ¿Cierto?

Nota: ahora que reproducimos esta columna, cinco meses después, la hemos dejado pasar.
 
Publicado en El Comercio: 12/9/12 
Foto:

martes, 12 de febrero de 2013

LA HORA DE TOMAR LAS RIENDAS


Tal parece que los limeños solo nos movemos cuando nos empujan. Pero nos movemos. Un buen aspecto de la tensión que vivimos entre ‘boom’ inmobiliario y protección, es que está llevando a que cada vez más limeños se quiten la vieja y pegajosa etiqueta de indiferentes para levantarse y decir algo. Pero ¿quién los escucha? Aquí se escucha poco y se hace menos. O se hacen de la vista gorda, mientras cada día cae algo de todo aquello que nos hace originales, diferentes, o simplemente limeños.

Eso, en cualquier ciudad, no favorece ciudadanía. Por el contrario, permite que el ciudadano se aleje de la autoridad y se genera una innecesaria antipatía por la empresa privada. Quizá por eso fue interesante la reunión a la que asistí estos días en el Colegio de Arquitectos-Lima.

Fue un encuentro multidisciplinario, con arqueólogos, sociólogos, abogados, gestores culturales y periodistas. Estuvimos de acuerdo en casi todo. Se habló de mejorar la actual legislación para proteger el patrimonio; la necesidad de impuestos especiales para la recuperación; la necesidad de fuentes de financiamiento imaginativas; el potenciamiento del concepto de “suelo creado” y varias ideas más.

La mayoría de los presentes, o todos, queremos una Lima que se modernice, que sea un lugar donde se levanten extraordinarios edificios. Pero, claro, en una ciudad que se respete y respete su legado, esto no puede suceder de cualquier manera. Saber manejar esta sencilla ecuación seguramente es un punto clave que separa a las ciudades.

Yo responsabilizo a los alcaldes por no cumplir la ley. La ley municipal claramente señala que su obligación es proteger el patrimonio. Y no hace falta más que avanzar por las avenidas Arequipa o Petit Thouars, que atraviesan cuatro distritos, para darse cuenta que esas autoridades dejan hacer a la empresa lo que le viene en gana.

¿Por qué tenemos que sufrir los ciudadanos esos destrozos a la arquitectura, a la memoria, a la integridad del lugar? Lo que generó mi escepticismo con esta reunión fue el darme cuenta de lo de siempre: que tenemos mentes brillantes, con buenas propuestas, pero que no atraviesan los muros del poder.

Necesitamos que los colegios profesionales, como el Colegio de Arquitectos, el de ingenieros y el mismo Comité Peruano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), que tiene categoría de consultor para Unesco, se fortalezcan. La ciudad necesita interlocutores con legitimidad, representatividad y presencia.

Deberían ser cuerpos con influencia política y social. Y para que se fortalezcan, la ciudad necesita saber que son los que van a alzar la voz de protesta cuando es necesario. Necesita ver que obtienen triunfos, que ejecutan acciones.

En esta época de redes sociales les toca articular el interés ciudadano desde ahí. Quizá cuando las autoridades municipales vean una ciudad mejor organizada, mejor articulada, y con varias voces que la defienden empiecen a tomar las riendas. Y a cumplir la ley.

Publicado en El Comercio: 5/9/12 
Foto: radio.rpp

viernes, 8 de febrero de 2013

TODO VA BIEN…MUY BIEN


Seguimos creciendo. Hicimos 6% el trimestre pasado. Hay más dinero, optimismo y buenas ideas. Hasta los límites de lo que podemos hacer se expande. Suele ser así. Y está bien. Así crecemos todos.

Y no me extraña que mi hija se haya contagiado. Me ha pedido que celebre su fiesta de 15 años en la Catedral. Y se lo voy a dar. Me dice que le gusta el lugar, que le parece medio gótico y yo no tengo idea, pero le daré gusto. Habrá que tapar las capillas para hacer unas proyecciones 3D de artistas que me ha pedido la nena.

Los arquitectos que he contratado me han dicho que hay que poner cuidado y que tomará un par de meses. Perfecto. Seguro que a nadie le importará tenerla cerrada. Igual, les voy a dejar la iglesia retocada y varios cuadros restaurados

Para la cena de negocios que estoy planeando van a llegar unos posibles inversionistas, así que los voy a impresionar. Voy a alquilar el Palacio de Gobierno. No creo que a Ollanta le moleste. En un restaurante he visto que tienen acróbatas, pero yo quiero algo más grande y que el mensaje sea: “El riesgo vale la pena”.

Así que voy a pedir que rompan el techo del salón Túpac Amaru (que encima me dicen que el lugar tiene unas esculturas de unas flacas muy buenas) para hacer uno más alto y transparente. Claro, un techo temporal. Sin arañas de cristal ni nada de eso. Pero que se vea como el infinito. Ya después se los arreglo. Lo dejo tal cual me lo entregan y hago una donación grande para su programa de chibolos.

