viernes, 23 de septiembre de 2016

MUNA: hablan los arquitectos

Vista aérea en proyección 3D. El museo aparece como un rombo al centro de la imagen.
Fuente: Estudio LeonMarcial.
Con el ánimo de mantener abierto el diálogo público sobre la construcción del próximo Museo Nacional de Arqueología, MUNA, esta vez son los mismos arquitectos quienes responden.

La oficina responsable del proyecto y del expediente técnico es LeonMarcial, de los arquitectos Alexia León y Luis Marcial, acompañados de los también arquitectos José Canziani y Paulo Dam.

Son 15 preguntas que ellos respondieron por correo electrónico y se hace hincapié en que son respuestas validadas por los cuatro.  

Fachada proyecta del MUNA. Fuente: Estudio LeonMarcial.
Cuando se convoca el concurso de ideas para construir el MUNA, ¿qué decían los requisitos?, ¿cuánto detalle les dieron sobre lo que se quería hacer?
Los requisitos del concurso eran muy precisos y el programa estaba muy definido: Áreas Privadas con colecciones, áreas privadas sin colecciones, áreas públicas con colecciones y áreas públicas sin colecciones.

Cada una de ellas requería de condiciones específicas, las áreas de las salas de exposición, los depósitos, los laboratorios, tenían sus metros cuadrados acotados. La variación admitida en las áreas era de un 5% más o menos. Eso nos exigió incorporar con precisión el programa al proyecto.

Algunos críticos han señalado que se ha diseñado un edificio y no un museo.
Como arquitectos hemos diseñado un edificio pensado para ser un museo. El contenido de este y cualquier museo es cambiante. Los programas museológicos tienen su relevancia en el tiempo: 10 años, 20 años, 50 años.

Pensamos un edificio para albergar una colección importante como la que tenemos y que tiene que perdurar en el tiempo. Es un edificio capaz de adaptarse, como cualquier edificio responsable de estas dimensiones.

¿De qué manera incorporaron el tema de los contenidos cuando no había un plan museológico?
Nosotros como arquitectos hemos diseñado de acuerdo a la información proporcionada por el Ministerio de Cultura, que detallaba la cantidad y los requerimientos de los bienes culturales en los depósitos y espacios de exposición.

Cada tipo de bien cultural (textiles, cerámica, metales, restos humanos, líticos y fragmentos) presenta necesidades específicas, requiere condiciones de humedad y temperatura ideales para garantizar su adecuada conservación. Los espacios propuestos son expresión de estas exigencias.

Se ha levantado una voz de alarma que ante un posible tsunami el agua inundaría los depósitos, en los sótanos, llevándose gran parte de nuestro legado cultural.
Esto ha sido explicado numerosas veces por el ingeniero Kuroiwa (considerado el mayor experto en el Perú sobre el tema), que ha analizado este posible riesgo a pedido del Ministerio de Cultura. Él explica que estamos a 1.2 kilómetros del mar y que de darse un tsunami llegaría afectar unos 800 metros de esta zona de la costa, y estamos hablando de un fenómeno extraordinario.

Se equivocan, por lo tanto, quienes levantan este argumento sin mayor conocimiento. El edificio además está pensado para soportar la presión de aguas subterráneas, aparte de tener una base completamente impermeabilizada.

Todo esto está detallado en el expediente técnico y fue una preocupación desde el primer día. De la misma manera, es importante señalar que el 100% de los espacios de depósitos y colecciones se encuentran por encima de la napa freática.

¿Qué pasa con la humedad y la salinidad como un riesgo para las piezas?
El 100% del aire que entra al edificio es filtrado, descontaminado y deshumedecido hasta llegar al 35% de humedad relativa, muy por debajo de la que requieren las colecciones. De allí se añade la humedad necesaria según las necesidades de los materiales de cada colección.

El agua sobrante se utilizará para regar los jardines del edificio, compuestos por especies autóctonas de la costa peruana. Esta es una exigencia para cualquier museo con colecciones similares sin importar su ubicación.

¿En qué momento surge la información sobre la napa freática debajo de la estructura?
Durante el proceso del concurso no disponíamos de esta información y el edificio era más profundo. En el momento que nos llegó la información más precisa sobre la napa freática ajustamos el edificio para estar por encima de ese nivel.

En la actualidad hemos encontrado in situ que la napa se encuentra un metro por debajo del nivel previsto, pero hay que entender que el nivel del agua es estacional y por eso el proyecto impermeabiliza toda su base, aparte de tener un sistema de drenaje interior.

Se sabe que la tecnología tiene soluciones al punto anterior pero ¿en qué porcentaje dirían ustedes que esta condición ha encarecido el proyecto?
El proceso constructivo obliga a utilizar la tecnología de deshidratación, que es común para muchas construcciones en el mundo. En nuestro caso las bombas de agua son temporales y se utilizarán solo unos 6 a 8 meses, mientras dure esta fase constructiva, luego no se necesitan.

