miércoles, 25 de septiembre de 2013

"CASTILLA NO LA VE"

Luis Miguel Castilla, ministro de Economía. Foto: Perú.com

Y que un ministro de Economía no entienda que, además de la minería, la mayor riqueza de este país es su cultura, no solo es serio. Es perjudicial.

Organismos financieros internacionales como el mismo Banco Mundial ya hace años que lo vienen diciendo: la cultura es un capital que hay que considerar. No puede estar ajena a los planes de desarrollo. ¿Qué nos pasa que solo vendemos un país de postal?

Con más de 5.000 años de civilización, el patrimonio cultural que heredamos es uno de los más ricos del planeta. Ese enorme capital económico yace ahí, vulnerable, abandonado, bajo presión de otros tipos, sin ser considerado como otra posible fuente de riqueza.

Pero también soy de los que piensa que el Estado no lo puede pagar por todo. La experiencia de otros países, con mucha menos riqueza patrimonial y cultural que la nuestra, nos dice que existen fórmulas para mejorar esta situación.

El día que nos tomemos en serio podremos empezar a trabajar. Mientras tanto, veamos qué están haciendo países vecinos.

COLOMBIA:
Uno de los países con mayor capacidad de trabajo en favor de la cultura es Colombia. Si bien el porcentaje oficial que invierte en el sector es bajo (0,10% del presupuesto nacional), y si bien tampoco tiene una ley de mecenazgo, ellos han logrado articular mecanismos para incorporar distintas fuentes de financiamiento.

Por ejemplo, la ley 1450 del Plan Nacional de Desarrollo (2010), por la cual los municipios aportan el 6% de sus recursos para cultura. Los espectáculos son deducibles en un 100% si hay inversión en infraestructura. El 10% del monto de los boletos de espectáculo, se destina a un fondo para infraestructura.

Además, la telefonía móvil tiene un impuesto de 20%, de esto 4% va para deporte y cultura. Y no contentos con todo eso, también tienen la Estampilla pro-cultura, que en ocho años ha recaudado US$40 millones. No está demás decir que Colombia cuenta con una larga tradición de aportes del capital privado a este sector.

ECUADOR:
Este es un país que se tomó en serio hace un tiempo. Ya llevan más de 25 años desde que decidieron recuperar el centro histórico de Quito, y hoy la Unesco lo considera una experiencia de lujo.

Aquí se decidió destinar el 6% del impuesto a la renta a tareas de recuperación. Se creó el Fonsal (Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural), y una sola autoridad para manejar los fondos y el proceso. Se impuso una tasa del 3% al espectáculo público; multas a transgresiones; un efectivo sistema de donaciones; además de créditos y préstamos.

CHILE:
Con Chile hay una situación irónica si lo comparamos con Perú. Su porcentaje de gasto en cultura es igual que el nuestro: el 0,27% del presupuesto nacional. Pero con una gran diferencia. Por ejemplo, en Santiago no existen sitios arqueológicos, y Lima tiene más de 350.

En Santiago tienen unos 100 sitios históricos (casonas, iglesias y otras estructuras monumentales), y Lima tiene más de 1.300...

 CASO PERUANO:
¿Qué pasa con nosotros? Mientras PromPerú, la empresa encargada de difundir la cultura del país tiene fondos propios, esa misma cultura no los tiene. Existe una Ley de mecenazgo que está sin reglamentar desde 2010.

El único beneficio que existe es la exoneración del impuesto predial a dueños de casonas. Pero solo si viven ahí. Y todo lo demás, es un magro presupuesto estatal de unos 280 millones de soles, para todo el país. Fuera de eso, no existe ningún otro beneficio ni fórmula para conseguir dinero. Papá Estado no da ni permite dar. Se sienta en su sillón y no piensa en salidas creativas.

QUÉ SE PODRÍA/DEBERÍA HACER:
Son solo ideas sueltas de las muchas que existen.
- Crear fondos propios para cultura.
- Una carga impositiva del 1% a cada obra pública.
- Que el crecimiento inmobiliario contribuya a la recuperación de huacas y casonas.
- Impuesto de 1% a actividades nocivas para la salud, como el alcohol y el tabaco.
- Créditos fiscales para dueños de propiedades históricas.
- Deducciones fiscales a toda la inversión para recuperar un inmueble.
- Revisión de los ingresos provenientes de loterías y juegos de azar.
- Crear una propia lotería.

Concolón británico:
Para terminar, un caso muy singular. En el Reino Unido el Estado no paga por cultura. Lo pagan los mismos británicos. Un pilar para el financiamiento allá es la Lotería Nacional, que la maneja el ministerio de Cultura, Medios y Deportes.

Por cada libra que el público gasta en la lotería, 28 peniques van a un fondo especial. El dinero se distribuye de la siguiente manera: 46% para salud, educación y medio ambiente; 18% para deportes; y 36% para artes y patrimonio.

Con este sistema, desde 1994, la lotería ha provisto un equivalente de 35 millones de dólares cada semana. Jugando, jugando, este país se toma en serio. ¿Cuándo lo haremos nosotros? ¿O cuándo tendremos un ministro de Economía que de verdad entienda la riqueza de este país?

Foto 2: Puntos de Cultura.Generacción.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Los ‘cholets’ bolivianos, inspiración y ciudad

'Choléts' con iconografía prehispánica y contemporánea.  El Alto, Bolivia.

En este blog con frecuencia he cuestionado la pasividad de las autoridades ante el poco cuidado que existe por la integridad histórica y estética de una plaza o un centro histórico. Como es de esperar, algunos han opinado en contra. Pero una reciente visita a la ciudad de El Alto, en Bolivia y donde saqué estas fotos, me dieron una perspectiva nueva y muy singular sobre el tema.

Primero. ¿Qué opiniones eran esas? Básicamente que toda ciudad tiene derecho a evolucionar como le venga en gana, de manera natural. Que las ciudades crecen como pueden y que en el Perú eso hemos desarrollado: patrones urbanos que, nos guste o no, son auténticamente peruanos, y que deberíamos dejarnos de tonterías pensando que podemos ser como las ciudades europeas. Sencillamente, somos diferentes, dicen.

A esta opinión, se añade una paralela que dice que lo que cuenta es la gente que vive en esos lugares, que si a ellos les gustan sus vidrios polarizados o las formas extravagantes de sus edificios, tenemos que respetar todo eso. Que quién somos los otros para venir de fuera y decirles de la noche a la mañana ‘me quitan esto’. No podemos imponer nuestros gustos foráneos cuando ellos son los que viven ahí cada día. Bien.

Hasta ahí, la teoría me parece legítima. Y antes de responder específicamente a eso, permítanme hablarles de El Alto, y cómo esta visita cambió o reforzó, no estoy muy seguro, mi perspectiva sobre este asunto.


Para los que no lo conocen, El Alto es el equivalente boliviano de Los Olivos o San Juan de Lurigancho. Originalmente fue el lugar de las grandes migraciones del campo a la ciudad. Originalmente, también, fue uno de los focos de pobreza extrema. Hoy, El Alto tiene una población de casi un millón de personas y su gente, de mayoría aymara, se dedica al comercio, al transporte, la agricultura y ganadería. Y, tal parece, ahí están las raíces de su éxito.

El éxito económico es tal que están pasando a demostrarlo en los edificios que construyen (más abajo pongo un link para una galería de fotos más completa). En los últimos cinco años, sobre la carretera que sale de La Paz y que también es la avenida principal en esta zona, empezaron a aparecer edificios grandes, coloridos, completamente novedosos.

Según me explicó don Marcos Arce, un ex funcionario de USAID y conocedor del área, lo que llama la atención no solo es el decorado de la fachada. Es la funcionalidad del edificio mismo: el primer piso suele ser alquilado para negocios de todo tipo. El segundo y a veces el tercer piso, casi seguro, para salas de baile y eventos (en tremenda demanda).

El cuarto y quinto son departamentos en alquiler (cuando pregunté qué pasa con el ruido, me respondieron que para los que alquilan no es un problema). Y el detalle suele estar en el último piso: aquí, como instalado por helicóptero, aparece la casa del dueño del inmueble. Por lo general, en la forma de un chalet europeo. El símbolo final del éxito emprendedor, según me explicaron.

Los bolivianos empezaron llamando a estas estructuras de manera despectiva: los “choléts”, en referencia a sus dueños cholos. Hoy, tal parece, ellos mismos están incorporando este nombre que revela algo: su orgullo y una identidad recuperada. Identidad que se ve reflejada en los diseños con los que los decoran: chacanas andinas, cóndores, simbología prehispánica. Pero también elementos foráneos, como diamantes, leones y otros motivos.

El estilo incluye: negocios (piso 1), salón de baile (2), alquiler (3), cholet (4).

Ahora bien, para volver a mi punto. ¿Qué me dijo esto? Me gustó. Me pareció sensacional. No tiene que gustar a todos, evidentemente, pero es original. Es, como dicen algunos, un desarrollo natural de una ciudad. Y admiro a El Alto, porque creo que eso le ha dado una identidad particular que los bolivianos harían bien en apoyar. ¿Cómo se vincula eso con mis alaridos de protección? De manera muy directa.

Para empezar, estos edificios no están en ninguna zona histórica. No compiten con nada. Tienen todo el derecho adquirido en esta nueva tierra. Donde están, están bien. Destacan. Frente a la catedral de Juli, por ejemplo, serían un estrepitoso e innecesario choque. Choque, porque perderían las dos propuestas.