Para qué negarlo. A mi negocio nunca le ha ido mejor. Esta sí que es tierra de oportunidades. Mi siguiente paso es traer los Lamborghinis. El LP 570-4 Gallardo, el Sesto elemento y mi favorito: el Aventador J. Ahora sí que hay gente para venderlos en cantidad y seguir creciendo. Lima va a ver lo nunca visto.

Me tomaré la Av. Arequipa, de la cuadra 1 a la 52. A todo lo largo pondré una enorme plataforma mecánica Sensig, de color azul eléctrico, y los voy a dejar boquiabiertos. Papaya sacar los árboles. No vaya a ser que se me quejen y digan que estoy matando vida. Así que se los llevan a otro parque y los devuelven después. Total, me han dicho que esto toma solo una semana. Que el tráfico vaya por otro lado.

Al final les voy a dejar la Arequipa mucho más bacán, con árboles nuevos y baños públicos en cada cuadra. No se pueden quejar. ¡Jaaa!... seguro después me hacen padrino de algún distrito o Ciudadano Ilustre. Me tocará soltar más plata y seguir adelante.

La verdad, hay que decirlo también, nada es perfecto. Quería comprar un parque pero ahí no me funcionó el asunto. Salieron unos envidiosos, que no faltan, y les hicieron caso. Está bien. En el fondo, yo sé que los alcaldes son mis patas. Ellos sí que saben de progreso y a veces tienen que ceder un poco.

Por eso nunca me había sentido tan bien en mi ciudad. Antes siempre miraba afuera. Caray, allá sí que pueden hacer cosas. Hasta que me fui de viaje y me di cuenta de que no era así. Que allá no sé cómo diablos hacen, porque con tantas reglas al final no haces nada de lo que quieres. Por eso me gusta Lima. Acá puedo hacer de todo. Lo otro que quiero hacer…

Publicado en El Comercio: 29/8/12 
Foto: diariodeungloton.com

martes, 5 de febrero de 2013

LA FLOJERA Y EL OLVIDO

Este domingo leí una nota muy inspiradora de la pluma de Josefina Barrón, cuando se refería a uno de nuestros grandes, y desconocidos, arquitectos: Enrique Seoane.

Ya antes, en el blog de Lima Milenaria, un entrevistado había comparado el talento de Seoane con el de Mies van der Rohe. Con la trágica diferencia que a uno lo conocían en todo el mundo y al otro, casi nadie. Ni los mismos limeños. Desconocemos muchas historias de nuestra ciudad. Por alguna razón, memoria es lo que nos falta.

¿Será porque somos tierra de migrantes? Migrantes son los que llegaron ayer, hace 10 años, o hace 40. Pero también lo son aquellos que llegaron hace 100, 200 o 300 años. Incluso entre los arqueólogos hoy existe mayor evidencia que indica que hace 2.000 años Lima ya tenía esta característica: ser zona de confluencia para gente de muchas partes. Esto, entonces, debería ser una fortaleza antes que una debilidad.

Pero esa nota dominguera me inspiró a leer más sobre este gran señor. Seoane nació en 1915, en un momento crucial para la ciudad: su primera gran expansión urbana y los preparativos para el centenario de la Independencia.

Fue el momento cuando el Centro Histórico se transforma y surgen nuevas avenidas, como La Colmena; plazas, como Dos de Mayo y San Martín; y edificios, como el hotel Bolívar. Hay una efervescencia creativa a la que también aportan arquitectos formados afuera, como Rafael Marquina, o extranjeros como el español Manuel Piqueras, el polaco Ricardo de Jaxa Malachowski, o el francés Claudio Sahut. Seoane, tal parece, era un hombre con una enorme libertad interior.

Se movió con fluidez y creatividad en estilos tan distintos como el neocolonial, inspirado en el barroco limeño (edificio Rizo Patrón, esquina de Tacna y Wilson); el neoperuano, inspirado en sus raíces prehispánicas (edificio La Fénix, plaza Elguera); y una escuela de líneas más universales, como el representado por el edificio Limatambo, en el cruce de la Vía Expresa con Javier Prado.

Hoy vivimos un proceso similar al de hace casi un siglo: estamos ad portas del bicentenario y Lima vive una gran etapa de modernización y crecimiento. Pero, ¿es un momento de gran efervescencia creativa? ¿Dónde se están levantando los edificios que amarán las próximas generaciones? ¿Cuál es el diseño que se quiere para la ciudad del futuro? Siento que en el camino algo hemos perdido.

Yo no veo ni desafíos que conquistar ni ganas de construir con un sentido de futuro, de belleza o de calidad de vida. La única efervescencia que se ve en estos días es la del dinero. Pero también se ve un aumento de grupos de limeños indignados por la falta de protección a su ciudad, a su memoria. Eso ya nos debería decir algo.

¿Qué dicen sobre esto los arquitectos, los ingenieros, las autoridades? Un aspecto tiene que ver con la Ley 28296 sobre patrimonio cultural, que habla de manera indirecta sobre delitos contra el patrimonio. De repente toca definir mejor este concepto y activarlo. O pensar en medidas que nos devuelvan el entusiasmo y la memoria.

