miércoles, 10 de agosto de 2016

Un Bicentenario para celebrar. Pero ¿celebrar qué?

Pensar en el Bicentenario es plantearse el futuro para las siguientes generaciones.
¿Qué Perú es el que van a heredar? Foto: MML-2013 (hacer clic para ampliar).
Si comparamos el entusiasmo y la vitalidad de proyectos que existían en los años anteriores a 1921, fecha del primer centenario de la Independencia, con la apatía que se vive hoy el resultado es desalentador. Nos hemos vuelto cortoplacistas y en el camino, tal parece, hemos perdido visión de futuro. ¿La podemos recuperar?

Por lo menos el inicio del actual gobierno ha sido promisorio. La palabra Bicentenario fue repetida varias veces en el discurso inaugural en un contexto que permitía proyectar un sueño. Falta saber cuál es el camino que nos invitará a recorrer hasta esa fecha.

Mientras eso sucede, quiero rescatar una propuesta que lancé hace un tiempo y que he repetido en varias oportunidades para hacer de esa fecha algo más que un aniversario: celebrar 200 años de República y 5.000 años de Civilización. Yo diría que ya toca.

Y vuelvo al tema tomando como base artículos previos que publiqué en este blog. Un punto de partida tiene que ver con el hecho inescapable que un aniversario de este tipo es un disparador de preguntas: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?

La civilización Caral, descubierta en las postrimerías del siglo XX transformó la
historia que conocíamos de nosotros mismos. Foto: MinCul.
Lo evidente es que buena parte de las respuestas escapan a esos 200 años, y más bien las encontramos en los vestigios de nuestra cultura ancestral. La “patria antigua”, como los llamó alguna vez la arqueóloga Inés del Águila.

Caral, por ejemplo, la civilización de mayor antigüedad en el continente con sus 5.000 años, nos aseguró una privilegiada posición en el escenario mundial de las culturas-madre. Solo hubo seis.

Fue ahí que se dio inicio a todo un proceso de innovación tecnológica, exploración agrícola, desarrollo científico y de las artes que nos han dejado algunas de las muestras más sorprendentes de arquitectura, textilería, diseño o insumos agrícolas.

¿Pero nos sentimos parte de ese continuum? A duras penas.

La vitaldad de las raíces entre quienes sí se consideran herederos de un importante pasado.
Imagen: Fiesta de la Tierra, San Juan de Lurigancho. Foto: JLizarzaburu.
Y vistos estos dos siglos desde otro ángulo, bien podríamos preguntarnos: ¿hemos conseguido crear una nación para todos? No. No tampoco lo hemos hecho.

Es verdad que en los últimos años hemos reducido la pobreza y hemos empezado a sacudirnos de muchas taras del pasado, pero llegamos al siglo XXI con serias desigualdades que nos ubican bastante lejos del ideal de una nación moderna.

Igual, a pesar ser un legado con más tropiezos que avances, será bueno marcarlo, celebrarlo, recordarlo. Quizás porque nos marca un derrotero de lo que todavía nos queda por recorrer. Pero no al margen de toda una civilización que le da sentido.

Irónicamente, lo que de cara al mundo es nuestra mayor riqueza internamente lo seguimos viviendo con inexplicable confusión. Hay muchos sectores donde todavía cuesta creer que descendemos de esas grandes culturas. Cuesta creer que somos herederos de toda esa grandeza.

De ser grandes constructores hemos pasado a crear ciudades extrañas.
Pérdida de continuidad. Foto y maqueta: Pamela Sullivan.
Nos hemos acostumbrado a una lectura de nuestra historia marcada por las divisiones. Ellos y nosotros, dependiendo del lado que estés. Nunca todos en una misma línea de tiempo, reconociendo nuestros distintos orígenes, procesos y momentos culturales.

Esa poca capacidad que hemos demostrado en integrar con madurez toda nuestra diversidad nos ha traído a este siglo todavía en pañales de ciudadanía.

No hace mucho tiempo Rolando Arellano, el experto en mercadeo emergente, señalaba que la falta de respeto a la que nos hemos acostumbrado (entre las personas, al ciudadano, a las instituciones…) ya no solo es un problema de convivencia sino un obstáculo para la prosperidad.

Por eso necesitamos una mirada que no caiga en los mismos errores de antes: que veía lo prehispánico como pasado y no como presente; como decoración y no como identidad; como lastre y no como potencial.

Del mismo modo que nos tocaría sacudirnos de esa visión que pone lo europeo como antagonista, y no como parte inseparable de esta continuidad civilizatoria.

La utopía, el sueño o la locura: una Lima que acoge, que hermana, que otorga.
Imagen: Brigada Muralista. Exhibición en Inst. Británico, 2015. Foto: JL.
Por eso, la protección y puesta en valor de esos vestigios ya no debe verse solamente como temas de cultura. Su incorporación en nuestra visión de futuro es una manera de apuntalar la paz, de estimular la prosperidad, de decirle a los ciudadanos: te respetamos y respetamos a nuestros ancestros. Todos. 