Al ser complacientes con el crecimiento informal alrededor de plazas históricas y centros históricos lo que estamos permitiendo no es el natural crecimiento de una ciudad (aquí sí, miremos cómo lo hacen en otros centros históricos de América Latina, Estados Unidos y Europa). Estamos eliminando páginas de un libro único, rico, original e irrepetible.

Sobre la existencia de reglas específicas sobre qué se puede hacer y qué no, hablé con el arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio y “.....no hay ninguna legislación ad hoc que yo sepa. Más allá de la zonificación....”. Otro arquitecto, Wiley Ludeña, me indicó que “para el caso de ciudades históricas como Cuzco, Cajamarca o Arequipa existe una normatividad genérica (fachadas, letreros, alturas, etc.) que se aplican por extensión a las plazas”.

Templo del Sol, Pachacámac, en su momento de esplendor. Imagen: Alfio Pinasco.
Y en el caso de Lima, ¿cuál es la otra diferencia? La historia. En Lima, ahora lo sabemos, hay un desarrollo arquitectónico de por lo menos 4.000 años de antigüedad. Un desarrollo urbano de por lo menos 2.000 años. Eso, por sí solo, ya nos hizo diferentes a la mayoría de ciudades de este planeta. Ya impuso de por sí, otros patrones, otras responsabilidades. ¿Qué vamos a hacer frente a eso?

¿Creo que existe espacio en nuestra ciudad y en nuestro país para varias visiones de ciudad? Creo que sí. De un lado, podemos hacer más, fiscalizar más, demoler más, para conservar y mantener nuestras plazas, centros históricos y zonas arqueológicas, con criterios de armonía e integridad histórica.

Estos son espacios donde nuestra enorme creatividad debería quedar limitada al máximo, para permitirle espacio al pasado que nos hace diferentes. Fuera de estas “zonas rígidas”, debemos seguir recreando las formas más delirantes que queramos, como de hecho ya lo hacemos, y ser felices también en esa otra forma de singularidad.

Al final, como alguna vez escribió Melville, “es mejor errar de originalidad que tener éxito copiando”. No arruinemos toda la originalidad que todavía tenemos.

Hacer clic para ver album de fotos de los 'choléts'

Fotos: Javier Lizarzaburu

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LAS LECCIONES DE JULI

La postal: la hermosa catedral de Juli, siglo XVI, sobre la Plaza de Armas.

Juli, a orillas del lago Titicaca, puede ser una de las ciudades más sublimes que uno pueda visitar. Aquí puedes ver las iglesias coloniales más grandiosas y monumentales de todos los Andes. No por gusto la llamaron la Roma de las Indias. Pero, también, puede ser una de las más chocantes. 

No quiero caer en la complacencia habitual de ver sólo la porción y no el todo, porque esa actitud no nos ha servido. Ha pasado el tiempo y veo que no avanzamos en una correcta protección de lo que es nuestro.

¿Que vi en Juli? Un poco lo mismo de lo que viene pasando en todo el país: centros históricos y plazas de armas que han caído estrepitosamente ante una visión desesperada y malentendida de desarrollo y progreso. Y con esa caída, la pérdida de todo valor histórico. ¿Por qué lo hemos permitido?

La realidad: templo flanqueado por edificios modernos, ajenos a la historia.

Plaza tras plaza en todo el país repite lo mismo. Como ciudadano, como contribuyente, pregunto ¿Quién responde ante esto? ¿Quién tiene la obligación (porque esto ya pasa de una responsabilidad) de decirle a esas autoridades qué pueden y qué no pueden hacer con algo que pertenece a todos los peruanos, de hoy y del futuro?

Hemos aprendido a vivir entre lo chocante y lo sublime. En eso Juli no es distinta. Lo bueno que está pasando aquí también representa lo que está pasado en otras partes del país: acupuntura urbana.

Aquí, vienen restaurando sus templos con magistral dedicación, como el de la Asunción, o San Juan de Letrán, con resultados tan hermosos que te hacen querer defenderlos. ¿Y el contexto urbano? ¿Quién responde por las construcciones multiformes y multicolores alrededor de estos monumentos que les usurparon todo valor de conjunto?

Plaza de Armas: exquisita arquitecturacolonial, desaparecida en otras ciudades.

Que algunos vean este tipo de acupuntura urbana como la mejor opción es entendible. Es lo más práctico que podemos hacer mientras no tengamos una visión de país ni decisión política para hacer algo. ¿Pero dónde están los políticos? ¿Dónde están las medidas que deberían tomarse para salvar lo que todavía nos queda?

Para terminar, solo tengo más preguntas, ¿tenemos un modelo o modelos de ciudad? ¿Qué estamos haciendo para salvar nuestros conjuntos monumentales más allá de edificios puntuales? ¿Cómo vamos a responder a las siguientes generaciones cuando, con toda razón, nos pregunten: ¿qué hicieron ustedes para salvar nuestra herencia?

Esas son las lecciones que me deja Juli.

Plaza de Armas de Juli, como en realidad luce hoy. Herencia del presente.

Fotos: JLizarzaburu

miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL EMPRESARIO NECESITA SEÑALES CLARAS A FAVOR DEL PATRIMONIO

Barrios Altos. Un programa de incentivos permitiría más recuperación. Foto: JL
¿Por qué las empresas peruanas no apoyan más a la cultura? Este fue el punto de partida para la entrevista con Alberto Martorell. Él es el presidente de ICOMOS-Perú, organización internacional de protección de bienes culturales reconocida por la Unesco. Martorell es también Doctor en Derecho de la Cultura y profesor de la Universidad de San Martín de Porres.

Las ideas para mejorar la situación existen. Y no son descabelladas. Según mi entrevistado, se podría crear un Fondo Pro Patrimonio, para que empresas de todo tamaño participen y no solo las más grandes. O que todas las obras de infraestructura paguen un impuesto específico para cultura y patrimonio. Una vez más, es cuestión de voluntad política.

En realidad, hay mucho que los empresarios peruanos podrían estar haciendo, pero hay un tema fundamental: si ellos perciben que para el Estado la protección de nuestro legado no es importante, ellos tampoco lo harán. Aquí hay un tema urgente: ellos necesitan recibir señales claras de que apoyar cultura es necesario. Por ahora, los mensajes son contradictorios. Y no podemos darnos el lujo de seguir en esta falta de definición.

¿Qué papel le corresponde, si alguno, a la empresa privada en la protección de patrimonio?
Toda ciudad necesita que la empresa privada participe. Si una empresa crece, también puede desarrollar proyectos de apoyo cultural que, finalmente, va en beneficio de su imagen corporativa. Es un tema de responsabilidad y no de negocio.

¿Por qué se resiste el empresario peruano?
Esta resistencia me resulta difícil de entender. Por alguna razón no se ha desarrollado una visión de marketing alrededor de este concepto.

¿A qué se debe?
Una empresa es parte del conjunto de la sociedad, pero lo que vemos es que no se entiende la cultura con responsabilidad, porque por algún motivo la sociedad peruana no le da a su patrimonio el rol que le corresponde. No lo ven como un factor de desarrollo sino como algo del pasado.

Para algunos, una empresa no está obligada a dar. Ya paga sus impuestos…
Es cierto que pagan y que no está obligada, pero es una cuestión de compromiso con la sociedad en que viven. No funcionan aislados de la ciudad. Pero por otro lado, el sistema legal ha dejado de lado los incentivos al cuidado de patrimonio, y el mensaje del Estado es: ‘no me importa este tema’, entonces no desarrolla un sistema de incentivos.

Un dilema es si la empresa debería apoyar en necesidades básicas, como educación, salud, etc., o temas de cultura, que en algunos sectores se ve como menos importante.
Esto tiene que ver con la importancia que le da el Estado a uno u otro tema. Lo social es prioritario, es cierto, pero invertir en cultura es generar desarrollo inclusivo.

¿Quiere decir que la empresa privada necesita mensajes más claros pro patrimonio?
Yo diría que sí. El Estado debe desarrollar un sistema para que la declaración de patrimonio cultural de una casa, por ejemplo, no signifique una pérdida de valor para el dueño.

¿Cree que una señal clara de parte del Estado es el punto de quiebre para que la empresa participe más?
En gran parte sí. Que el Estado no genere mecanismos de apoyo de ningún tipo desalienta. En lugar de apoyar lo que hace el Estado es establecer trámites exagerados, exigencias absurdas, trabas, con lo que el mensaje que recibe el empresario es que es mejor no participar en cultura.

¿Cuál debería ser el papel del Estado?
El mensaje central debería ser que el patrimonio cultural no debe verse como obra social sino como un tema de intereses comunes (Estado, empresa, sociedad). Esto llevaría a reconocer lo que la empresa puede invertir en patrimonio como reducción de impuestos. Eso le diría al empresario que el Estado considera esa actividad como valiosa.

Martorell: "El boom inmobiliario debería pagar un impuesto a la ciudad"
Pero existe ambivalencia respecto al papel de la empresa privada. En arqueología no la quieren mucho.
El asunto es en qué términos y qué tipos de empresas. Si entendemos el papel de la empresa en cultura como una actividad empresarial, los retornos de la inversión no serán compatibles con una correcta gestión de patrimonio. Pero se deben desarrollar modelos de responsabilidad cultural, por ejemplo mediante fundaciones.