Publicado en El Comercio: 22/8/12
Fotos: divagarquitectura.blogspot.com y vitruvius.com

viernes, 1 de febrero de 2013

"TRILOGÍA DE CAUSAS"


Causa multicolor. Las olimpiadas de Londres 2012 deben haber sido el ejercicio en seducción masiva más grande de la historia. La puesta en escena no buscó impresionar por superioridad económica, industrial o numérica. Buscó seducir. Y de qué manera.

El soft-power, que le llaman en política, o la manera más efectiva de poner a todos de tu lado. ¿Cuáles fueron sus recursos? Con lo último de la tecnología a su alcance echaron mano de lo mejor que tienen: su cultura y su identidad. Y necesitas estar muy seguro de lo que eres para decidir lanzarte al mundo de esa manera.

Esto les permitió, por ejemplo, no tomar prestado de nadie y ser tremendamente originales sin crear nada nuevo. Lo que quiero subrayar hoy es algo en lo que los británicos han puesto un esfuerzo enorme en los últimos años: la inclusión. Si les pregunto cómo es el rostro de un británico hoy día, ¿qué responderían?

En la inauguración y en la clausura el mensaje fue el mismo: diversidad. Un conglomerado de razas que hoy es el Reino Unido y que acaba de darle al mundo una lección de lo que es una civilización en el siglo XXI.

Tremendo cambio para una nación que hace solo 30 años todavía tenía programas racistas en la televisión y donde su representación seguía las líneas de clase y raza: los blancos-ricos y los pobres negros.

Haber podido trascender las limitaciones de una época les ha costado años de esfuerzo. ¿Que desapareció este mal? No, para nada. Pero se trata de dar señales claras desde arriba, incluidos los medios de comunicación, que le dicen a la gente: aquí todos cuentan, porque entre todos estamos construyendo país. Y acabamos de ver los resultados.  

Causa familiar. Y algo parecido, a un nivel más personal, le tocó vivir a la familia Jefferson en Estados Unidos. Los descendientes de uno de los padres fundadores de la patria son un grupo muy orgulloso de su linaje. Y este orgullo lo pusieron a prueba cuando salió el primer Jefferson negro.

Con la ayuda de las pruebas de ADN hace unos años se logró comprobar lo que durante dos siglos había sido un secreto a voces: que el ilustre personaje había tenido hijos con su esclava favorita, Sally Hemings.

Después de mucho debate interno la familia superó sus resistencias y decidió invitar a los Jeffersons negros a sus citas anuales en Monticello. Todo un salto, pero era cuestión de estar a tono con su país, que había sido abanderado en la lucha por los derechos civiles. Y una cuestión de prestigio familiar.

Así los Jefferson entraron a la modernidad.

 Causa absurda. Y con todo eso en mente, con países y personas que se sacuden las escamas del pasado, me entero del debate que estos días sacude al Colegio Médico del Perú: si Daniel Alcides Carrión, el padre de la medicina peruana, había sido cholo o blanco. Y que buscaban cambiar el retrato oficial por uno que lo muestra menos mestizo...

 La verdad que no creo que sea necesario explayarse sobre este punto. Salvo decir que esos deben ser los últimos reflejos de un Perú que, por suerte, está de salida. Un Perú del pasado que hizo daño, que atrasó al país, y que debe quedar en el pasado. Solo que hoy me pareció útil incluirlo en este menú de causas.

Publicado en El Comercio: 15/8/12

miércoles, 23 de enero de 2013

478-2200-4000


¿Buscas a Lima? Este es su número de teléfono.  Una combinación imperfecta de dígitos que sueltos no dicen nada, pero que explicados se pueden convertir en una clave secreta para entrar en otra dimensión. La dimensión de la ciudad real.

Hace poco hemos recordado 478 años de la fundación española de la Ciudad de los Reyes.  Por flojera, cada año repetimos que es el aniversario de Lima, pero es mentira. Lima, con ese nombre, nunca fue fundada. Quizás también por flojera los primeros habitantes prefirieron el indígena Límac, hasta que pegó y se quedó. Pero no era eso a lo que iba.

Lo que quería decir es que, para mí, una de las cosas más satisfactorias de las celebraciones este año ha sido constatar que cada vez más hacemos hincapié en que se trata de su fundación española. No una fundación a secas.

Y no es un detalle tonto. Es una precisión cargada de simbolismo y poder.  Es una manera de empezar a entender un proceso mucho más amplio y rico que hizo posible la ciudad del 18 de enero.  No es más el cuento de que aquí todo empezó en 1535.

La segunda parte de este  número-clave nos habla de otro evento especial.  Los cálculos hechos por arqueólogos y arquitectos que han investigado el tema indican que el primer trazo urbano, la primera Lima, la ciudad primigenia, nació hace unos 2.200 años. Un momento a partir del cual este territorio nunca más dejó de crecer.