Por eso es bueno poner en el contexto del Bicentenario el poder aglutinador y restaurador de nuestra riqueza arqueológica (no vamos a insistir aquí en su valor económico). Su puesta en valor, al margen de lo que se haga en educación, salud o seguridad, será también señal de que estamos haciendo un esperado esfuerzo de reconciliación.

Como decía al principio, el discurso inaugural del Presidente generó entusiasmo. Además del próximo aniversario, se refirió también a nuestra cultura milenaria en una visión de futuro y de continuidad. Fue el mensaje que muchos veníamos esperando, y que esperamos ahora que tomen buen camino.

Así que quizás el próximo 2021, más que solo un aniversario, pueda terminar convirtiéndose en nuestra mejor oportunidad. Porque quiero creer como creía Jorge Basadre que “a diferencia de los individuos, los pueblos pueden resucitar”.

El país que podemos seguir construyendo. Foto: Rolly Reyna/EC.

1/ "Perú: problema y posibilidad y otros ensayos", 1931. Biblioteca Ayacucho, 1992, p.80

miércoles, 3 de agosto de 2016

Un personaje inusual para una cruzada inesperada: recuperar dignidad y respeto por la cultura

El Candelabro, en Paracas, escenario vecino de un atentado contra su integridad estos días.
Una cuestión de respeto. Foto: lamula.pe (Hacer clic sobre las imágenes para ampliarlas).
Él parecía el personaje menos cercano para un discurso así y sin embargo, para sorpresa de muchos, lo hizo. En los 39 minutos de su discurso inaugural el hoy presidente Pedro Pablo Kuczynski (busqué en Google la manera correcta de escribirlo) tuvo no una, o dos referencias al tema de la cultura y las raíces de este país. Fueron tres. Esto es tan increíble e histórico que no deberíamos olvidarlo:

1-“Ser un país moderno significa ser un país sin discriminación. Seamos conscientes de que somos un país milenario y además cuna de civilización. 200 años de República y miles de años de historia. Y una parte de esta historia, nuestra raíz civilizatoria y cultural ha sido despreciada y marginada. Eso debe cambiar...”.

2- “…Un país de ciudadanos educados defiende sus libertades, tiene oportunidades, respeta al otro, busca la paz. (…) Que todos los niños y jóvenes (…) conozcan nuestra cultura milenaria y sus dos grandes idiomas, el quechua y el aymara”.

3- “Quiero que el Perú sea un faro de civilización en el Pacífico y Sud América al que todos miren con admiración”.

El nuevo presidente peruano durante su juramentación. Foto: laprensa.peru.com.
Y todos sabemos que las comparaciones son injustas, pero si alguien había usado a su gusto el discurso nacionalista como candidato fue Ollanta Humala, y nada más llegar a presidente en 2011 lo único que dijo fue que este era un “país plurilingüe y multicultural”. 

Después, a lo largo de cinco años de gobierno sus referencias a cultura fueron otras: cultura machista, de la corrupción, de la democracia o la cultura empresarial. Pero jamás, o casi nunca, le dio valor a la continuidad civilizatoria de este territorio.

Humala no pareció entender el poder de su mensaje ni el poder de este legado cultural. No pensó en el peso que la ‘cultura milenaria’ podía adquirir en boca de un presidente. Porque si algo faltaba en este país de grandes carencias a ese nivel era justamente que un mandatario expresara respeto y valoración de ese legado.

Al no haberlo mencionado, y sin proponérselo, lo que hacía era fortalecer posiciones que ven a la cultura como un obstáculo.

Quizás por eso no es de sorprender que durante su gobierno se produjo la mayor reducción de las normas de protección legal a los bienes inmuebles históricos de este país. Revisar esa legislación debería ser una tarea del nuevo ministro de Cultura.

Un posible escenario: ministerios de Cultura y de Educación trabajando
juntos en la producción de contenidos. Foto: MML-2013.
Tampoco podemos ser injustos. A pesar de las acusaciones que él y sus ministros de Cultura recibieron por no enfocar adecuadamente el trabajo de esa cartera, Humala deja un museo de sitio de nivel internacional en Pachacamac, un proyecto de infraestructura en Machu Picchu, y las bases para el próximo gran Museo Nacional de Arqueología, MUNA.

Pero con sus aciertos y errores eso quedó atrás. Lo que hemos empezado ahora, lo hemos hecho con buen pie. Por fin el tema de la cultura, y la conciencia de que somos cuna de civilización en este planeta, ha adquirido peso presidencial.

Ahora viene la siguiente etapa: cómo hacer realidad esa visión. Y la tentación es enorme para hacer un listado de temas pendientes y posibles.