¿Cómo así?
El Estado, la ley pueden exigir requerimientos especiales a las empresas que quieran invertir en patrimonio. Puede estar limitado a empresas altamente especializadas, con expertos, empresas de calidad, con lo cual su participación adquiere un reconocimiento inmediato.

¿Cuál es la mejor manera de estimular la participación de la empresa privada?
Lo más directo son los incentivos fiscales, pero también se pueden desarrollar programas de difusión desde el Estado que apoye la actividad empresarial pro-patrimonio.

¿Qué quiere decir?
Por ejemplo, crear un sistema de premios, o concursos, o campañas de difusión donde se hacen reconocimientos públicos y masivos de la empresa responsable culturalmente. Es importante que las empresas se sientan reconocidas por la sociedad.

Obras por impuestos: ¿una buena fórmula?
Sí, es una buena fórmula. Hay que incentivarla más porque es una alternativa más eficiente para todos. Beneficia más cuando hay deuda tributaria.

¿Qué pasa con el boom inmobiliario? ¿Debería tener un impuesto para aportar a la recuperación de huacas y casonas?
El boom debería pagar un impuesto a la ciudad porque genera una ocupación mucho más densa del espacio, en todo sentido. Quizás ese impuesto no debería ir de manera directa al patrimonio porque podría verse como una interferencia en el proceso económico…

Pero en otros países hay impuestos al tabaco y al alcohol para pagar por salud…
Efectivamente. Sería un argumento razonable. De hecho, en Colombia existe un impuesto a la telefonía móvil, y en España un 1% de toda obra de construcción va al patrimonio cultural. En el caso nuestro, podría aplicarse a todas las obras de infraestructura.

¿Quiere decir por ejemplo que la construcción del metro debería aportar?
Sí. Como deberían aportar la construcción de carreteras y las vías que la misma Municipalidad está promoviendo.

Se suele asociar empresa con la gran empresa, pero ¿qué papel les toca a la pequeña y mediana empresa?
Si existiera un sistema de incentivos tributario, podría existir un fondo global al que cualquier empresa pudiera aportar y así ser parte del proceso. Muchas por su tamaño no podrán hacerse cargo de un solo proyecto, pero un Fondo Pro Patrimonio sería una solución más inclusiva.

¿Qué es lo más urgente en este momento?
Para mí, crear un sistema de incentivos general. Y no estoy hablando de incentivos tributarios o exoneración de impuestos sino, por ejemplo, de un sistema que fortalezca la imagen de las empresas que aportan al patrimonio. Se necesita generar conciencia empresarial desde los incentivos.

¿Se siente optimista de que esto puede mejorar?
Sí, creo que puede mejorar en la medida que la conciencia social por el patrimonio está creciendo en Lima de un modo como no se había visto antes. Esto gracias a las redes, y ese proceso puede ayudar muchísimo.

miércoles, 28 de agosto de 2013

PATRIMONIO: "EN 100 AÑOS LO HABREMOS PERDIDO CASI TODO"

Celebración en las huacas del Parque de las Leyendas, origen urbano de Lima.

Una pregunta que podemos hacernos de tiempo en tiempo es ¿qué país le estamos dejando a los niños de hoy?, ¿cuáles son esas riquezas que los harán sentirse herederos de un país único, por el que vale la pena esforzarse, mejorar, trabajar?

Perú es uno de los seis países cuna de civilización en el planeta. A diferencia de varios de ellos, como Irak donde se ha destruido casi todo, aquí todavía queda evidencia que habla de un extraordinario proceso de creación de conocimiento, de arte, de cultura.

Sin embargo hoy, como nunca, ese hermoso legado está en serios aprietos. ¿Qué responsabilidad hemos asumido para pasarlo en las mejores condiciones a los que vienen? ¿Cómo garantizamos que en el futuro habrá espacios para gozar y sorprendernos con lo que se hizo sobre nuestro territorio a lo largo del tiempo?

La siguiente entrevista no es una entrevista feliz. Es un crudo análisis desde el aspecto legal, sobre las deficiencias y debilidades de nuestro sistema. Hay, creo yo, una bien merecida crítica al ministerio de Cultura. Algo debe hacerse. Para empezar, tomarnos en serio. Tomar nuestra herencia en serio. Los escollos son grandes y, quiero pensar, no queremos terminar con el vaticinio de este abogado: haber perdido todo en 100 años.

Fabricio Valencia es un abogado que nació y vivió entre huacas. Hijo de arqueólogos, ya antes de ir a la universidad respiraba de cerca la riqueza, y la pobreza, de este país. Él es uno de los pocos abogados en el medio especializado en Patrimonio Cultural. Tiene un blog del mismo nombre y durante casi diez años trabajó en el área legal del entonces INC y luego con el ministerio.

Aquí, con valentía y responsabilidad, se atreve a poner en riesgo su relación todavía vigente con esa institución. Pero hay verdades que tienen que exponerse.

¿El patrimonio está bien protegido legalmente?
La actual ley de patrimonio es aceptable y puede ser mejorada. Pero no se aplica bien.

¿A qué se refiere?
Por ejemplo: si el Ministerio de Cultura (MC) se entera de que alguien está tratando de demoler un sitio arqueológico, envía a sus expertos y su abogado, con la policía y el fiscal. Lo mejor que pasa es que paralizan la demolición, pero solo por ese momento. Esto puede dar lugar a un proceso administrativo sancionador, que toma unos seis meses. Pero al segundo día la misma gente va y se tira el sitio abajo.

¿Cómo debería ser?
Lo que el MC debería hacer es dictar una medida cautelar. La ley lo permite y significa que la paralización es permanente. Es una medida mucho más eficiente, que necesita una resolución del MC. Es verdad que esto de por sí no va a detener la destrucción, pero fortalece a la autoridad y puede dar pie a una denuncia penal.

¡Pero sacar una resolución es un trámite engorroso!
Una resolución de este tipo se puede hacer en ocho horas.

¿Por qué no se hace?
No lo sé.

¿El MC sabe que tiene la capacidad para hacer esto?
Sí, claro.

¿Qué otras deficiencias existen en la aplicación de la ley?
El MC solo tiene potestad de emitir multas, que en teoría pueden ser muy altas. No puede enviar a nadie a prisión porque eso es potestad del poder judicial. Pero el hecho es que las mismas multas casi nadie las paga. El infractor apela y el poder judicial muchas veces anula las sanciones.

¿Hay mucha corrupción?
No es eso. Es que las sanciones no fueron bien fundamentadas. Lo primero que se necesita es equipos multidisciplinarios para saber aplicar sanciones. Un arqueólogo no puede hacer el trabajo de un abogado. Segundo, el ministerio debe hacer seguimiento oficial en el poder judicial, pero tampoco se hace mucho.

¿Y ha ido gente a prisión por delitos contra el patrimonio?
Sí, conozco dos casos, en Cusco.

¿Solamente?
No hay más. Y esto en los últimos 10 años.

¿Por qué no hay más casos?
Porque según la ley, el dolo se comete por conocimiento y con voluntad. En este caso, el Estado debe comprobar que el infractor sabía que ese lugar era patrimonio cultural y que pese a eso atentó. Es casi imposible probar eso.

En el caso de una huaca, ¿cuál es la mejor manera de protegerla?
Son varios pasos: declararla patrimonio cultural es lo primero. Luego, delimitar el área; publicar la medida en El Peruano; hacer el saneamiento físico y legal; e inscribirla en registros públicos.

¿Se hace todo eso?
El MC declara, a veces delimita, y rara vez publica. Son tareas que demandan recursos pero son realizables y necesarias.

¿Siempre ha sido así?
En realidad ha mejorado. Antes se hacía solo la declaración de patrimonio y no se delimitaba. Era una declaración enunciativa. Aun así en Lima muy pocos sitios han sido delimitados.

¿De repente el ministerio no sabía que tiene que hacer todo eso?
Sí lo sabían, pero no lo hacían. El ministerio es muy débil como institución, además de tener poca profesionalización. Salvo casos muy puntuales de expertos muy respetados los cuadros de profesionales son limitados y existe poca continuidad.

"Lo más importante para proteger es voluntad política, que nos falta"
¿Y cómo se hace el saneamiento físico y legal?
Para empezar, hay que decir que el ministerio no tiene un área especializada donde un grupo de profesionales se dedique a esto. Existen unidades distribuidas en distintas áreas. Lo que se tiene que ver primero con un sitio que es patrimonio es si el lugar ha sido invadido o si es propiedad privada.

¿Por qué?
Porque si ha sido invadido, existe un procedimiento que permite en teoría reubicar y desalojar a los invasores. La ley lo permite pero no se hace. Si hay 100 invasores hay que investigar a cada uno.

¡Pero es un trabajo enorme!
Sí, claro que sí, pero se puede hacer. Lo contrario es hacer lo de siempre: nada, y la gente se queda en la huaca y con el tiempo esta se pierde.

Sin recursos seguramente no se puede hacer más…
Sí que se puede, lo que pasa es que no se ve como una prioridad.

¿Y si es propiedad privada?
La ley señala muy claramente que todos los sitios arqueológicos del país son propiedad exclusiva del Estado. Pero durante años Cofopri dio títulos de propiedad sobre territorios arqueológicos. Eso fue ilegal y el ministerio debió demandar esas inscripciones. Pero nunca lo hizo. Esto en casos de titulación reciente.