Cómo habrá sido ese momento. ¿Habrá habido una fundación? Nunca lo sabremos.  De lo que sí tenemos certeza hoy es que ese trazo urbano dio origen a la ciudad de Maranga, sitio principal de las culturas que se desarrollaron desde entonces y que, por increíble suerte, se salvó de la destrucción cuando se creó el Parque de las Leyendas en los años 60.

Y los 4.000 nos lleva a otro momento.  El de la arquitectura monumental más antigua de la capital: Paraíso, en San Martín de Porres.  Es posiblemente el único lugar, o uno de los pocos que quedan en la capital, que no ha sido invadido, por lo que una visita aquí parece un viaje a un lugar lejano. Y en cierto modo lo es.  Sobre estos terrenos se desarrolló una cultura aún anterior.  Es lo que llaman la gente que construyó los Templos en U.

De estas magníficas construcciones y del pueblo que las levantó sabemos poco. Sí sabemos que no representan un trazo urbano y que, por lo tanto, no se le puede llamar ciudad. Por increíble que parezca, ninguna de esas estructuras que todavía quedan en pie ha sido recuperada. 

Todo este proceso de convocar a esa ciudad del pasado es como un viaje de descubrimiento. Parafraseando al mexicano Edmundo O'Gorman, quien habló de América como el continente inventado, nosotros estamos trayendo abajo a la ciudad inventada.  Porque hasta hace poco Lima era eso, una acumulación de medias verdades y muchas fantasías. Tantas, que aprendimos a no ver.

Por eso estos números nos permiten llamar a la Lima de verdad. Nos  permiten entrar en contacto con esa ciudad más completa, más auténtica, más rica, que no solo le da sentido a la ciudad de hoy. La hace tremendamente más original.

Y los dibujitos de esta página.  Pues nada... es algo más que me seduce de todo ese conocimiento y arte ancestral que poco a poco vamos encontrando.  Estos personajes, cargados de vitalidad, frescura, y de un inquietante humor que parece cercano, fueron burilados en un mate hace unos mil años aquí, en Maranga.

Verlos me pone contento. Me hace pensar que cuando alguien conteste al teléfono dejará que del otro lado venga la magia, la energía, la sabiduría. Esto solo nos puede hacer mejores, ¿cierto?



sábado, 5 de enero de 2013

EL PARAÍSO DETRÁS DE LA NEBLINA

Estos días de repentino invierno me han hecho pensar en Magaly. A ella la conocí hace un par de años cuando hacía un documental sobre el agua. Carismática, inteligente, llena de energía, no tenía más de 35 años y vivía en el asentamiento humano Paraíso, en Villa María del Triunfo.

Ella era líder de su sector y estaba a cargo de un proyecto para instalar atrapanieblas en su cerro. Llegar hasta allá significaba un esfuerzo de muchos tipos. El asentamiento donde vivía estaba varios cerros adentro, a lo largo de una quebrada. Con la densa neblina que vive en el lugar, es difícil ver que los cerros están llenos de frágiles viviendas. A ratos las ves y a ratos desaparecen.

Es un lugar donde todo se resbala: gente, autos, piedras. Además de ser una de las más pobres, esta zona debe ser una de las más húmedas de Lima, y el Paraíso parecía ser la terminal de la neblina limeña. Cuando esta ya se ha cansado de jugar por toda la ciudad, viene a quedarse aquí, porfiada, penetrante, fría, con esa blanquecina presencia que lo marca todo y que no deja secar nada.

Cuando el primer día por fin conseguimos llegar a su casa, en un terreno de unos 60 metros cuadrados sobre la ladera del cerro, me llamó la atención un póster en la sala de algún lugar de la sierra lleno de árboles. “Así quiero ver a mi cerro”, dijo cuando me notó observando la imagen.

El agua del atrapanieblas instalado en lo alto debía servir solo para eso: para sembrar árboles que hagan verde el desierto y vegetales para comer. Su visión de ciudad era muy diferente a la realidad en la que vivía, pero estaba dispuesta a transformarla.

Por eso, su defensa ardiente del lugar cuando un día, incómodo por el dolor que el sitio producía de solo verlo, le pregunto si no le gustaría vivir en otro lado. “¡Para nada!”, me dijo sorprendida con la pregunta.

Era como si la hubiera decepcionado que yo no viera su paraíso. “Aquí estoy feliz, porque esto es mío”, me aclaró. Y su sentido de pertenencia era ese. En una ciudad ajena, qué más podía reclamar. Sobre qué otro punto de este inmenso desierto ella podía ser Eva. Magaly no era de quejarse.

Le faltaba de todo, pero su última esperanza estaba puesta en el futuro de sus hijos, de 7 y 4 años de edad. Ellos tendrían que salir de ahí un día y ser gente de bien. Por eso, aunque en su casa no tenían agua, en el baño había instalado un lavatorio, ducha y retrete. Era para sus hijos.