De hecho, dada la dimensión cultural de un país como el nuestro, esto es algo que se debería estar debatiendo también en los medios de comunicación, pero mis colegas tampoco terminan de entenderlo. No logran ver la dimensión transformadora de este legado milenario y transmitirlo al ciudadano.

Conocer la historia es amarla, respetarla, protegerla. Foto: MML-2013. 
Así que no cedo a la tentación. Tengo mi lista y seguramente todos los que estamos interesados en estos temas tenemos nuestras prioridades. Pero sí hay un par de puntos que me gustaría rescatar.

El primero, tiene que ver con darle continuidad a la expresión histórica que tuvo PPK en su discurso inaugural, porque ese mensaje debe mantenerse vigente todos estos años.

Una manera de hacerlo realidad, quizás desde los ministerios de Cultura y Educación, es a través de la producción de contenidos. Los peruanos conocemos mal y poco nuestra historia milenaria y ya es hora de empezar. Cómo podemos mirar al futuro si en nuestro pasado existen tantos vacíos.

El segundo punto tiene que ver con la búsqueda e implementación de fuentes alternativas de financiamiento de la cultura. Existen. A diferencia del Perú, nuestros vecinos de la región lo vienen haciendo desde hace 25 años y con buenos resultados. Se puede aprender.

Así que hemos empezado el camino al Bicentenario con optimismo. Que el 2021 sea un pretexto para sentirnos orgullosos de nosotros y de estos 5000 años de conocimiento, de innovación, de sabiduría, que explican tanto lo que somos hoy. ¡Toca avanzar!

Rumbo al Bicentenario. Foto: MML-2013. 

miércoles, 13 de julio de 2016

Desde el río hasta el mar: la ruta milenaria del canal Surco

Inicio de la ruta en Ate, muy cerca del río Rímac, con un ancho de 6 metros.
Hace unos días hicimos el recorrido del canal Surco a través de los 12 distritos que riega. Son 29.5km desde Ate, a orillas del río Rímac, hasta su desembocadura en la playa La Chira, en Chorrillos. Solo este canal riega 675 parques de Lima. ¿Cómo sería la ciudad sin sus canales?

Aquí presentamos un resumen visual de ese camino. Una secuencia más detallada de imágenes la encontrarán en este álbum de fotos. La diferencia entre la primera y la última imagen somos nosotros, las personas que usamos esta vía de riego que se empezó a construir hace 2.000 años.

Por primera vez se muestra un mapa completo de la ruta de los canales Surco y Huatica.
(Haga clic en la imagen para ampliarla)
En la primera imagen, en Ate, hay un paisaje bucólico que representa de manera bastante cercana el paisaje que debió existir aquí a lo largo del tiempo. Es una zona protegida y solo tiene acceso personal de la Comisión de Regantes.

Ya después todo cambia. Gerónimo Ascencio es el tomero que vive aquí desde niño, cuando acompañaba a su padre en el trabajo abriendo cada día las compuertas del canal. (Vea aquí a Gerónimo)

“En esa época, hace más de 40 años, todo era hacienda”, dice. El recorrido se hacía a caballo. Hoy, Gerónimo hace el mismo trabajo en moto y ha internalizado la ruta, cubierta de cemento, ladrillos y bocinas de autos. (Mira aquí el álbum de fotos)

El captador de sólidos, en La Molina.  La reja de metal sirve de filtro y cada día recibe 2ton de basura.

Varios sectores del canal han sido invadidos en las últimas décadas y su cauce original, de seis metros de ancho (razón por la que muchos todavía lo llaman ‘río’), ha sido reducido a metro y medio.

Las zonas de amortiguamiento, tres metros a cada lado, también han sido invadidas. Trabajo complicado para una comisión de regantes cuyo trabajo no es ordenar el crecimiento desordenado de Lima, sino proteger el agua que circula.
El canal Surco en su mejor espacio, en San Borja, donde existe un plan de protección.
En la Vía de Evitamiento, en La Molina, existe un área que se conoce como el captador de sólidos. La tarea aquí consiste literalmente en eso: recoger toda la basura que llega a este sector del canal. La Molina hace su trabajo y diariamente extrae unas dos toneladas de desechos.

Sin lugar a dudas el sector más protegido y donde el Surco aparece como un elemento que embellece a la ciudad, además de servirla, es en San Borja, en la zona del Pentagonito.

Desde aquí continúa llevando vida a través de áreas verdes, parques y jardines, hasta Chorrillos, donde nuevamente queda en evidencia lo mal que tratamos un recurso necesario para el medio ambiente de la ciudad. (Mira aquí el álbum de fotos)

Unas de las imágenes más frecuentes a lo largo de la ruta: conexiones ilegales de desagües.
Aquí el paisaje se llena de conexiones de desagües, muros informales, viviendas ilegales encima y al costado del canal. Se supone que las autoridades municipales tendrían que intervenir y no lo han hecho. Por el contrario, son vecinos que piden que se elimine el canal porque lo ven como un estorbo.