El costo de todo este proceso es menor del 1% del costo del edificio. Lo de impermeabilizar el edificio o no, lo hubiésemos hecho en cualquier caso, por un tema de control de humedad y de mantener el edificio estanco.

Imagen proyectada del interior. Fuente: Estudio LeonMarcial.
¿En cuánto se ha calculado el mantenimiento anual del edificio?
Los Términos de Referencia (TDR) señalan un monto, no es un dato desarrollado por nosotros sino por el Ministerio de Cultura. Lo que sí podemos decir es que el mantenimiento de un museo de esta importancia y características va costar en mantenimiento lo mismo en Pachacamac que en el centro de Lima. Habría matices que diferencian los gastos del edificio, pero los costos energéticos y de personal serían similares o iguales.

¿Cuáles son las características técnicas más innovadoras del diseño?
Quizás lo más importante para el edificio es su lógica de aprovechar estrategias pasivas para reducir costos energéticos. Más que innovar consideramos que es una cuestión de sostenibilidad y de sentido común.

Que el edificio tenga un 60% de su volumen enterrado ayuda a mantener una temperatura estable, aprovechando la inercia térmica. Por encima de la rasante todas las superficies horizontales tienen cubiertas con vegetación, el cuerpo central está también coronado con un techo huerto y además tenemos tres patios con vegetación que se integran al resto del programa. Funcionan como lucernarios en el espacio de la sala permanente y de las salas temporales.

Las superficies verticales de vidrio están protegidos por una celosía exterior de concreto pulido, permitiendo que el movimiento de aire enfríe naturalmente estas superficies del edificio. Aparte de esto, el 100% de la iluminación interna es led o de bajo consumo, los vidrios son todo de doble capa y con protección UV.

Tela Paracas. Imagen: Google.
Algunos han descrito el futuro museo como gigantesco. ¿De dónde sale la idea de proyectar algo tan grande?
Esta pregunta es para el Ministerio de Cultura, sin embargo podemos comentar que este proyecto está constituido por 3 proyectos en uno: un museo, un centro de conservación e investigación arqueológica y un edificio de servicios culturales. Podría más bien decirse que es un museo grande, como es grande el acervo cultural que el país atesora.

En este momento no existe transporte público para llegar a un lugar alejado de la ciudad, y algunos creen que esto será determinante para el fracaso del museo. ¿No temen que su proyecto termine siendo un elefante blanco?
El Ministerio de Cultura ha solicitado al Ministerio de Transportes expandir el tramo faltante para que se pueda tener una aproximación con el tren eléctrico. Igualmente en el caso del Metropolitano, previendo un sistema de buses que conecten estas estaciones con el MUNA.

¿De qué se sienten Uds. más orgullosos de este proyecto?
Es un edificio contemporáneo respetuoso de su contexto, sensible al paisaje cultural que lo sustenta, productivo para la inmensa población que lo rodea. Es una estructura que, por su propia naturaleza de edificio flexible, se adapta al cambio.

Entendemos que la cultura está en construcción permanente. Los contenidos van evolucionando, al igual que la investigación arqueológica y su expresión museográfica.

¿Qué es lo que les causa más preocupación?
El estado actual de la extraordinaria colección de los Andes centrales. Nos preocupa su protección y las condiciones de su preservación. Vemos el proyecto como la oportunidad de preservar el existente patrimonio más el patrimonio que aún está por descubrirse y que deberá analizarse y conservarse en las condiciones más adecuadas.

Pieza Mochica. Imagen: Google.
Se habla mucho de los 120 millones de dólares que va a costar la construcción. ¿Cómo compara ese costo con otros museos del mundo?
El valor de la construcción del MUNA está entre la quinta y la décima parte de otros museos, si comparamos el precio con una construcción en los Estados Unidos, en Europa o en Asia.

Debe ser desalentador, después de haber ganado un concurso tan importante para el país, que una buena parte del establishment cultural de Lima sea tan crítico del proyecto. ¿Qué les dicen ustedes?
Nos felicitamos que este gran proyecto haya sido objeto de un concurso público y que nuestra propuesta fuera seleccionada por el jurado. Nosotros solo podemos hacer nuestro trabajo de manera profesional. La arquitectura ha respondido con responsabilidad, es un edificio pensado en positivo para los peruanos y para el mundo.

Han sido tres años de trabajo intenso en consorcio con GCAQ ingenieros y con JG ingenieros y muchas personas detrás de cada uno de estos equipos. Un trabajo interdisciplinar coordinado en cada detalle con el Ministerio de Cultura. La información está representada en 1300 planos.