No funcionaban pero cumplían un papel importante. “Yo sé que afuera discriminan mucho”, fue la primera vez que hablaba del mundo más allá de sus fronteras inmediatas. “Por eso instalé este baño, para que mis hijos aprendan a usarlo y para que afuera no los traten mal”.

Después de un tiempo me enteré de que la neblina la había expulsado del lugar. Esa humedad que tortura terminó por someter sus pulmones y había dejado su cerro para irse a una parte más seca de la ciudad.

No sé si el cerro hoy está más verde, pero cuando volvimos a hablar, no hace mucho, ella seguía riendo, trabajando, buscando alguna mejora en su nuevo hábitat. Y no me quedó la menor duda. Para ella, la ciudad es un invento cotidiano, una ciudad hecha a mano.

Publicado en El Comercio: 8/8/12 
Foto: comando-ecologico.blogspot.com

miércoles, 2 de enero de 2013

LA LECCIÓN INCONCLUSA

Estos días observé dos escenarios que me parecieron cercanos a la locura o al olvido. Sus protagonistas: el presidente y los gestores culturales. En el primer escenario, el mandatario no hace ninguna mención a temas de patrimonio y cultura en su mensaje a la nación. Pero ¿debía hacerlo?

Quizá sea normal que no lo haga. Total, hay cosas más importantes que resolver. Puede ser. Pero no perdamos de vista lo esencial: en el mundo solo hay seis países donde surgió la civilización. El Perú es uno de ellos. De los seis, el único que se considera que no tomó prestado de nadie, y que tuvo un desarrollo independiente, fue el nuestro.

A mí, eso me habla de una acumulación de conocimiento de valores, de maneras de enfrentar los retos de la existencia que, en teoría, nos deberían haber convertido en una nación original, única, admirable.

Además, la arqueóloga Ruth Shady me recordó que tenemos 84 de las 104 zonas ecológicas del mundo, y 28 de los 34 climas que existen. Nuestros ancestros buscaron hacerlas todas productivas. Por si fuera poco, a esta experiencia y conocimiento (que quedaron grabados en ese patrimonio que tenemos abandonado) se añadió el aporte europeo y el de otras naciones…

En el segundo escenario, los gestores culturales aparecen con pantalones cortos. Ellos son quienes deberían estar entre los abanderados en la campaña por la recuperación de patrimonio. Pero hace unos días, al leer su comunicado sobre el próximo encuentro nacional de cultura, vi de todo menos de patrimonio.

Ellos, al igual que mucha gente, ven cultura solo en términos de cultura viva: las artes. Y si el grupo profesional que debería estar al frente no tiene mucha idea de cómo incorporar el tema en sus discusiones, qué podemos esperar de las autoridades, que saben menos. El tema tiene consecuencias muy específicas.

No se trata de nostalgia. Se trata de cómo gestionamos esa riqueza dentro de programas contra la pobreza. Lo que veo es que mientras aquí no pasaba nada con la economía, era fácil vivir con la postal de los incas.

Pero cuando el desarrollo implica que hay que certificar la existencia o no de restos arqueológicos, que hay que atravesar complejos ancestrales, que hay huacas que hay que tirar abajo porque son un obstáculo...

Cuando este desarrollo crece, se hace fuerte y nos interpela y no sabemos responder, ahí quedamos en evidencia. El trabajo que nunca se hizo en educar, en sensibilizar, en proteger, ahora nos pasa la factura. Esa ambivalencia histórica ante quiénes somos y de dónde venimos ha quedado al desnudo frente a las presiones del desarrollo económico. Vaya vuelta de tuercas. El asunto es, ¿y ahora?

Podemos dejar que el tiempo y la empresa privada decidan por nosotros. Podemos decir que el pasado dejó de existir y que tenemos problemas más serios que resolver. Pero ese día habremos olvidado la lección y, como decía Basadre, nos habremos vuelto locos.

Publicado en El Comercio: 1/8/12 
Foto:Yanina Patricio blog

sábado, 22 de diciembre de 2012

¡Eureka! (¿eureka?)


El alcalde de Miraflores, Jorge Muñoz, acaba de pasar una ordenanza que busca proteger las históricas casonas del distrito. ¿Será verdad que por fin una autoridad edilicia vio la luz? ¿Será verdad que Lima todavía puede ser salvada? Cuando lo leí me emocioné. Hasta que vi la letra pequeña.

Antes veamos en qué consiste. La idea es sencilla y ha sido usada con éxito en otras ciudades del mundo: si usted tiene una casona en el distrito podría estar en condiciones de recibir un bono económico.

Si en su zona, por ejemplo, se pueden construir hasta siete pisos, entonces la municipalidad le dará un bono por cinco o seis pisos que usted podrá vender a una inmobiliaria que lo necesite en otra parte del distrito.

Al vender ese bono, usted como propietario queda obligado a usar parte de ese dinero en la recuperación del inmueble histórico. Además, firma un documento en el que renuncia a todo derecho para que en el futuro se construya ahí un edificio. Hasta ahí, todo bien. Pero, esto siendo Lima, hay dos aspectos que debilitan lo que debería ser una hermosa propuesta.