Porque luego hay los casos de personas o familias que han sido dueños de tierras durante varias generaciones, donde hay sitios arqueológicos…
Aquí las opciones que le quedan al Estado son aplicar limitaciones al uso de esa propiedad; inscribir su carga cultural en los registros públicos (como una ficha del lugar); o expropiarla.

Entonces el Estado no es siempre dueño absoluto de todos los sitios arqueológicos…
No siempre. Es una contradicción de la ley, particularmente en el caso de propiedades que han estado por mucho tiempo en manos de una familia. Pero los casos mucho más numerosos son los de titulación reciente. Y el MC no ha hecho nada al respecto.

¿Y el Estado puede poner en valor un sitio arqueológico que está en propiedad privada?
Claro que sí. La ley se lo permite y el dueño del predio está obligado a aceptar esto. El ministerio no necesita la autorización del dueño, aunque sí comunicarle de sus intenciones. Esto de todas maneras impone limitaciones sobre lo que puedes hacer con tu propiedad si es que ahí hay sitios arqueológicos.

¿Qué es lo más importante para garantizar la protección de patrimonio?
La voluntad política de querer hacerlo. Porque cuando esto sucede esa voluntad se plasma en modificaciones legislativas para mejorar la gestión; o asignaciones presupuestales; o la misma creación de una policía especializada en patrimonio cultural, que en el Perú es urgente.

¿Y la sociedad civil tiene algún papel?
Puede presionar, exigiendo voluntad política, pero esto funciona mejor en sociedades más democráticas, cuando se escucha y se hace caso a la opinión del ciudadano.

¿Usted cree que en el Perú existe la voluntad política para proteger el patrimonio?
Creo que no. Basta fijarnos en los recientes decretos supremos 054 y 060 para darnos cuenta de que son vejatorios completamente contra el patrimonio nacional. Los políticos en el Congreso, no tienen absoluta idea de lo que es patrimonio y cultura.  Para muchos su tarea se limita a construir una loza o una posta médica, que son importantes, pero no a expensas de olvidar una herencia como la nuestra.

En ese contexto ¿qué sentido tiene un ministerio de Cultura?
Vuelvo a repetir: aunque hay varios profesionales muy comprometidos, también está lleno de advenedizos y recompensados. Para muchos, estar en el ministerio es un trabajo más. Son gente que no les interesa el patrimonio y solo están ahí por un sueldo, con lo que el ministerio termina siendo solo de pantalla.

Con más de 100.000 sitios arqueológicos identificados en el país, tampoco es que se pueda proteger todo.
Así es, pero aquí se confunde clasificación con jerarquización. El ministerio ha clasificado monumentos en categorías pero no los ha jerarquizado. Las jerarquías permiten saber qué se puede hacer con ese inmueble y hasta qué punto se puede proteger.

No se le siente muy optimista...
La verdad que no, porque siento que a este ritmo en 100 años solo nos van a quedar los sitios que son patrimonio de la humanidad (8 en la actualidad, en la condición de bienes culturales), porque los otros se habrán perdido. A esos que queden se les dará los mejores cuidados, pero no quedará ni la sombra de lo que un día hubo.

(O de lo que un día fuimos).

Blog de Fabricio Valencia: http://blog.pucp.edu.pe/blog/aleajactaes
Foto: Celebración en las huacas del Parque de las Leyendas (JL)

miércoles, 21 de agosto de 2013

"BARCELONA ESTABA INDIGNADA CON LA PÉRDIDA DE SUS EDIFICIOS"

Patrimonio industrial: la fábrica Fabra i Coats, convertida en centro cultural.
Ver la foto de abajo, cómo era el edificio antes de la transformación.
Barcelona es una ciudad con la que tenemos algo en común: un legado arquitectónico milenario. En la capital catalana existe un catálogo patrimonial de 2.000 años de antigüedad. Esto, a lo largo del tiempo, implicó una serie de desafíos para su protección en una de las ciudades más desarrolladas e industrializadas de España.

Este es un resumen de las entrevistas que hice con las dos principales autoridades de protección de patrimonio y que publiqué el año pasado. La versión completa la podrán encontrar en el link de abajo. Uno de los puntos clave en esta tarea es la de contar con una serie de beneficios económicos que permitan la protección. Pero para llegar a este punto, hace falta la visión. Algo que en Lima todavía no tenemos. Por eso en esta nota me enfoco en lo segundo.

Entrevista con JORDI ROGENT, Jefe del Departamento de Patrimonio Arquitectónico del Ayuntamiento de Barcelona.

Para Rogent, patrimonio “es uno de los testigos fundamentales de la trayectoria histórica y de identidad de una colectividad. Los bienes que lo integran constituyen una herencia insustituible, que hay que transmitir en las mejores condiciones a las generaciones futuras”.

Trabajan en toda la ciudad, no solo el centro histórico...
Es que Barcelona es la suma de todas sus partes: su casco antiguo y otros cascos antiguos más populares, y porque en toda la ciudad hay elementos que proteger.

¿Y con qué instrumentos cuenta para hacer su trabajo?
Básicamente la ley 9/93 del Patrimonio catalán, que define los niveles de protección de los edificios; los diez planes especiales de protección (que tienen fichas que explican qué se protege de cada edificio y cómo se tiene que actuar); y las visitas a los edificios y las reuniones con los técnicos que hacen los proyectos.

¿Cuál es para usted la clave para una protección exitosa?
Tener documentos (los planes de protección) claros y conocidos por propietarios y técnicos; que cada uno sepa qué se puede hacer y qué no, y el conocimiento que llegamos a tener del edificio. Son bastantes visitas a la obra (antes del proyecto y durante las obras) y horas de reunión durante la realización del proyecto.

¿Desde cuándo se legisla aquí la protección de patrimonio?
En 1956 se aprobó la Ley del Suelo, que fue la primera ley moderna de urbanismo, y en 1962 Barcelona fue la primera ciudad española en aprobar el primer catálogo, que es una lista de edificios que no pueden ir al suelo por su valor arquitectónico o su valor histórico.

¿Sigue vigente?
Tenía sus limitaciones, porque protegía algunos edificios pero no el conjunto, y estaba desvinculado del proceso de crecimiento urbano. Luego, en los años 70, hubo una fiebre de construcción y fue un momento clave porque la ciudad estaba indignada al ver la pérdida de sus edificios más emblemáticos. Esto ayudó a crear conciencia de que era necesario mantener la memoria histórica.

¿Qué pasó?
En 1979 se revisó el catálogo, y en el 92 se hizo uno nuevo. De manera que pasamos de unos 800 edificios con una protección u otra a prácticamente 4.000.

¿Solo aumentó la cantidad?
No, cambiaron varias cosas. Una muy importante fue no mirar tanto los edificios de uno en uno sino mirar un tema de conjunto, donde quizás cada uno de los edificios por sí solos no tiene mucho valor pero sí que estén uno al lado del otro.

¿Y por qué eso es importante?
Porque es la imagen que tienen los vecinos, lo que han visto toda su vida. La misma Unesco y el Consejo de Europa consideran que mantener la imagen que la gente tiene del entorno donde ha vivido es un valor histórico. Si tú has estado toda la vida viendo una plaza, unas tiendas, aquello forma parte de tu patrimonio intelectual. Entonces se protege a veces edificios sin mayor valor arquitectónico pero que pueden representar algo importante para un pueblo.

Pero habrá los que digan: los tiempos cambian, la gente muere, para qué preservar...
Es un trabajo permanente de ir buscando el equilibrio, porque no se tiene que mantener todo pero tampoco se tiene que derribar todo.

¿Qué es lo prioritario: el crecimiento o protección?
En algunos casos prevalece uno y en otros, el otro.

No debe ser un trabajo fácil…
Para nada. Por un lado tenemos que pelearnos con vecinos y asociaciones muy proteccionistas, y con empresarios que quieren derribar todo. Pero la historia es dinámica, la ciudad se tiene que transformar, y yo creo que este es el eterno dilema de la protección.

¿Qué le da a una ciudad y a sus habitantes que se pueda proteger su patrimonio?
En Europa, el tema del recuerdo de nuestros antepasados es algo muy asumido. Y haber sabido compaginar esto con el turismo que viene a ver ese pasado es un éxito. Además, si tenemos todo bien restaurado es un señuelo para que venga más gente y gaste más. Entonces, poder articular turismo y patrimonio es muy importante. Aparte del valor sentimental que tienen los lugares para sus habitantes, porque eso hace que la gente viva más tranquila, más feliz.


La fábrica catalana antes del proceso de recuperación y transformación.

“HAY QUE TOMAR EN CUENTA EL VALOR EMOCIONAL DE UN EDIFICIO”

Joan Closa Pujabet es jefe del Servicio de Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona. Él tiene responsabilidad sobre la provincia de Barcelona, con 311 municipios y cada uno está obligado por ley a proteger su patrimonio.

“Una ciudad puede conseguir un equilibrio entre memoria y desarrollo. Aquí en España hay estudios que señalan que para la inversión en patrimonio edificado, por cada euro invertido revierten 17 euros en beneficios (turísticos, de servicios…). La identidad no pasa por cuestiones nacionalistas. Pasa por el arraigo sentimental: por la iglesia donde mis padres se casaron, donde bautizaron a mi abuelo, un edificio que he visto toda mi vida. Esa es la identidad. Ese es el patrimonio. El valor emocional de los lugares, de los edificios, tiene que ser tomado en cuenta. Y en eso intentamos trabajar aquí. Proteger esta herencia de todos pasa por la sensibilización y por la escuela, para que los niños sepan desde el principio que lo antiguo también es bueno. La situación ideal es llegar a un punto donde no tengas que justificar ni luchar por proteger”.