No ignoramos que un edificio, un museo, una institución se hace con la voluntad colectiva de muchas personas e instituciones y, en ese sentido, ayudaremos con la parte que nos corresponde: explicar el trabajo que se ha hecho. Creemos que es muy importante comunicar este contenido. Consideramos que es importante antes de dar opinión estar informados, para no generar confusión y un ánimo negativo en los medios.

Vista aérea del museo. Fuente: Estudio LeonMarcial.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El gran museo en busca de un gran debate

Santuario de Pachacamac en 1938, durante la visita de Alberto Giesecke al lugar.
Foto: Repositorio PUCP, vía Arqueología Jovelos.

Este tema ya se venía cocinando a fuego lento durante unos tres años y de pronto, en los últimos días, adquirió dimensiones de fuego de pradera. ¿Vamos o no vamos con el prometido Museo Nacional de Arqueología, MUNA? 

Como señalé en la nota anterior, la falta de información ha sido quizás el mayor desencadenante de esta situación, donde han aparecido críticos, cuestionadores y enemigos por doquier. Con razón o sin razón, no se puede negar su impacto sobre este proceso. Y a esto se suma la falta de foros para debatir de manera seria un proyecto de tal dimensión.

Esta vez el abogado patrimonialista, Alberto Martorell, comparte su posición sobre el controvertido proyecto. Él es presidente del comité peruano de ICOMOS, la mayor organización internacional sobre patrimonio, y asesora de UNESCO en temas de patrimonio mundial.

Si bien no comparto necesariamente sus puntos de vista, expande el panorama de ideas y propuestas que debió estar presente desde el principio:

Alberto Martorell, Presidente ICOMOS-Perú
"El anhelo de un verdadero MUSEO NACIONAL está una vez más en debate. Todo peruano de bien desea que contemos con un museo, (un sistema de museos) que ponga nuestra cultura en el nivel que le corresponde. La visión del museo que deseamos debe ser ampliamente debatida.

Los detalles técnicos, características, ubicación, condiciones ambientales y otros factores deben ser objeto de la participación de los mejores expertos.

La forma de construir una política cultural coherente pasa por dar lugar a mecanismos que fortalezcan identidad y pertenencia, de tal forma que la obra que se decida hacer sea un mecanismo de empoderamiento de los valores ancestrales y consuetudinarios.

Esto no se ha realizado. En cambio se ha pretendido imponer un proyecto poco socializado y seriamente criticado.

UN MUSEO DE LA PERUANIDAD, NO UN MUSEO ARQUEOLÓGICO 

Nuestro ser nacional tiene raíces que se pierden en un pasado remoto. Lo evidenció una campaña como Lima Milenaria. Su acierto es no detenerse en la Lima prehispánica, sino que sea sostenido, que se trata de una continua evolución histórica con diversas etapas que resumen la peruanidad.

Igual visión hay que aplicar en todo el territorio: nuestra historia es un continuum que requerimos entender integralmente. Sólo así lograremos una identidad compartida, tejida desde hace miles de años hasta un presente continuo.

Si se pretende construir un museo que se dedique solo a determinadas etapas de la historia nacional, no estamos contribuyendo a entender nuestra unidad histórica.

Ad portas del Bicentenario de nuestra Independencia el proyecto de Museo Nacional debe constituirse en un hito re-fundacional y de encuentro. (Es, además, un error usar el término “arqueología” de manera restringida a lo prehispánico).

LA INTANGIBILIDAD DE PACHACAMAC

Asociado al Patrimonio Mundial a través del Qhapaq Ñan, el área de Pachacamac debe ser respetada. Cualquier intervención tiene que ser parte de un proceso coherente de planificación que, en este caso, no encontramos.

El “Plan de Manejo del Santuario Arqueológico de Pachacamac” (D.S. 004-2014-MC) sostiene “El principio de mínima intervención…, respetuosa de la autenticidad de los contextos culturales y paisajísticos”.

Museo de Sitio de Pachacamac, inaugurado en 2016. Foto: JLizarzaburu.
¿OPACAR EL MUSEO DE SITIO? 

Los recursos del sector Cultura son escasos. Una de las pocas obras de los últimos años es el Museo de Sitio de Pachacamac. ¿Qué sentido tiene construir un megamuseo que lo opacará?

¿ALEJAR EL MUSEO DE LOS CIUDADANOS? 

Sabemos cuán difícil es involucrar a la población en los proyectos culturales. La ubicación del MNAAH en Pueblo Libre es especialmente privilegiada, por su accesibilidad desde los extremos de la ciudad. ¿Cuánto separa los densamente poblados distritos del norte de Pachacamac?

Hay, sin duda otros aspectos clave a considerar.