Uno de ellos, es que es voluntario. Si se trata efectivamente de proteger patrimonio, ¿por qué tiene que dejarse a voluntad del vecino? ¿Dónde queda la autoridad y su compromiso con salvar el patrimonio? Al hacerlo voluntario, la conservación también se vuelve opcional.

El otro requisito es que el inmueble haya sido declarado monumento por el Ministerio de Cultura, una tarea que esa institución o hace muy lentamente o ha olvidado. De hecho, la mayor parte de las estructuras que muchos consideramos históricas, y que ya han desaparecido, nunca fueron declaradas como tales.

Es cierto también que el Estado debería hacer más para proteger y estimular a propietarios de bienes históricos. Que la ley les exija que mantengan su predio en buenas condiciones sin darles ningún beneficio es mordernos la cola, porque ni el dueño hace nada ni la autoridad hace cumplir la ley.

Todavía quedan varias preguntas por resolver, como quién determina el costo de renovación de esa propiedad y qué porcentaje del dinero recibido con ese bono debe dedicarse a la renovación. O, ¿qué pasará con las propiedades cuyo costo de renovación sea mayor del bono recibido?

Para esto habrá que esperar 60 días, hasta que se reglamente la ordenanza. En todo caso, hecha la salvedad, tampoco hay que permitir que las debilidades de esta novedosa propuesta terminen siendo lo más importante. La ordenanza es, en principio, una buena medida.

De hecho, otros lugares de la capital con un rico patrimonio, como Santa Beatriz, Breña, Lince, Jesús María, deberían estar pensando en implementar algo así, que bien podría incidir en el desarrollo de un turismo local.

Miraflores todavía tiene tiempo para mejorar su propuesta y convertirse en un referente para el resto de la ciudad. Lo que tiene cada día menos son casonas que salvar. Y esperemos que cuando los alcaldes de los otros distritos también vean la luz, no sea muy tarde.

Publicado en El Comercio: 25/7/12 
Foto:Peru.com

martes, 18 de diciembre de 2012

LA CIUDAD POSIBLE


Me parece interesante cómo la pareja presidencial maneja los símbolos de la diversidad cultural. No es infrecuente verlos con alguna vestimenta u objetos que los identifica con una región o grupo étnico. Y lo que en otros podría aparecer como un gesto vacío, en ellos parece adquirir un aire de reivindicación. 

Lo digo porque veo que estos gestos vienen acompañados por acciones. Ahí tenemos Beca 18 que me parece un avance en temas de inclusión social. O Pensión 65. Lo más reciente fue elegir a Gladys Tejeda como nuestra abanderada en Londres. ¿Soy víctima del márketing político?

Puede ser, pero pasa que en un país como el nuestro, tan acostumbrado a invisibilizar y a encasillar rostros como los de Gladys Tejeda, gestos como el del presidente Humala legitiman nuestra diversidad. Dan el mensaje correcto en la dirección correcta, porque a otro nivel pareciera que el Perú no hubiese cambiado en 100 años.

Hace poco estuve con unos periodistas de Estados Unidos que se quedaron perplejos con las páginas sociales de los diarios y revistas limeños. “¡Es del siglo XIX!”, exclamaron. “Es como si en el ‘New York Times’ solo aparecieran judíos”, dijo bromeando uno de ellos. Y puede ser una banalidad, pero son espacios como estos, en la prensa o en la misma TV, donde se ejerce una sutil segregación que termina por deslegitimar a todo un sector pujante de la población.

Pero esta reflexión no tiene nada que ver con justicia. Tiene que ver con la manera cómo potenciamos la creatividad y la capacidad de trabajo de nuestra propia gente, porque una ciudad como Lima necesita hoy de todos sus ciudadanos.

Además, ciudadanos que sean tratados como tales. Solo cuando se empieza a producir ese nivel de reconocimiento podemos conseguir acuerdos comunes sobre lo que es vivir en una ciudad como Lima. Acuerdos sobre calidad de vida, convivencia ciudadana, protección de patrimonio.

Ya lo mencioné antes pero esa aceptación de nuestra diversidad debería tener consecuencias claras sobre las políticas culturales y de patrimonio. En la práctica no se cumple lo que hay porque no terminamos de estar seguros del valor de lo que tenemos.

Pucllana es un buen ejemplo de lo que se puede hacer. Pero es el único de ese tipo en Lima, donde hay más de 350 sitios arqueológicos. De todos, menos del 5% tiene algún nivel de protección y la mayoría se encuentra amenazada por el crecimiento inmobiliario. Pero no solo es lo precolombino.

Que un lugar como Punchauca esté abandonado siendo el espacio más simbólico de la independencia, es fruto de esa ambivalencia que hay respecto a la república. Ambivalencia que ha dejado también al abandono importante legado colonial y republicano.