Ya llegando a la enorme planta de tratamiento de aguas residuales en La Chira, en Chorrillos, se ve por el costado que avanza este canal para dejar lo que queda de sus aguas, como un homenaje al Océano. 

Esta gran obra de ingeniería hidráulica de origen prehispánico se merece un mejor destino. En Lima no llueve y no debería existir nada verde. ¿Cómo sería Lima sin sus canales?

Por eso buscamos que el ministerio de Cultura lo declare Patrimonio Cultural de la Nación. "Canales de Lima: 2000 años regando vida".

Después de recorrer 29.5km, 12 distritos y regar 675 parques, el Surco llega al Océano.
Y mientras eso sucede, los invitamos este domingo 17 a una gran celebración al canal que haremos tres grupos de ciudadanos en San Borja.

Ese día nos juntaremos gente de Salvemos las Huacas, el Círculo Ciclista Protector de las Huacas y Lima Milenaria para una serie de actividades.

El primer grupo está organizando una caminata por la ruta del canal Huatica. El Círculo, un bicicleteada por la ruta del canal Surco (registro abierto en la página Facebook de cada grupo).

Todos confluiremos en la esquina de Boulevard Surco con Av. San Borja Norte. Desde las 9.30am amigos del grupo Ichma estarán presentes para hacer talleres de patrimonio con los niños que asistan. 

Una sacerdotisa andina, la hermana Killa, oficiará un homenaje ancestral para celebrar esta fuente de vida, rodeada de un grupo de sikuris. Así que están todos invitados. ¡Celebremos los canales!

Haga clic aquí para ver el evento en Facebook.

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Fotos: JLizarzaburu
Vea el álbum completo aquí.



miércoles, 6 de julio de 2016

¿Qué necesita priorizar el próximo ministro de Cultura?

Círculo Ciclista Protector de las Huacas, uno de los varios grupos ciudadanos que ha venido
creciendo en los últimos años.  Una manera de recuperar memoria. Foto: CCPH.

Estos días por las razones que sea ha habido un sorpresivo interés en quién se hará cargo de esta cartera. Cosa curiosa. Es uno de los ministerios más ignorados y al mismo tiempo uno de los más expuestos al escrutinio ciudadano.

¿Alguien le ha preguntado a la gente qué tipo de ministro de Cultura quiere? Es más, con el hecho que ahora sí el Bicentenario es una fecha ineludible las expectativas serán mayores, y la atención estará centrada en quién maneje ese proceso.

No ha faltado quienes han venido haciendo listas de requerimientos y compartiéndolas a través de las redes sociales: que sea gestor, que conozca su tema, que sea esto y haga lo otro. ¿Pero basta con un tema de experiencia?

Manto Paracas, detalle. Foto: Ministerio de Cultura.
Pensaba si más allá de un listado de virtudes profesionales hay algo que en esencia deba ser esa persona. Después de hacer mi propia lista de requerimientos me quedé con una frase que muy probablemente solo tenga sentido para mí: mi máxima aspiración es que sea un ministro que entienda al Perú.

No voy a tratar de explicarlo porque, para empezar, no estoy seguro de que pueda. Pero quizás ayude si pensamos en qué sentido tiene un ministerio de Cultura en un país como el nuestro.

Porque si algo es cierto es que quien se hace cargo de esa oficina, se hace cargo también del alma del país, de la sabiduría acumulada, del arte, del conocimiento que llevamos 5000 años creando y produciendo.

Si aceptamos por un momento lo que en su día dijo André Malraux, el primer y gran ministro de Cultura que tuvo Francia, que “la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo vida”, podríamos entender que este ministerio es, sobre todo, memoria. ¿Y de qué otra manera si no podemos mirar al futuro?

Un ministerio comprometido con el estímulo de las industrias culturales.
En ese sentido, entender al Perú debería significar entender su memoria, sus caminos, su legado y la necesidad que existe por reconectar con ese pasado, que nunca fue bien explicado, que estuvo lleno de vacíos, de olvidos inexplicables.

Por eso la imagen que abre esta nota: grupos de ciclistas que se reúnen cada mes para recorrer las huacas de la ciudad. Es parte de una búsqueda, y ese es solo un caso: nadie termina de explicarnos la extraordinaria presencia de más de 370 sitios arqueológicos en la gran ciudad. ¿Quién se encarga de descifrar esa memoria y entregársela al ciudadano?

¿Cómo podemos mirar con confianza al futuro si el pasado todavía es una tarea pendiente? Hay preguntas que quedan sueltas...

Pero por ahora veamos las respuestas de dos expertos a la pregunta planteada en el título de este post.

Tengo que aclarar que originalmente invité a algunas personas más pero por sus razones declinaron participar. Un par de ellas, porque forman parte del Comité de Transferencia y no pueden dar declaraciones hasta concluir ese trabajo.

