martes, 22 de diciembre de 2015

Canales, caminos y cuentos de Navidad

Laguna Ticticocha, origen del río Rímac. Foto: aespinar.blogspot.com
Algunas semanas atrás, al terminar una presentación sobre canales prehispánicos, se me acercó un señor de la audiencia para entregarme un sobre: “es un pequeño libro donde hablo de los canales de Lima, me dijo. Espero que le guste”, y desapareció. 

Lo que presento esta semana es una versión editada y resumida del cuento, con permiso del autor. Es un cuento para niños y al leerlo la primera vez, y ver el gran aporte que significa esto, pude entender cuánto nos falta en términos de contenidos. Y la necesidad de desarrollar muchos más.

Según lo indica él mismo en su introducción, es una manera de trabajar valores, identidad y sentido de pertenencia. Es la sencilla pero fundamental contribución de un ciudadano. Gracias, señor Zumaita.

Así que a continuación, una lección de cómo los niños pueden aprender sobre su patrimonio. Unas felices fiestas de fin de año para cada uno de ustedes.

Portada del libro con el cuento de Hormiguín.
“Hormiguín en Jesús María”

“Existe un gran río que nace en un espejo de luna azul-plata llamado Ticticocha, acunado en las faldas de cumbres nevadas de los andes peruanos y fluye cristalino aguas abajo entre arbustos, pedregales y árboles frondosos, sembrando la vida en pueblos, parajes y centros mineros.

En el verano atraviesa la gran ciudad haciendo sentir el rumor sonoro que producen las piedras de canto rodado que arrastra ocultas en su interior.

Por eso nuestros antepasados lo llamaron Rímac, nombre quechua que significa “hablador”.

Durante el invierno discurre apacible derramando sus aguas en un pacífico océano, endulzando el mar.

A orillas de este río, aguas arriba, habita una comunidad de hormiguitas que se distinguen por la ardua labor que realizan al recolectar hojas y palitos para construir sus casas.

Lima y el río Rímac.  Foto: La República.
En esta comarca existe una familia muy unida, donde la mamá, Hormigacha, y el papá, Hormigotón, educan y preparan a su pequeño hijo Hormiguín para afrontar la vida y el trabajo.

Hormiguín es de color caramelo, tiene ojos de uva, antenas siempre levantadas y una gran energía en sus movimientos.

Es juguetón, curioso, aventurero, investigador y siempre atento a todo lo que sucede a su alrededor. Especialmente cuando escucha los cuentos y aventuras que suele contarle su abuelo, Taita Hormigón, antes de dormir.

Un buen día, Hormiguín decidió experimentar un cuento que había escuchado de su abuelo: que hace más de mil años, las aguas del río “hablador” bajaban desde los andes hacia el desierto costeño, derramándose esterilmente en el mar.

Ante esa situación, los antiguos peruanos abrieron bocatomas de agua en ambas orillas de su cauce y construyeron acueductos que irrigaron el desierto, transformándolo en el valle más fértil y hermoso del planeta.

Su abuelo le había contado que estos canales ancestrales hicieron posible la producción de alimentos y la vida social y económica de los antiguos pobladores, que crearon las culturas Lima e Ychma y que, aún hoy, algunos de ellos seguían bañando muchos parques y jardines embelleciendo a Lima Milenaria.
Canal prehispánico en el valle del Rímac.
Estos conductos llevan aguas del Rímac, recorren algunas partes al aire libre, para luego ocultarse misteriosamente por una red subterránea cubierta por el cemento, sobre el cual se levanta la gran ciudad en que se ha convertido el antiguo valle de Lima.

Tanto escucharlo, Hormiguín le dijo a su abuelo: ¿Por qué debemos conocer nuestra historia? ‘Porque conociendo el pasado comprenderás el presente y visionarás el futuro’, respondió el Taita, quien era un amauta en su comunidad.

Hormiguín, curioso e investigador como era, decidió aventurarse para conocer la bella ciudad de la que le había hablado su abuelo, eligiendo iniciar su travesía desde la bocatoma de agua ubicada en La Atarjea, próxima a su comarca, y donde nace el canal que desde tiempos remotos se le conoce como “Huatica”.

Valoraba mucho los sabios consejos de su abuelo, más aún cuando le dijo que habían tres clases de personas: ‘las que sueñan, las que no sueñan y las que realizan sus sueños’.

‘Abuelo, haré un plan y realizaré mi sueño’, expresó Hormiguín. ‘Me siento orgulloso de ti’, respondió el abuelo.

Una ilustración del cuento de Hormiguín.
Llegó el día cuando el lucero del alba anunciaba un radiante amanecer. Hormiguín subió en una hoja de árbol de molle y fue deslizándose aguas abajo exponiéndose a diversas emociones, riesgos, peligros y alegrías.

Hormiguín continuó su recorrido no exento de peligros. Al surcar por ciertos tramos de la acequia al aire libre, tuvo que eludir muchos problemas ocasionados por algunos individuos que arrojaban desperdicios, botellas plásticas y trapos viejos a su vertiente, contaminándolo.

Y cuando discurría por los tramos subterráneos del acueducto, la oscuridad, el silencio y algún croar de una rana le producía una sensación de miedo...”

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Ustedes pueden inventarle un final.  Pero si quieren conocer cómo fue y cómo termina el recorrido de Hormiguín, pueden contactar al autor: José Zumita: zumaitacevallos@hotmail.com. Cel: 51-980676468.  

3 comentarios:

  1. Son esta clase de historias las que deben conocer nuestros niños. Teclear menos y leer mas el pasado, mejor aún si está en un idioma fácil que rememora nuestro pasado.
    Estoy seguro que casi el 100% de nuestra niñez desconoce el pasado de Lima, sus ríos, sus cerros y su gente.
    Veré a mi nieto en unas horas, me sentaré con él y procuraré que conozca estos detalles que hacen maravillosa la vida y el sentirnos peruanos con historia.
    Gracias José Zumaita Cevallos que has creado a Hormiguín que, desde Jesús María, nos cuenta de lo nuestro. Te vamo a contactar para seguir la historia pero, esta vez, hecha por nosotros en el siglo 21.

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  2. Me parece un cuento muy lindo,sobre todo por el propósito de acercar a los ninos a sus orígenes,hacerles conocer el valor de lo nuestro,naturaleza,antepasados.Además los motiva a realizar sus ideas,los ninos están abiertos siempre a emprender cosas y éste tipo de cuentos les da alas.

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