Y es curioso cómo estas tensiones que vivimos a diario, y que seguimos sin resolver, terminan reflejándose en la manera como tratamos nuestro patrimonio. Por eso son importantes los gestos como los de Gladys, porque legitiman, porque empoderan, porque nos hacen más iguales. Y en ese camino, ganamos todos.

Publicado en El Comercio: 18/7/12 
Foto: El Comercio

martes, 11 de diciembre de 2012

CONGA EN LIMA


Este fin de semana El Comercio publicó dos investigaciones sobre Lima que encendieron el debate en las redes sociales. Una fue sobre Puruchuco y la inminente construcción de dos túneles que, según los expertos consultados, beneficiará a un grupo económico y no al sitio arqueológico ni a la ciudad. La otra fue sobre los acantilados de Lima, en la que se anuncia que se va a permitir la construcción de edificios (aunque la alcaldesa Susana Villarán desmintió “por ahora” esta posibilidad).

En todo caso, la nota de mi colega Carmen Gallegos fue una de las más leídas en nuestra página de Facebook (Recuperemos la memoria de Lima milenaria), y fue reproducida más de 50 veces, un claro indicador de cómo interesa el tema, y de la importancia del debate que debería darse en una ciudad de las dimensiones de la capital. ¿Pero dónde más se está produciendo ese debate?

Estamos tan acostumbrados a una cultura de hechos consumados, que olvidamos que tenemos derecho a que nos escuchen, y a influir en las decisiones que nos afectan a todos. Las condiciones que atraviesa la capital, con un ‘boom’ inmobiliario avasallador que no respeta reglas, y autoridades que no las hacen respetar, exigen que empecemos a abrir el debate. Nos quieren hacer creer que proteger el legado de esta ciudad es estar contra el desarrollo. Y no lo es.

Si no, solo hace falta mirar otras ciudades de América Latina, como Quito, Ciudad de México, o el mismo Santiago, donde se ha aprendido a armonizar crecimiento con recuperación urbana. Más allá de las autoridades municipales, quizás nos toca a nosotros, gente de prensa, asumir este papel. Como ciudad, necesitamos acuerdos comunes sobre lo que es calidad de vida, desarrollo urbano y protección de patrimonio que no se están tomando en cuenta.

Estamos tan acostumbrados al conflicto que, naturalmente, el periodismo que hacemos es un periodismo de conflicto. En tratar de entender las disputas sociales, medioambientales y políticas se ha concentrado el interés, la especialización, el conocimiento. ¿Y Lima? El Comercio, fiel a una larga tradición de protección de patrimonio, lidera esta campaña. Pero necesitamos llegar a los nueve millones de limeños.

Es importante que todos sepamos qué tenemos, qué valor tiene, y qué significa crecer. De repente es hora de que la televisión asuma una responsabilidad, y no se limite a ver la capital con nostalgia o como escenario de crónicas policiales. ¿Por qué no tener programas en los que se debata este desarrollo urbano que tanto le preocupa a la gente que vive aquí?

La realidad es que cada día que pasa desaparece un poco más el perfil de lo que podría ser una de las ciudades más originales y más ricas en legado arquitectónico del planeta. Con eso, va desapareciendo nuestro pasado. Y nos vamos convirtiendo en una ciudad con edificios nuevos que en 10 años no tendrán valor arquitectónico alguno. Con lo que también nos vamos quedando sin futuro.

Esto es Conga, en Lima. ¿Quién o qué sale ganando con esto? Si somos nosotros, que alguien me explique cómo.

Publicado en El Comercio: 11/7/12 
Foto: Noticiasenperu.com

martes, 4 de diciembre de 2012

GLADYS TEJEDA, UNA MARCA PERÚ


Hace unos días leí que Kina Malpartida, Gabriel Villarán y un popular chef llevarán la antorcha olímpica en Londres, y la verdad es que me pareció que era un grupo demasiado homogéneo para representar a un país tan diverso. Y ahí quedó todo hasta que conocí a Gladys Tejeda. O hasta que vi el video de Procter and Gamble sobre nuestra maratonista.

En esos tres minutos, que usted también los puede ver en You Tube, entendí varias cosas. La primera y más obvia: en qué consiste el espíritu olímpico. Además, es imposible no ver que la perseverancia de gente como Gladys es la misma fuerza que está cambiando la historia de este país. Una historia que tiene todo el poder para inspirar y para transformar.

 Al conocer de su vida, y la de su madre, en plena sierra de Junín, alejadas de todo contacto con la modernidad, pude entender por qué aquí, hace 5.000 años, nos convertimos en cuna de civilización. Al ver ese espíritu que no se doblega ante la naturaleza, entendí por qué aquí, hace 600 años, surgió el imperio más grande que vio este continente. Y al sentir su humildad y sabiduría, entendí por qué, a pesar de 400 años de invisibilidad y exclusión, su cultura hoy renace y prospera.

Gladys nos estará representando sobre las pistas en Londres pero su historia no la conocerá el mundo. Los atletas no llevan la antorcha. La llama inició su recorrido por el Reino Unido el 18 de mayo, de manos de 8.000 personas. La única recomendación que hacen los organizadores es que los portadores representen historias capaces de inspirar. ¿A quiénes envían los otros países?