Mauricio Delfín, Director de Culturaperu.org, organización que promueve la participación ciudadana en cultura.

“La nueva ministra o ministro de Cultura debería de concentrarse en implementar las acciones mencionadas en el plan de gobierno de PPK, fortaleciendo al ministerio en múltiples niveles, incluyendo la capacidad de gestión de sus Direcciones Desconcentradas.

Además será fundamental no perder de vista la apremiante necesidad de construir políticas culturales de alcance nacional a partir de una visión programática y desde la participación ciudadana, asumiendo activamente principios de gobierno abierto.

Lo más importante es encaminar reformas sectoriales claves para lograr una gobernanza cultural democrática, que asuma nuevos y pertinentes paradigmas de cultura para el desarrollo, interculturalidad crítica y derechos culturales”.

Victor Vich, Director de la maestría en Estudios Culturales de la Universidad Católica, y autor del libro: Desculturizar la cultura: la gestión cultural como forma de acción política (Buenos Aires: Siglo XXI, 2014)

“Es necesario que las políticas educativas y las políticas culturales trabajen conjuntamente en el nuevo gobierno. Mejorar la educación del país también implica invertir en todo lo que educa y está fuera de la escuela.

Es en los barrios, en los parques, en las plazas, en las huacas, en los museos, en la radio, en la televisión, es ahí donde es urgente ofrecer contenidos distintos y presentar alternativas para la vida.

El Ministro de Educación y el Ministro de Cultura deben estar coordinados y los presupuestos de ambos mucho más balanceados. El programa “puntos de cultura” debe ser el programa central del ministerio”.

miércoles, 8 de junio de 2016

La Habana Vieja: una historia para recuperar patrimonio

Plaza San Francisco.  A inicios de los años 80 se usaba como terminal de autobuses y estacionamiento de autos.
Hace unos años publiqué una nota sobre el centro histórico de Lima y lo imposible que parecía echar a andar un proyecto de recuperación, que ya entonces era urgente. Los expertos consultados coincidían en algo: para hacerlo se necesita una autoridad, con liderazgo y poder.  Y lo que estoy viendo estos días en La Habana hace que entienda esa visión como nunca antes.

No voy a pretender conocer las múltiples dimensiones y complejidades de este inmenso proceso de recuperación, pero algo tengo claro: de todos los centros históricos de la región que conozco además de Lima*, el de La Habana Vieja me parece el más completo, creativo y de mayor impacto.

No es un modelo perfecto pero es de lo mejor que he visto en la región. Pieza clave para entender el éxito de este proceso, qué duda cabe, es tener una sola autoridad, con la integridad personal y con el poder necesario, para llevar adelante un plan, una visión y, definitivamente, un gran sueño.
Eusebio Leal Spangler, Historiador del Centro Histórico de La Habana. Foto: ohch.
Digo 'éxito' sin tener todas las cifras conmigo - aquí hay cierta reticencia a mostrar números. Me basta con ver la dimensión del trabajo: de unos 3.000 edificios que se levantan en un área de unas 250 has, se han recuperado 400, además de cuatro plazas principales.

Según una fuente de la Oficina del Historiador, un equivalente muy lejano de PROLIMA, a la fecha se ha avanzado un 40% del área originalmente considerada en La Habana Vieja. Esto en unos 25 años.

Me encuentro aquí haciendo un Diplomado sobre Comunicación y Patrimonio**, donde suele repetirse la historia que sucedió una noche de octubre de 1993, y que cambió el futuro de la gestión del centro histórico habanero.

Un 4 de octubre de ese año se desploma una vieja casona en la Plaza Vieja, la plaza cívica más importante del centro. Pero además se produce en pleno "periodo especial" - una referencia al otro desplome que se había producido por esos años, el de la Unión Soviética, y que eliminó los apoyos y subsidios que recibía la isla.

Era una encrucijada esencial. Sin dinero, sin apoyo externo, con monumentos que se les venían abajo, había que tomar una decisión.

El Historiador en ese momento (o Director de la Oficina del Centro Histórico, cargo que existe desde los años 30 del siglo pasado), según ha relatado él mismo, llamó a Fidel Castro. "Necesito poder y un millón de dólares para echar esto a andar". Y consiguió ambos.

Plaza Vieja, la principal plaza cívica de la ciudad.
Don Eusebio Leal (73), el mito de La Habana Vieja, es un mito muy real. Hoy es una persona mayor, continúa en el cargo y casi todo lo que se ve aquí es fruto de su visión. Se le suele describir como un hombre ilustrado y visionario quien, por sobre otras cosas, es muy respetado.

Como consecuencia de esa conversación con el líder cubano, según ha quedado grabado en la memoria urbana, Leal tuvo todo el poder para hacer y deshacer. "Sin liderazgo no se puede recuperar. Es como tener una orquesta de virtuosos y sin conductor", señala Patricia Rodriguez, Directora del Plan Maestro.

