Cuando empecé a explicar lo que quería con este proyecto, me di cuenta que casi siempre salían dos versiones.
Una era la mágico-quijotesca-simbólica, para ser simple. La otra, más sensata y realista. Pero ambas completamente complementarias.
Sucede que la primera surgía al calor de reuniones con amigos, cuando se habla con excitación y pasión de algo que a uno lo moviliza. En esos casos no me quedaba otra que plantearlo de una: era necesario refundar Lima.
Esta versión tiene su lógica: se trata de buscar ese momento simbólico en el pasado, ese año 0 que mencioné en la entrada anterior, para clavar nuestra bandera de la refundación y darle una nueva narrativa a esta ciudad.
¿Anti-español? ¡No!
Como lo dije la primera vez, este blog no está en contra de la fundación española de Lima. No tendría sentido. Eso es parte de nuestra historia. Pero es eso: una parte en un proceso mucho más largo y fascinante.
Y si han llegado hasta aquí,
Todo había ido bien hasta que empezó a engordar y a envejecer.
Esa otra Lima
Lima entonces se volvió chola, cada día más gorda, quizás más atractiva, muy intensa, pero una señora a la que la faja se le había reventado. Solución: encontrar una, urgente. Y su nueva faja tenía que ser marca Prehispana. No quedaba otra.
Es verdad que a ningún arqueólogo ni arquitecto serio se le ocurriría tamaña proposición. Pero a los que no lo somos, sí. ¿Por qué?
Porque en realidad podemos. Porque la identidad tiene mucho de subjetivo. Porque todas las grandes ciudades construyen su propia mitología a partir de algo.
Un proyecto urbano
¿Y Lima? Aquí, lo que nos sobra es evidencia. Vivimos con ella, está alrededor de nosotros. Más de 2.000 años de continuo desarrollo urbano. Solo es cuestión de recuperar identidad histórica.
No es coincidencia que en una encuesta de Ipsos Apoyo Opinión y Mercado en enero 2009, un dato tremendamente relevante señalaba que el 83% de los provincianos que viven en Lima (casi la mitad de sus habitantes) no se sienten limeños.
Y esto para cualquier ciudad que se considere moderna,
Y hay que reconocerlo. Lima, por ahora, ha fracasado a la hora de incorporar a sus nuevos habitantes en un proyecto común. No ha conseguido nutrirse de la tremenda energía de esos millones de personas.
Construyendo identidad
Según el arquitecto Miguel Guzmán, Lima “debería construir su identidad cultural (…) apostando por desarrollos contemporáneos desde esa identidad múltiple que trasciende la pureza racional de lo moderno y aspira a consolidar un proceso de sólidas
Para terminar, sí, me faltó hablar de la otra versión, la sensata y práctica: la de posicionar a Lima como una ciudad milenaria y qué pasa con el futuro... Dejemos la
Y también queda para después el identificar esos espacios de Lima con más de 2.000 años de antigüedad. Gracias por acompañarnos.
“En Lima se está produciendo un gran mestizaje. Es una gran revolución social” (Rodolfo Arellano, Arellano Marketing)