Haga clic para ver la versión original de esta nota

Fotos: Google

miércoles, 14 de agosto de 2013

“LA GENTE SIN PASADO NO PUEDE CONSTRUIR SU FUTURO”


Eso me dijo hace un tiempo el embajador mexicano Alfonso de María, entonces director del poderoso Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en su país.  Uno de los puntos centrales de la conversación fue el hecho que para ellos preservar el legado arqueológico no es solo un tema de identidad o de cultura. Es una tema de competitividad, en un mercado global cada vez más fuerte. Dada la vigencia de sus comentarios en el contexto actual en Lima, reproduzco una parte de la entrevista que fue publicada en El Comercio en dos partes, los días 19 y 20 de julio de 2011.

México y Perú son dos naciones hermanas, con gran riqueza arqueológica y procesos históricos similares. Pero donde las diferencias parecen mayores es en lo que concierne a protección y recuperación de patrimonio, que en México es una prioridad de Estado. El Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) fue fundado en 1939 para cumplir con este trabajo.

México tiene más de 60.000 monumentos históricos y unos 40.000 sitios arqueológicos. ¿Qué se hace con tamaña riqueza?
Bueno, es un reto. Yo lo que digo es que no estamos rebasados, porque somos muy rigurosos en la vigilancia del patrimonio.

¿Se puede vigilar todo eso?
Contamos con 5.000 agentes y otros mil de diferentes órganos. Además, tenemos muchas organizaciones locales. Tenemos un procedimiento para responsabilizar a ciertos grupos sociales del cuidado de las cosas.

¿Cómo así?
Si hay un pueblo que aprecia mucho su legado, se constituye legalmente en una sociedad coadyuvante de la defensa del patrimonio.

¿Qué reciben ellos?
Ellos no reciben nada a cambio. Pero nos ayudan a alertarnos, a informarnos qué sucede, qué hace falta. Hay más de dos mil organizaciones de este tipo en todo el país.

¿Cómo priorizan ustedes?
De maneras diferentes. Una prioridad para abrir nuevos sitios arqueológicos, por ejemplo, es que estén asentados en sitios marginales que requieran trabajo...

¿Sitios marginales?
Sitios de pobreza.

¿Por qué son una prioridad?
Porque eso genera fuentes de riqueza y porque el patrimonio, cuando está muy desvinculado de todo lo demás, suele ser más susceptible de falta de conservación.

¿Y qué hacen?
Lo primero es que haya un proyecto de investigación maduro, consolidado. Luego evaluamos: alternativas de trabajo, capacidad de entrenar gente para el trabajo. El INAH capacita en tareas vinculadas a la conservación, como albañilería fina, artesanía, limpieza de piezas, inventario, registro de piezas. Se da mucho trabajo. Hay poblaciones que viven del trabajo de algunos sitios que hemos abierto.

¿Qué pasa cuando una comunidad no tiene interés en que se recupere el sitio que tienen cerca?
Es raro, eh. En México, lo que más me preocupa a mí es la cantidad de solicitudes que tengo de gente que nos pide que vayamos a apoyarla. “Vengan, les damos las facilidades”. Entonces les vamos pidiendo cosas.

¿Cómo qué?
Primero les decimos que cuiden el sitio mientras nosotros empezamos. Hablamos con el presidente municipal, con las autoridades locales, tratamos de organizar una sociedad para que cuide eso. De hecho, a veces lo que ha hecho el instituto es que a los dueños de ese predio se les da un cargo, con un sueldo, para que lo cuiden.


Museo Nacional de Antropología, México
¿Cómo planifican en su oficina?
Si alguien quiere construir una carretera, por ejemplo, nosotros tratamos de hacer un trabajo preventivo. Mi primera instrucción a mis delegados en cada estado es decirles que tienen que estar informados de todos los planes de desarrollo urbano, de ampliación, de carreteras, etc. Tienen que estar al frente de eso, porque pueden ayudar a que la planeación desde el principio sea correcta y no sea costosa.

¿Qué medidas se toman?
Si hay que hacer salvamento arqueológico, la empresa tiene que pagarle al instituto por todo ese trabajo.

Aquí dirían que la autoridad de cultura está obstaculizando el desarrollo.
A nosotros también. Pero nosotros decimos que tenemos que proteger el patrimonio, como lo exige la ley. Y damos soluciones. Porque lo que sí no se vale es obstruir y no dar soluciones. Casi en cada caso hay una solución.

Pero aun así habrá conflictos…
Los conflictos han sido muchos, pero generalmente la gente acaba entendiendo cuando se dan cuenta de que hay un valor adicional. Nuestros países, México y Perú, son los únicos con culturas originarias en el continente que generaron una cultura propia, que no la heredaron de nadie, que se originaron de nuestro propio entorno. Eso tiene un valor fundamental.

A qué se refiere
Que esos bienes son no renovables. Y este es el concepto que aplica el instituto. Los bienes son no renovables. En el caso de los arqueológicos y también los históricos.

¿Qué presupuesto tiene su oficina?
Un poco más de 300 millones de dólares anuales, presupuesto distinto del que tiene Conaculta, [equivalente al Ministerio de Cultura y solo para arqueología].

¿300 millones de dólares?
Sí. Es que es necesario. Hay una conciencia ya, por lo menos en México. Nosotros hemos sido bendecidos por esta administración que ha aumentado considerablemente los fondos. El instituto aún pobre hacía una labor muy importante. Ahorita lo que hemos tenido es dinero para rehacer museos, por ejemplo.

¿Qué pasa si no se recupera?
Se pierde la memoria de un pueblo. Aquí en Perú, por ejemplo, es mucho lo que se desconoce de cómo era la sociedad preinca. ¿No les interesa conocer las raíces del pueblo peruano anteriores a los incas?, ¿vamos a dejar que se destruyan? El hombre tiende a proteger su memoria. Protege su identidad.

Hay un elemento de orgullo…
Si tú no estás orgulloso de tu pasado, te vuelves una gente mucho más insegura y mucho menos competitiva.

¿Qué valor tiene eso hoy, de cara al futuro?
Ah bueno, es que una gente sin pasado no puede construir su futuro con claridad. Cómo te explicas un peruano o un mexicano sin sentir orgullo de su pasado indígena. Sin ser un tema nacionalista, somos los únicos dos países realmente mestizos en toda América.

Foto 1: Protocolo-Cancillería México
Foto 2: INAH

miércoles, 7 de agosto de 2013

EDIFICIOS, CASONAS Y HUACAS: ¿DE QUÉ NOS SIRVEN?


La entrada anterior de este blog, sobre el edificio Limatambo, generó algunas opiniones cuestionando lo que algunos consideramos valioso. Y es lógico. Vivimos en una ciudad donde nunca nadie nos enseñó lo que teníamos. Ninguna autoridad se tomó el trabajo de decirnos el valor de nuestra herencia arquitectónica. No hubo manera de empezar a apreciar y entender que vivimos en una de las ciudades más ricas y más originales que existen.

Con esos antecedentes, qué se podía esperar ahora que hemos entrado en un proceso de destrucción acelerada de un legado de miles de años. En cualquier otro lugar, la ciudad entera se habría levantado ante estos crímenes. Acá, siento que tenemos que empezar por manejar nociones comunes. A conocer un poco más.

Para ello entrevisté a Norma Barbacci. Ella es arquitecta y Directora para América Latina, España y Portugal, del World Monuments Fund (WMF). El WMF es posiblemente la organización privada de protección de patrimonio más influyente del planeta, con proyectos de salvataje en todos los continentes. Ella respondió a mis preguntas via e-mail desde sus oficinas en Nueva York.

Para tenerlo claro desde el principio ¿qué entendemos por protección de patrimonio?
Significa prevenir la destrucción, el deterioro o la modificación exagerada de lo que consideramos un legado importante, o un bien de valor común. Por modificación “exagerada” me refiero a aquellos cambios que destruyen la integridad del bien o, en otras palabras, que atentan contra los valores más importantes o la esencia de este. El cambio es bueno y necesario pero hay “límites de cambio aceptable”.

¿Qué se suele proteger?
El derecho de todos de poder disfrutar del patrimonio – no solo la propiedad privada o el monumento religioso, o el sitio arqueológico de interés académico. Es también el derecho a conocer nuestra historia, raíces, y logros como nación a través de las obras arquitectónicas de nuestros antepasados. La trama o tejido histórico urbano es tan importante como el monumento en sí. Es también una manera de preservar nuestra identidad.

¿Cómo se hace?
En primer plano previniendo, a través de legislación de protección y designación de monumentos o distritos históricos; zonificación apropiada; creación de incentivos fiscales para el mantenimiento y la rehabilitación de sitios patrimoniales; y educando y concientizando a la comunidad sobre estos valores y los potenciales beneficios (incluyendo los económicos y la calidad de vida) de preservar el legado histórico…

Después...
… conservando, restaurando o poniendo en valor el patrimonio cuando este se encuentra deteriorado, o su uso original se vuelve obsoleto en algún momento de su historia, lo cual implica un trabajo de reciclaje. Finalmente, vigilando y defendiendo el patrimonio cuando es atacado, y por supuesto fiscalizando (en serio) a los que no cumplen con las reglas de protección.