Si bien tenía que coordinar con todas las otras oficinas y ministerios por temas de cables de electricidad, agua, desagüe, tráfico, transporte, vivienda, salud, educación, etc., su proyecto de recuperación de La Habana Vieja tenía la más alta prioridad. Y todos obedecieron.

Una de las calles recuperadas en La Habana Vieja.
La visión de Leal no es fácil de resumir en dos párrafos pero tiene algo o mucho que ver con una frase que ahora repiten todos los que trabajan con él: "la ciudad no es para verla sino para vivirla".

Digamos que su punto de partida fue poner la herencia arquitectónica de la ciudad al centro del desarrollo económico, que el país necesitaba desesperadamente, en medio de la peor crisis en cien años.

Quizás por la falta de otras opciones es que se vio en el turismo una salida rápida. En Cuba también hay un importante turismo de playa pero esto corresponde a otros sectores. El foco de Leal fue el turismo patrimonial en el centro histórico. "Fue todo un riesgo", admite Rodríguez, pero uno que resultó.

Con ese primer millón empezaron a recuperar tres casonas para convertirlas en hoteles de categoría, que a su vez permitieron empezar a generar divisas, y con eso seguir avanzando en la recuperación. "Porque esto no le podía costar al Estado", acota Rodríguez.

Más aún, no se trataba solo de recuperar casonas. Había que resolver todos los otros conflictos sociales que emergían como consecuencia de esa decisión.

Aquí aparece el segundo aspecto de este plan que lo hace diferente a todos los otros. "La ciudad es para su gente", señaló Leal. Y en lugar de un proceso al margen de sus habitantes, lo que se implementó fue un vasto proyecto social con vivienda y servicios para los habaneros.

Esta casona se reconstruyó en 1994, tras el derrumbe de la original en este mismo sitio.
En la actualidad unas 70.000 personas viven aquí, y para ellos y otros vecinos de la ciudad existe una serie de servicios desde salud hasta educación y entretenimiento, que pretenden incidir en calidad de vida.

Hay todavía serios problemas que resolver y claras contradicciones en el sistema. Pero en cerca de 25 años, en un contexto de limitación económica, y con necesidades apremiantes, el Historiador José Leal y su equipo, que ahora son unas 14.000 personas, vienen transformando el presente de una antigua ciudad, y el futuro de muchos jóvenes.

Esta nota no se agota aquí, pero sirva como una introducción. Y sirva también como un mensaje para las futuras generaciones en Lima: no es que no se puedan hacer las cosas.  Se pueden.  Los modelos son varios y en América Latina se vienen desarrollando desde hace más de dos décadas. Un poco de visión y decisión política no vendrían nada mal.

Palacio colonial en la calle San Ignacio.  Un sector todavía por ser recuperado.

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*/ incluyendo Ciudad de México, Santo Domingo, Cartagena, Quito, Cuenca, Bogotá y La Paz.
**/ auspiciado por Unesco, la Oficina del Historiador y el Centro Internacional de Periodismo, José Martí.

Fotos: JLizarzaburu. Con la excepción de la de Eusebio Leal, de la Oficina del Historiador. 


miércoles, 25 de mayo de 2016

En Chile, discusiones sobre Desarrollo y Patrimonio

Universidad de Chile. Coloquio sobre Patrimonio. Foto: JLizarzaburu.
Hace poco asistí en Santiago a un evento inteligente sobre la manera cómo se viene discutiendo la próxima Ley de Patrimonio Cultural. Fue organizado por la Universidad de Chile y formaba parte de una serie de coloquios que se vienen realizando por todo el país, “porque tenemos que escuchar todas las voces”, dijo en su momento el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, quien dio el discurso de apertura.

Y comparto estas ideas como un sano ejercicio de inspiración, porque esa mañana sentí que había tomado asiento en una reunión donde la visión, de entrada, parecía la correcta: entablar diálogos con los ciudadanos de todo el territorio, con una intención horizontal y abierta.

Los fines quedaban claros desde el inicio: “No buscan acuerdos comunes en este momento, sino de escuchar muchas voces desde muchos espacios”. Pero se abrían puertas.

Ministro de Cultura de Chile, Ernesto Ottone. Foto: entorno inteligente.
El título del coloquio, “El patrimonio: ¿bien común o bien de mercado?” encapsulaba de manera directa una de las preocupaciones existentes. Si la cultura es de todos, creada por todos, ¿cuáles son los riesgos de que sea la empresa privada la que se encargue de empaquetarla, gestionarla y venderla?

Para el rector de la Universidad, una de las más prestigiosas de Chile, Ennio Vivaldi, se trata de una reflexión necesaria "porque el patrimonio nos da sentido como nación y es importante porque produce los valores que alimentan la nación”.