Varios han aprovechado la oportunidad para proyectar una imagen determinada. En Estados Unidos, la auspiciadora Coca Cola lleva una lista de lo que llama “22 estadounidenses ejemplares”. Brasil decidió llevar gente que, según ellos, represente al nuevo Brasil. Los cuatro brasileños tienen dos cosas en común: todos nacieron en la pobreza extrema y hoy son ciudadanos que están transformando sus comunidades.

Y después de enterarme de todo esto pensé: aquí también hay muchas de esas historias. ¿Por qué no se escogió una de esas para inspirar al mundo, como lo harán Kina, Gabriel y el chef? No creo que a estas alturas todavía exista esa vieja actitud que se horrorizaba de que, en determinados ámbitos, un rostro serrano represente al país. Eso lo hemos superado, ¿cierto? En todo caso, el esfuerzo por mostrar la diversidad debería estar siempre ahí.

¿Y qué tiene que ver esto con patrimonio y ciudadanía? Es que es lo mismo. Al final, nosotros somos el patrimonio más importante que tiene un país. Y si no tenemos claro cuál es nuestro rostro, mucho menos vamos a tener la voluntad para proteger el legado que nos representa.

Lo bueno es que después de conocer a Gladys Tejeda me quedo tranquilo. Por fin entiendo lo que es la marca Perú. Ella, y otros como ella, representan el espíritu de este nuevo país, del que muchos nos sentimos orgullosos. Pero también me queda claro que, en temas de recuperación, todavía nos queda bastante por hacer.

Publicado en El Comercio: 4/7/12 
Foto: sanfernando80peru.blogspot.com

sábado, 1 de diciembre de 2012

LO QUE PUEDE OFRECER UNA BONANZA


A principios de los años 2000, los países ricos experimentaban una nueva ola de crecimiento económico y, con esta ola, vino un ‘boom’ inmobiliario sin precedentes. A pesar de ser dos ciudades muy dispares, Londres y South Beach en Miami fueron dos lugares que recibieron ese impacto.

En ambos casos, las autoridades tuvieron que saber hacer frente a poderosos intereses económicos, tanto nacionales como globales. Londres intentaba en ese momento posicionarse como el centro financiero de Europa y Miami quería reclamar un lugar más serio en el concierto de ciudades en Estados Unidos.

 En Londres, sucedieron tres cosas: se reforzaron las medidas de conservación; se identificaron nuevas áreas para renovación urbana; y donde hubo que tirar algo abajo, el compromiso siempre parecía ser que lo nuevo tenía que ser mucho mejor que lo anterior.

Sobre el primer punto: muchas casas habían estado en mal estado y el interés inmobiliario llevó a definir mejor las reglas: qué se podía hacer con esas casonas. De manera general, se trató de mantener la armonía de las fachadas, relajando sobremanera lo que se podía hacer adentro. Ante la presión para crecer, y ante la imposibilidad de traerse abajo las casas y edificios, se identificó el este de Londres como la zona para modernizar.

A principios de los años 2000, todo el sector ribereño al este de Canary Wharf empezó a crecer a ritmo hipercardíaco. Y ni qué decir de todo el proceso de revitalización urbana junto a esta zona, que es hoy la Villa Olímpica, a punto de ser inaugurada.

South Beach, que hasta esos años había vivido una atmósfera de diversión y laissez-faire, sintió el golpe cambiando el aletargamiento playero por la defensa urbana. Para ellos, había que proteger el estilo art-déco de su playa, que aún siendo una versión más humilde que el art-déco de Nueva York, no estaban dispuestos a deshacerse de ello. Era su tesoro y decidieron protegerlo.

Este ‘boom’ también llevó a reforzar reglas sobre protección y conservación, y se terminaron de definir los límites de lo que se podía y no se podía, hacer. En ambas ciudades, el proceso se vivió casi sin mayores traumas y ganó la ciudad. ¿Por qué es distinto de Lima?

Pensaba en esto después de la nota que publicamos el domingo, en la que limeños de varias partes de la ciudad, de Miraflores o San Isidro, de San Juan de Lurigancho o Los Olivos, compartían el mismo malestar por el modelo de crecimiento urbano que estamos siguiendo: sin orden ni normas. Y peor aun: sin protección ni conservación.

La gran ironía es que Lima es una de las ciudades más ricas del continente en cuanto a arquitectura, pero no asume responsabilidad frente a eso. Lo que es más, su silencio le ha dejado cancha abierta a la especulación y el lucro.

Me pregunto qué autoridad, qué alcalde, o qué grupo asumirá su defensa. Si hablamos de bonanza, que también sea una bonanza para la ciudad, para sus casonas, sus parques, sus fuentes, sus espacios públicos. Que sea una bonanza que dé y en la que ganemos todos.

Publicado en El Comercio: 27/6/12 
Foto: exploringthroughlife.com