¿Qué ciudad(es) de América Latina son ejemplares en este campo?
Quito, Bogotá, La Habana Vieja, Salvador de Bahía (Plan de Rehabilitación Participativo) y, por qué no, los poblados de Lampa o Andahuaylillas en el Perú.

Iglesia de Andahuaylillas, Cusco, recuperada con apoyo del WMF
¿Cómo figura Lima en ese contexto de ciudades en cuanto a protección de patrimonio?
Ha logrado avances en la conservación de los monumentos y plazas más emblemáticos del Centro Histórico, pero aun no logra establecer las reglas de juego apropiadas para promover la protección y reciclaje del tejido histórico. Por eso se ven casos desafortunados como Mateo Salado (zona de amortiguamiento), el Edificio Limatambo (protección de patrimonio moderno) y otros. El caso de El Paraíso es diferente ya que es un caso de flagrante delito de parte de una empresa privada. El castigo debería ser ejemplar en este caso para desincentivar este tipo de acciones.

Algunos piensan que solo hay que salvar el Centro Histórico…
Esta es una visión algo limitada del patrimonio. El Centro Histórico debería ser considerado como parte integral de la ciudad de Lima, no solo como un destino de interés para algunos turistas y donde se va por necesidad de hacer algún trámite gubernamental. Hay que salvar también los barrios residenciales a través de una zonificación coherente (y así evitar la mutilación de casas para convertirse en chifas, por ejemplo), o el contexto o zona de amortiguamiento de monumentos milenarios como las huacas.

¿Qué valor arquitectónico le encuentras a Lima?
Sebastián Salazar Bondy en “Lima la Horrible” describe una ciudad des-integrada donde la oligarquía y lo colonial tienen precedente sobre la integración social e histórica de la ciudad. Al contrario, creo que Lima tiene valores arquitectónicos-históricos poco apreciados como las huacas milenarias, la arquitectura colonial en los dos lados del rio Rímac, el adobe como material “noble,” eficiente y ecológico, sus construcciones modernas como el edificio Limatambo de Enrique Seoane, o los complejos residenciales como la Unidad Vecinal #3 de Luis Dórich, su traza urbana, sus parques y jardines, etc.

¿Qué valor le encuentras al edificio Limatambo? ¿Qué se pudo hacer?
El edificio Limatambo del arquitecto peruano Enrique Seoane Ros, construido en los años 50’s es una obra de arquitectura domestica que fue innovadora para esa época en Lima. Lo visite mucho en los años 70’s (mi hermano vivía allí) y recuerdo estar muy impresionada por su comodidad, grandes ventanales y profusión de luz, y su gran genius loci o sentido de lugar. En lo referente a que se pudo hacer – yo diría haberlo designado como monumento para protegerlo contra su destrucción o modificación. En vez, le pasó lo que a muchos monumentos de arquitectura moderna: no logró sobrevivir lo suficiente como para ser suficientemente valorado y llegar a ser monumento... Una pena.

¿Qué factores son los que se toman en cuenta para proteger un bien inmueble?
Son varios: antigüedad, estilo, valor simbólico, más el potencial económico que estos bienes poseen y que se puede realizar a través de un reciclaje apropiado, y los “green points,” o puntaje ecológico, que habría que considerar cuando se reutiliza un inmueble que contiene una gran energía incorporada la cual fue utilizada en su construcción.

Pero toda ciudad crece y el precio del desarrollo implica que no se puede conservar todo…
Estoy de acuerdo en que no se puede conservar todo, pero creo que la decisión de qué salvar y qué no debe responder a una evaluación consensada y basada en criterios sólidos.

¿Qué hay con Miraflores? hay quienes sostienen que ha perdido su valor histórico.
A mi parecer, Miraflores ha llegado a un punto de inflexión donde se perdió el balance que existía hace unas décadas, cuando la construcción nueva y las casonas históricas convivían más o menos amistosamente. Ahora encontrar vestigios del antiguo Miraflores o de una escala humana es cada vez más difícil. A esto me refería en relación a los “límites de cambio aceptable”.

En el caso de Lima, ¿qué se necesita reforzar?
Varios elementos: el papel del poder judicial, empresa privada, sociedad civil, leyes y, particularmente, la educación cívica desde la niñez. La preservación histórica, así como la conservación del medio ambiente son actividades sumamente cívicas, donde el bien común y el beneficio individual deben lograr un balance.

¿Qué papel le corresponde la sociedad civil en todo esto?
Creo firmemente que el papel de la sociedad civil en la protección del patrimonio es esencial. El Estado puede crear leyes y tratar de ejecutarlas con incentivos o castigos, pero nunca es suficiente ya que siempre existen intereses privados que buscaran escapatorias para burlarse del sistema. En una democracia, la sociedad civil tiene el derecho y la responsabilidad de estar vigilante y defender lo suyo, el legado de sus antepasados, su calidad de vida, su medio ambiente.

Tony Puig [uno de los artífices de la transformación de Barcelona en los 90s] estuvo en Lima hace poco y dijo que a la ciudad solo le quedan tres años para empezar a hacer algo (por decir que la bonanza económica no durará siempre y que si no se hace algo hoy, habremos perdido la oportunidad) ¿Estás de acuerdo?
Completamente, aunque no necesariamente con el límite de tres años. La planificación hay que hacerla proactivamente y no hay mejor momento para reforzar instituciones, mejorar leyes, zonificar, capacitar, y sensibilizar que cuando las necesidades básicas o las amenazas no son tan urgentes. Por otra parte, la disponibilidad de recursos para inversión puede ser aun más destructiva para el patrimonio si en vez de estos ser canalizados hacia acciones de conservación y reciclaje, son utilizados para la demolición y construcción especulativas.

Foto 1: puntoedu.pucp.pe
Foto 2: WMF

miércoles, 31 de julio de 2013

Adiós, Edificio Limatambo. RIP 2013

Foto: Lima Antigua

Nada más ser juramentada, la nueva ministra de Cultura hizo su primera promesa: buscar el compromiso de la empresa privada con el patrimonio de la ciudad. Estupenda iniciativa. Si lo consigue, se ganará mi respeto y admiración.  Le sugiero que empiece con el grupo Brescia. Seguro que tendrá mejor suerte que yo. (Vea aquí la despedida virtual al edificio) 

Como muchos habrán notado, el edificio Limatambo -el emblemático edificio limeño que ocupa una de las esquinas de la Av. Javier Prado y Vía Expresa- empezó su despedida final. Estos días aparece vacío, desprovisto de vida y cubierto con una malla verde, mientras avanza su desmantelamiento.

Es un triste fin para una estructura diseñada por uno de nuestros grandes arquitectos, Enrique Seoane Ros, y que se convirtió en un símbolo de la historia del desarrollo urbano de Lima.

Lo que me parece más desalentador es que el grupo Brescia, propietarios del edificio, tuvo en sus manos la posibilidad de dar una clara señal de compromiso con la ciudad. Y no lo hizo. ¿Por qué? Aquí un resumen de un final que pudo ser diferente.

18 de mayo: empiezan a desmantelar el aviso de Coca Cola. Ese día publico un post en Facebook preguntando si existe algún proyecto para que el anuncio vaya a un museo, o si hay planes para hacer un registro fotográfico del proceso. Muchos responden con entusiasmo a la posibilidad de hacer algo. Aquí el link de estos intercambios.

Ese mismo día consigo comunicarme con un representante del grupo Breca (el nombre actual del grupo económico). Su respuesta es muy positiva. “Claro que se puede”.

20 de mayo: le reitero por e-mail mi interés en presentarle un proyecto sobre la memoria visual del edificio. “Voy a ver el tema con el gerente del negocio inmobiliario...”.

25 de mayo: vuelvo a preguntar. "Las coordinaciones las podemos realizar luego que el edificio esté desocupado…”.

27 de mayo: mientras eso sucede, ¿nos podemos reunir? “Esta semana es complicada…”.

3 de junio: sugiero que el proyecto le puede servir tanto a la empresa como a la ciudad. “Esta semana me tengo que ir a Cusco...”.

13 de junio: ¿alguna fecha para conversar? “Me encantaría pero todavía no he recibido una fecha definida para la desocupación ...”. No hubo más contacto directo.

11 de julio: una agencia de comunicación externa me envía este mensaje: “Sé que estas interesado en tomar imágenes del Edificio Limatambo. Me dicen… que a partir de hoy y hasta el domingo podrás acercarte a hacer las tomas respectivas”. Tengo 48 horas.

Ante la sorpresa de lo que sonaba como un ultimátum antes que una invitación, solo atino a preguntar si puedo hacer una convocatoria abierta para que en esas 48 horas venga público en general que quiera conocer el edificio, y para que vengan fotógrafos a registrar imágenes.

12 de julio, última comunicación: “Lamentablemente, se han iniciado las labores de acondicionamiento del edificio y por un tema de seguridad no se puede permitir el ingreso a muchas personas”.

Solo podía entrar yo solo. Y declino el privilegio.