“Se necesita una mirada común en una época globalizada que nos permita un futuro claro”, dijo el ministro. Sugiriendo que hay que evaluar los procesos de patrimonialización que se han venido dando en Chile en los últimos 100 años, “porque el país está asistiendo a un auge de proyectos de desarrollo económico que tienen al centro aspectos de una herencia compartida”, dijo.

El riesgo con un turismo no controlado, precisó Ottone con la visión que no cabe duda es necesaria en alguien que maneja esa cartera, no es que pueda fomentar el interés en la cultura sino que la objetivice.

Se trata de esa conocida tensión entre desarrollo y patrimonio. Pero también, precisó el rector Vivaldi, “tiene que ver con el valor que se le da al pasado y al presente”, que es lo que en esta época vienen generando, en muchas partes, esa pugna entre conservación y progreso.

Ante esa tensión, creciente, más que dejarlo a las dinámicas del mercado lo que planteó el mismo gobierno es que se necesitan soluciones políticas. Y esto en Chile.

La idea de monumento ha quedado desplazada por la realidad de hoy, se acotó en otro momento. “Por ello se necesita un sentido de construcción ante la desaparición de las huellas”.

Espacio del foro. Mayo 2017. Foto: JLizarzaburu.
El marco general para este coloquio son las discusiones temáticas que se vienen haciendo sobre la próxima ley del patrimonio.

Además, es parte de la estrategia de socialización que se viene realizando ad-portas de la creación del nuevo ministerio que, según se remarcó con bastante orgullo, será de “las culturas y el patrimonio” – como para evitar el enfoque centralista y tradicional de ver la multiculturalidad desde un solo espacio de legitimidad*.

En el caso de Chile, más que una referencia a la multiculturalidad ancestral, a lo que se refieren –con una visión que tiene algo de práctico pero también de grandeza- es a la multiculturalidad generada por la presencia de grupos de otros países.

Entre ellos, las comunidades de peruanos. “Son diferentes memorias que obligan a cuestionar las políticas culturales”, señaló el ministro.

Quizás en línea con esto último un experto en políticas culturales, el profesor Javier Pinedo, se refirió a una visión tradicional de la cultura que había sido formulada en Chile “desde lo blanco, lo europeo y lo superior”.

Eso, explicó, llevó a “una visión de la identidad desgarrada”, viendo el patrimonio desde una actitud centralista, imponiendo una visión de país, de identidad, de cultura.

Se llamó la atención a dinámicas comerciales que cruzan las culturales, donde lo privado, el Estado y los movimientos sociales aparecen al centro de una visión de patrimonio que antes que congregar, refleja las distancias sociales y los mecanismos de exclusión.

La siguiente etapa, fue el mensaje común, es cómo ponerse de acuerdo. La posibilidad quedó planteada.

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* y que reemplazará el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Comunicar un museo para el Perú y el mundo

Imagen proyectada del futuro MUNA, Museo Nacional de Arqueología.

La globalización ha sido un gran disparador de cambios. En los últimos 25 años esta niebla anónima ha venido avanzando, uniformizándolo todo.  Esto, junto con una masificación de los viajes de negocios y turísticos durante ese mismo periodo llevó, en el caso específico de museos, a que muchos de ellos repensaran sus estrategias. Ante un mundo que se masifica, los que ganan son los que saben identificar y resaltar sus diferencias. Después de todo, las visitas a los museos son un gran negocio. 

Según la publicación Art Newspaper/1, en 2014, los cinco museos más visitados del globo están en Europa y Estados Unidos. El Louvre recibe nueve millones de personas al año. En el puesto 21 aparece el primer museo de América Latina: el Centro Cultural del Banco de Brasil, con dos millones de visitas.

En ese contexto la comunicación del patrimonio se ha venido definiendo como un área del periodismo y la comunicación que exige también una nueva mirada. Se necesitan identificar los mensajes más relevantes, en los formatos adecuados, para seguir sensibilizando y para proyectar esas diferencias.

El texto de hoy es un resumen de la presentación que hice en el Congreso Internacional sobre Museos que se realizó en Lima esta semana, del 16 al 18 de mayo, en el ministerio de Cultura y bajo los auspicios de Unesco e ICOM, el Consejo Internacional de Museos.

Javier Lizarzaburu durante la presentación en el Congreso. Foto: Unesco.
Esta es una visión de museo y del patrimonio cultural desde las comunicaciones. Una propuesta inspirada por un país con más de 5.000 años de creación, innovación y cultura.

Un país con un legado diverso, fotogénico y singular que le pertenece a los millones de peruanos, pero también a una comunidad global. Un legado que la gran mayoría desconoce y al que no tiene acceso.

Es una visión de las comunicaciones que se inspira igualmente en los cambios que han vivido los museos en las últimas dos décadas. Ha habido una marcada tendencia para avanzar desde la contemplación a la participación. Y para presentar a los museos como generadores de contenidos y de públicos: en su zona, en su ciudad, el país, y fuera del país.