¿De qué se trataba? Algo tan simple como:
  • Permitir el acceso para que artistas y fotógrafos pudieran tomar imágenes del lugar.
  • Abrir el edificio al público por unos días y puedan conocer de cerca el trabajo del arquitecto.
  • Realizar un ciclo de conferencias sobre Seoane y ese momento arquitectónico en Lima.
  • Realizar una exhibición fotográfica con imágenes de las obras de Seoane y/o de otros arquitectos de la época.
  • Tal vez publicar un pequeño libro, afiches, postales, con esas imágenes.
Y ahí es cuando no entiendo esta actitud empresarial. No solo era una buena oportunidad para Lima y los que estamos interesados en ella. Era también un tema de imagen para este grupo.

Los más entusiastas dirán que ahí ellos van a levantar el edifico más alto del Perú. A mí también me fascina la arquitectura contemporánea. Pero así no se hacen las cosas. No se levanta sobre un punto de historia, tan significativo para la ciudad, haciendo tabla rasa de ese pasado. Sin memoria no existen las ciudades.

Sinceramente, espero que ellos por su cuenta estén preparando un proyecto propio. De repente, y sueño por un momento, que en unos meses sacarán una publicación o harán una exhibición. No tengo idea.

Mientras tanto, los limeños volvemos a perder un símbolo de nuestra historia. Las autoridades y los profesionales responsables tampoco hicieron nada. Las futuras generaciones de limeños no sabrán lo que eso significó para el desarrollo de la capital.

No es una buena señal. Lima requiere de un mejor compromiso de todos. Particularmente de sus empresarios, y de aquellos que siguen creciendo gracias a esta ciudad y sus habitantes. Así que, ministra de Cultura, tiene la pista preparada.

Y a tí, edificio Limatambo (qué nombre tan evocativo), adiós.  

Aquí una galería de imágenes sobre el edificio y el trabajo de Seoane.

Y aquí, la despedida virtual de los limeños a un edificio querido.

miércoles, 17 de julio de 2013

PRESIDENTE: ¿QUÉ HACEMOS CON NUESTRA RIQUEZA?

Estudiantes en la Fortaleza de Campoy, SJL. Foto: Rolly Reyna/El Comercio.
 
Me pregunto qué siente el presidente Humala cuando ve que una empresa inmobiliaria se cree con toda la autoridad para destruir un vestigio arqueológico de 4.000 años de antigüedad. Me pregunto qué piensa cuando ve que otra empresa inmobiliaria se toma el templo de Huacoy, de 3.800 años, lo lotiza y levanta casas.  Me pregunto qué dice ante las constantes amenazas de invasión en Pachacámac, de 2.000 años.  Me pregunto cómo reacciona cuando ve que la gran ciudad de Cajamarquilla, de 1.400 años de antigüedad, yace en tan indigno abandono.

Me pregunto quién le tapó los ojos al mandatario.  Cómo así se permite no ver no solo la abundante riqueza arqueológica que define a Lima, sino el potencial económico y de desarrollo que yace debajo de capas de tierra y de siglos de olvido.

¿Sabe el presidente Ollanta Humala que Lima tiene un catálogo de arquitectura monumental que cubre 4.000 años de desarrollos culturales en nuestros valles?  ¿Sabe que eso nos convierte en parte de un puñado de ciudades, que no superan las cinco en el mundo, que pueden ofrecer una riqueza incontrastable? ¿Sabe el mandatario que ahí yace una fuente enorme de originalidad, el recurso inagotable y más buscado en esta época de globalización?

Es una mala coincidencia. Los atentados recientes contra el patrimonio -que es verdad se producen con creciente frecuencia en todo el país y no solo en Lima- suceden después de la promulgación del D.S.54.  Un decreto que nunca explica en los términos más claros que la protección de nuestra herencia cultural es un fin supremo del Estado.

Es verdad que el ministerio de Cultura hace lo que puede. Para algunos hace poco o nada. Yo pienso que esta gestión ha hecho más que otras y se ha comprometido (con sus limitaciones) con la protección y puesta en valor de nuestro legado.  Pero ¿qué  hace un ministro de este sector ante las enormes presiones comerciales?

Por eso le toca al Presidente entender. Por eso, le toca a Ollanta Humala escuchar, ver, sentir, imaginar, proyectar, decidir mejor.  Con cada huaca destruida, con cada casona que se incendia, con cada pieza histórica que desaparece, desaparece también toda nuestra originalidad. Nuestra razón de ser ante el mundo.

¿No queremos aumentar el turismo? ¿No queremos mejorar los niveles de educación? ¿No queremos fortalecer la identidad y fomentar la inclusión social? Así que, Presidente, ¿qué hacemos? 

¿Nos ubicamos en un balcón y dejamos correr la vida?  O se toma en serio que esto no es un tema solo de cultura. Es un tema de desarrollo, de potencial económico, de inclusión social.  De un país más fuerte.

Las sanciones por delitos contra el patrimonio tienen que endurecerse: multas y penas de cárcel.  Demoler donde se ha abusado. Registrar lo que está pendiente. Cercar donde sea urgente. Buscar el apoyo de la empresa privada. Acelerar la reforma de la ley de Patrimonio y generar los estímulos correctos.

Es un esfuerzo concertado.  La sociedad civil parece dispuesta a apoyar donde tenga que apoyar.  Pero se necesitan señales claras.  Comprométase y comprometa a su ministro de Economía, a sus congresistas, a sus otros ministros.  Que sea una visión de futuro donde todos salgamos ganando.

"…el individuo sano vive porque tiene memoria, porque sabe cómo se llama, cómo fue su vida anterior. Si no, caería en la locura, en la inconsciencia " (Jorge Basadre).

miércoles, 10 de julio de 2013

LAS HUACAS YA NO ESTÁN SOLAS

La hermana Killa, protectora de El Paraíso, en uno de sus rituales en el lugar.

Lima nunca dejará de sorprenderme. En esta ciudad de temblores y milagros, en las últimas dos semanas ha habido denuncias, pesares y rabias por la destrucción ocurrida en El Paraíso. Pero ha habido algo más. Ha habido algo cercano a un milagro.

Por primera vez la ciudad pareció ponerse de pie para proteger sus huacas. Por primera vez pareció haber un esfuerzo común entre ciudadanos, redes sociales y medios de comunicación para defender “lo nuestro”.

Lo más curioso de todo es que la mayoría defendió algo que nunca ha visto. Porque estoy seguro que muy pocos han visitado el lugar, casi inaccesible por lo demás. No fue la furia que pudo desatar la destrucción de un punto emblemático, conocido y amado por todos. Para nada.

Es más, hasta hace dos años la mayoría de limeños no teníamos idea de qué cosa era el complejo arqueológico El Paraíso. Por eso entre todo lo terrible que fue esta destrucción, me pareció extraordinariamente positivo lo que ha venido pasando.

Y ha venido pasando que por fin estamos construyendo ciudadanía. Por fin empezó a suceder lo que nuestros grandes maestros nos venían diciendo: “no se quiere lo que no se conoce”, “no se protege lo que no se quiere”. Empezamos a tomar conciencia.

Un milagro limeño
Lo que ha venido pasando, además, fue más allá del escándalo mediático que otros eventos de destrucción de patrimonio han producido. Aquí, junto con las denuncias, ha habido una serie de artículos en la prensa donde se ha ponderado, se ha analizado, se ha tratado de ir más allá en la discusión del tema de protección de nuestro patrimonio.

Y ha sido como un sino limeño. Porque así como la flor de amancaes, nuestra flor, emerge con su intenso amarillo en medio del frío y la oscuridad del invierno, así de pronto hemos emergido nosotros. Nos hemos levantado para decir “basta de destrucción”.

Es verdad, a raíz del nefasto D.S.54 el ambiente ya estaba cargado. Y lo ocurrido en El Paraíso nos da argumentos para exigir más. Pero antes, permítanme comentar algo más.

Repitiendo la idea planteada más arriba, siento que por primera vez empezamos a ejercer nuestro papel de sociedad civil, donde no se trata solo de unos locos defendiendo su patrimonio, sino varios estamentos. Y he querido subrayar esto que para mí es muy buena noticia por dos razones fundamentales.

La primera, porque podemos tener muchas leyes de protección, podemos tener más presupuestos, policías y rejas. Pero si no existe una sociedad civil que considere como suyos esos tesoros, como ya empezó a suceder, nada de lo otro tendría futuro.

Reconocer y agradecer
Ya sé que nos gusta tirarnos piedras e insultos. Pero por una vez creo que tenemos razones para sentir que algo estamos haciendo bien. La otra razón para mí tiene que ver con el reconocimiento. En esto no creo en las falsas modestias.

Si esto está sucediendo hoy, en buena medida, es por el esfuerzo que durante los últimos dos años se hizo desde la campaña Lima Milenaria, en El Comercio. La campaña que empezó en este blog muy probablemente nunca habría alcanzado el impacto que llegó a tener de no haber sido por el olfato, la visión y el compromiso de una persona en ese diario: Martha Meier Miro Quesada.

Y necesito reconocer eso, porque los frutos de esa visión los estamos viendo hoy. Martha sabe que en otros temas hemos estado en orillas muy opuestas, y hemos discutido. Pero en lo que concierne a patrimonio y Lima Milenaria el apoyo siempre estuvo ahí.

Creo que la campaña ha logrado legitimar esta visión de protección y ha conseguido sensibilizar a un sector de la población. 

En este último año no solo conseguimos que la alcaldesa de Lima declare a la capital oficialmente como Ciudad Milenaria y Ciudad de Culturas, sino que se produjeron dos hechos sin precedentes en este campo: las dos instituciones principales en cuestiones de patrimonio aprobaron sendos presupuestos para protección.

La misma Municipalidad destinó un presupuesto de 20 millones de soles y el ministerio de Cultura, unos ocho millones. Ese nivel de compromiso con las huacas nunca se había visto en la ciudad. Pero que falta mucho. Falta mucho.

Lo que falta, ahora sí…
Una vez expuestas las buenas razones, una vez teniendo en claro que como sociedad civil estamos avanzando por la ruta correcta, qué nos queda. El (mal) ejemplo de El Paraíso ha dejado al descubierto una serie de falencias, deficiencias y necesidades que simplemente enumero:

- Dejó en evidencia la pésima formulación del D.S.54. En este blog señalamos en su momento que el texto debió enfatizar, en los términos más claros, que es obligación del Estado la protección de su patrimonio arqueológico, y debió dotar al ministerio de Cultura de recursos adicionales para cumplir con las nuevas metas exigidas.

- Dejó en evidencia la necesidad de revisar el alcance de las sanciones. Lo que hizo la municipalidad de San Martín de Porres, de multar a la empresa con siete mil soles, es lo más cercano a un insulto y debería ser cuestionada por esa acción. Las multas por destrucción de patrimonio se deben contar en millones de soles.

- Dejó en evidencia que se necesita sensibilizar al poder Judicial. Hasta ahora no existe nadie en prisión por delito contra el patrimonio. Las penas y sanciones se deben hacer ejemplares. El poder Judicial debe asumir su compromiso en este camino.

- Dejó en evidencia un ministerio de Cultura con limitada capacidad de protección: de más de 350 sitios arqueológicos en la capital, solo unos 40 están incluidos en los registros públicos. Registrar una huaca cuesta en promedio 40.000 soles. ¿Por qué no se aceleró este proceso sabiendo, además, que iban a iniciar trabajos de puesta en valor? Sorprendentemente, El Paraíso no había sido registrado por el ministerio.

Imagino que la lista se puede extender. Pero la esencia es que ahora el camino se puede hacer más claro. En lugar de enfrentarnos a ciegas con la autoridad, creo que podemos avanzar con demandas específicas, para ir consiguiendo logros específicos.

Así que perdónenme los que consideran esto un exceso de optimismo. Creo que, a pesar de todo, estamos construyendo algo sólido. Solo cuando sucede esta acción concertada es cuando las autoridades van a escuchar. Nos vamos acercando.

 

martes, 2 de julio de 2013

EL PARAÍSO NECESITA MANO DURA

Con Germán Salas (izq.) y Gregorio Astovilca, sobre el sitio arrasado.
La hermana Killa es una ancashina que lleva más de 20 años cuidando, protegiendo y limpiando la huaca Paraíso. No le gusta la palabra chamana, pero es una mujer que reproduce una sabiduría que le enseñaron sus abuelos en la sierra del país. Parte de esa cultura se manifiesta en los rituales ancestrales que desde hace tiempo viene realizando en este sitio arqueológico, el más antiguo de Lima.

Así la conocí nada más volver al Perú, hace casi cinco años. Era un solsticio de primavera y realizaba la fiesta de la fertilidad. Quedé conmovido y sorprendido con lo que vi. Ese mismo día, con las fotos que tomé, publiqué una galería de imágenes en la página web de la BBC. Desde entonces, he visto a la hermana Killa con cierta frecuencia.

Guerra avisada
Lamentablemente, en los últimos dos años esta frecuencia se debió más a llamadas de emergencia: “Javier, quieren invadir”, “…están instalando bloqueos”, “…nos han amenazado”. Desde el cargo que tenía en El Comercio en ese entonces, se hizo lo que se pudo. Creo que lo más importante que conseguimos fue hacer visible a El Paraíso y ponerlo en la agenda. Hasta entonces, nadie hablaba de este sitio ni nadie, o muy pocos fuera obviamente de los arqueólogos, lo conocía.

El asunto con la destrucción que se produjo este sábado es complicado. Y no debería serlo. Complicado porque la señora Alicia Vargas Romaní, que se dice dueña de esos terrenos, personalmente se ha encargado de amenazar a la hermana Killa y su gente. Ella ya había sido denunciada y el ministerio y las autoridades debieron tomar cartas en el asunto. ¿Qué se hizo? Nada.

Visita al lugar
Ayer lunes que fui al lugar llegué justo con los últimos rayos de sol. Conseguí tomar unas fotos que pueden ver haciendo clic en el vínculo de más abajo. Aquí encontré a dos de esos personajes que tienen más de héroes de novela popular que de otra cosa.

Uno de ellos es Germán Salas, del grupo de la hermana Killa, un autoproclamado protector del sitio. Y Gregorio Astovilca, conservador del ministerio. Con los dos caminé por el lugar. Estar con personajes así nos hace sentir más cerca de esta rica herencia. Porque te transmiten ese conocimiento, ese cariño, y esa sensación tan particular que produce estar junto a un edificio que fue levantado por otras personas hace unos 4.000 años.

Ellos y Killa aman este lugar. “Pero me siento defraudada”, me dijo ella al teléfono mientras caminaba por su paraíso. Y no es para menos. En todo este tiempo, es poco lo que han hecho para solucionar sus pedidos. Si Paraíso está como está, limpio y sin invasiones es, en gran medida, gracias al esfuerzo de ella y su grupo: Kapac Sumaq Ayllu.

Ahora, no le queda otra que pedir garantías por su vida y la de los miembros de su agrupación. En el video de El Comercio en el que habla el viceministro de Cultura, señala que el sitio tiene vigilancia permanente. Un vigilante para más de 60 hectáreas. ¿De quién se quiere burlar este señor?

¿Cuántos años de cárcel?
Cuando hace un tiempo quise investigar qué pasaba con los delitos contra el patrimonio, el resultado fue lamentable: no existe nadie en prisión. El delito contra el patrimonio en el Perú no se castiga. Entonces, ¿cómo es posible que la autoridad de cultura, tres días después de este atentado, diga que se está pensando qué acciones tomar?

Lamentablemente ellos saben que las cámaras solo los escucharán un día. Y ese día harán todas las promesas. Pero esta es una situación que pudo evitarse. Desde la primera voz de alerta se debió hacer algo. Después de todo, no solo es el sitio más antiguo de la capital sino uno de los complejos arqueológicos más importantes de toda la costa del Perú.

Lamentablemente también, el ministerio tiene la excusa perfecta: nosotros denunciamos y es el poder Judicial el que no procede. Pero son años con esta situación. ¿Por qué entonces el INC tiene ahora categoría de ministerio si no puede poner mano dura? ¿De qué manera garantiza el ministerio la protección de mi herencia, de nuestra herencia cultural, si se lava las manos con la debilidad del poder judicial?

Un tesoro a la intemperie
La señora Romaní Vargas y sus empresas: Compañía Promotora Provelanz y la inmobiliaria Alisol lleva años reclamando esas tierras. Tiene instalados carteles de propiedad privada donde, según el ministerio, es oficialmente terreno intangible y le pertenece al Estado. ¿Por qué no se ha cercado el lugar? Hacerlo debería ser una prioridad.

Antes de poner 8 millones de soles en una muy bienvenida inversión para excavar, ¿por qué no se cercó antes? Porque Cultura quería titulares. Bien. Les salió el tiro por la culata. Los titulares que consiguió son estos: está permitiendo la destrucción de un lugar valioso.

Lo bueno dentro de lo malo...
Para terminar, y perdonen la extensión de este post. No quiero ser del todo injusto. También hay algo bueno que comentar. Justamente el hecho que el año pasado se anunciara tamaña inversión para poner en valor Paraíso fue una extraordinaria noticia. Mal priorizada, pero estupenda.

En mi visita de ayer pude ver los avances y, en este campo específico, tengo que felicitarlos (algo de esto pueden ver en el álbum de fotos). En pocos meses han empezado a sacar del olvido a fabulosas estructuras milenarias que nos hablan del desarrollo cultural que se dio en nuestros valles hace 4.000 años o posiblemente más.

Ya sé que el turismo no debería liderar todos los objetivos de recuperación, pero ver el enorme potencial de toda esta zona también es esperanzador. Solo queda que las autoridades se pongan firmes y hagan lo que tienen que ser.

Lo que estamos haciendo hoy lo hacemos para los que estamos aquí pero, sobre todo, para los que vienen después. No los defraudemos. Nuestra riqueza cultural es la que nos hace originales y fuertes ante el mundo.

Galería de fotos:
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151510691880642.1073741829.255185565641&type=3

Nota adicional: Paraíso es un complejo arqueológico de unas 60 has. Se encuentra en el distrito de San Martín de Porres. Está al borde del río Chillón, rodeada de cerros tutelares y a pocos metros del Océano. Se supone que existen unas 12 pirámides, o más, de 4.000 años de antigüedad. Hasta ahora solo hay una que fue recuperada y reconstruida en los años 60 y que es la pirámide central. Si se puede decir, la principal. Esta no se ha tocado. La que se destruyó fue otra, a un extremo del sitio, a unos 300 metros. Es verdad que es igualmente un delito muy grave porque son 4.000 años de historia que desaparecieron de un golpe.

Foto: Javier Lizarzaburu