Villa María del Triunfo, en la zona vecina al futuro MUNA. Foto: Google.
Al mismo tiempo, esta es una propuesta que parte de la visión de un museo insertado en y como reflejo de su realidad y su tiempo. Una institución que fortalece un sentido de continuidad cultural e histórica, porque hoy se espera que los museos sean lugares de intermediación y diálogo social.

En ese sentido, el MUNA como el gran museo de arqueología del país ¿tiene un destino que cumplir? ¿Será uno de los más importantes del continente? ¿Un referente global del mundo precolombino?

Un gran museo nacional debería ser también el museo para todo ciudadano peruano, ya sea que viva en Iquitos, en Puno, New Jersey o Madrid.

De ser así, y lo esperaría, eso implica asumir compromisos. Desde el punto de vista de las comunicaciones, eso implica entender el patrimonio, conocer los distintos escenarios en los que representa algo y, de manera particular, aprender a comunicarlo.

La comunicación y las nuevas tecnologías


Los cambios en cuanto al acceso a la información y la generalización de nuevos dispositivos digitales han venido transformando el carácter de los museos. Los grandes contenidos no sirven de mucho, fuera del espacio físico, si no se saben comunicar.

Un estudio de Abugauch y Capriotti/2 sobre las comunicaciones en los museos de Argentina, refleja una realidad que bien se aplica a Perú. Entre sus conclusiones señalan que allá no existen estructuras profesionales de comunicación – en su mayoría los mismos directores asumen esta tarea; tienen bajos presupuestos y poca planificación estratégica en este campo.

Hasta ahora la comunicación en muchos casos se ha visto como lo secundario, lo adicional, y nunca desde una posición central, de definición misma del museo. Pero lo que la experiencia de estos últimos 25 años de expansión muestran es que comunicar el patrimonio no es más una página web, un listado de contenidos o una nota de prensa.

Se trata de crear y proyectar un museo vivo en distintas plataformas. Encontrar los mensajes, formatos y narrativas que mejor proyecten ese patrimonio.

Vistazo rápido a los museos

Portada web del Museo del Prado, España. Imagen: Museo.
Hace más de una década que los museos del norte (Estados Unidos y Europa) respondieron a esa masificacion. Su respuesta, o una de sus principales respuestas, fue ubicar sus propuestas digitales al centro de la experiencia museística. Los museos de América Latina, en general, continúan con una visión enfocada solo en informar.

Dentro del grupo de museos revisados la única diferencia fue la del Museo de Arte Precolombino de Santiago, con una propuesta digital que lo ubica por encima de sus pares en la región, en cuanto a visión, vínculos con usuarios externos y producción de contenidos.

En general, la mayoría no ha invertido en propuestas digitales y se limitan solo a sus públicos físicos, los que llegan hasta sus instalaciones.  Esto es posible que se deba en parte a una cuestión de costos, pero probablemente también refleje un desconocimiento de los alcances de esta visión. Las cifras de crecimiento en cuanto a penetración y uso de internet en el Perú son altamente alentadoras.

Estudio GFK, 2015 

Según un estudio de la empresa gfk, en 2015 ya teníamos que uno de cada dos peruanos usa internet. Hoy hay más usuarios intensivos: los que se conectan todos los días. Entre ellos: el uso diario promedia 1-2 horas fuera de horario de oficina. “Estas son horas valiosas para el desarrollo de relaciones con el consumidor de una marca”, dice el informe.

Filosofía digital 

Lo cierto es que incorporar una Infraestructura Multimedia Integrada (IMI)/3 representa un radical cambio de cultura en la gestión de un museo. Dado que esto implica una serie de compromisos a mediano y largo plazo, este tipo de visión necesita responder a una reflexión interna que deja de mirar el museo hacia adentro y mira hacia afuera, incorporando nuevos públicos, interactuando con ellos.

Esta visión incorpora a los usuarios, la comunicación y la tecnología al centro de una propuesta de gestión. El éxito de una institución, de la envergadura de lo que se quiere conseguir con un museo nacional, no se mide sólo por la cantidad de visitantes reales, sino también por la conciencia global de su existencia y cómo accedemos a esos espacios.

Proyección del interior del futuro MUNA. Imagen: MinCul.

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1/ http://theartnewspaper.com/news/museums/visitor-figures-2014-the-world-goes-dotty-over-yayoi-kusama/
2/ http://www.bidireccional.net/Blog/ARG_Museos_2012.pdf
3/ Esta es una propuesta originalmente trabajada con Charlotte Sexton, entonces Directora del Programa Digital de la National Gallery, Londres.  En los últimos meses esto fue complementado con el análisis de las propuestas digitales del Museo del Prado, en Madrid, y el Reijksmuseum, de Amsterdam.  A eso se añadieron una serie de reuniones sostenidas en mayo de este año en Santiago de Chile, con funcionarios del Museo de Arte Precolombino.