Alfonso Castrillón en un reciente post en La mula, nos ilustra: “Es importante saber qué tipo de patrimonio, materiales y cantidad, guardará el futuro museo y el potencial educativo de la colección. Esto tiene que definirse desde el principio… para cumplir cabalmente con sus funciones, planificando su sostenibilidad.”.

Me temo que en el proyecto del MUNA no se sabe ni siquiera con aproximación técnica lo qué contendrá.

Se puede perder así la gran oportunidad histórica de llegar al Bicentenario contando con un Museo Nacional que sea el hito del encuentro histórico nacional a partir del cual construir un país unido en su multiplicidad cultural.

Eso sin olvidar la grave carencia de museos regionales, que deberían ser impulsados desde una propuesta coherente de Sistema Nacional encabezado por el Museo Nacional.

Se ha dicho que en Pueblo Libre no es posible pensar en un museo que complemente el actual, con las condiciones modernas requeridas, pues el Sector Defensa no cedería el espacio del Cuartel Bolívar.

Un proyecto de la magnitud de un Museo Nacional, si es bien planteado, no podrá ser detenido por sector o ministro alguno.

Invitamos a la flamante gestión del Ministro Nieto a proseguir con el detallado análisis anunciado, y liderar una profunda reflexión que nos lleve a contar con el Museo de la Nación que deseamos y merecemos".

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La actual gestión del ministro Jorge Nieto debe anunciar en las próximas semanas cuál será la decisión de este gobierno.  Seguiremos informando.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Las arenas del MUNA, sus silencios y posibilidades

Proyección 3D del MUNA sobre el terreno seleccionado en Pachacamac. Imagen: MinCul.
(Haga clic sobre las imágenes para ampliarlas)
No creo que nadie piense que este sea el proyecto ideal o el proyecto perfecto. No lo es. Adolece de varios puntos débiles, pero sí me parece lo más cercano que estamos de conseguir uno de los sueños republicanos: el gran museo arqueológico. Solo que en el camino las arenas se hicieron movedizas.

Los que siguen este blog conocen de mis preferencias personales, y tampoco es mi propósito hacer una defensa acérrima de la ubicación en Pachacamac*.  Busco lo que hasta ahora no se ha dado: información de base para elaborar juicios, sacar conclusiones, ajustar la mirada.

Para empezar, no se puede negar que desde un principio hubo dudas, preguntas, de parte de la sociedad civil, de expertos en temas culturales y de grupos patrimonialistas. Muchas de esas dudas eran y siguen siendo sensatas. ¿Qué se hizo?

Respondiendo a una perniciosa actitud, las autoridades no se tomaron el trabajo de responder.  Se ignoró a la gente y se alimentaron temores, prejuicios, desconocimiento. Hoy muchos se han vuelto enemigos del proyecto. Dejaron de pedir información para exigir su cancelación.

Con cuánta frecuencia se ha dicho que la gestión de cultura en cualquier país no se puede hacer al margen de la sociedad civil. Menos aún en un país como el nuestro. Esta es la consecuencia.

Captura de imagen de Google Earth histórico. Fecha: 22 Junio 2002. La marca amarilla
señala el forado pre existente, donde se levantaría el museo.
Es más, existen informes técnicos guardados en oficinas del ministerio de Cultura que no se han hecho públicos. ¿Por qué? Esto solo seguirá alimentando interpretaciones que, con o sin base, debilitan el único proyecto real que tiene el país para contar con el gran museo que muchos queremos.

Tampoco ayuda la infaltable dosis de mala fe con la que algunos comparten medias verdades, interpretaciones antojadizas y absolutas mentiras.

Así que hoy se hace lo que otros debieron hacer desde el primer día: responder a las críticas y cuestionamientos.

Luis Jaime Castillo no solo es uno de los arqueólogos más respetados del país. Fue viceministro de Cultura entre setiembre 2013-mayo 2015, y es considerado uno de los padres del MUNA, si bien hace el descargo que habla a nombre propio.

De lo que se trata aquí es de acercarnos a su verdad, a la información más elemental que fue negada durante tantos meses. Queda esperar la decisión que tomará el actual ministro de Cultura sobre el destino del museo.

Luis Jaime Castillo, arqueólogo y ex viceministro de Cultura.
¿En qué capacidad da esta entrevista?
Hablo solo como arqueólogo. No soy portavoz oficial ni autoridad pública, pero tengo 35 años de preocupación y trabajo por el patrimonio cultural en el Perú.

SOBRE LA INTANGIBILIDAD 

Uno de los puntos más cuestionados del proyecto es que se piensa levantar en terreno intangible
El terreno del museo está contenido en una hollada que fue una cantera de arena. Cuando se hizo el proyecto se escogió ese lugar porque no tiene ningún contenido arqueológico. Si lo hubo, eso desapareció cuando se utilizó el terreno para otros fines.

Se han dado a conocer imágenes de un gran forado…
Puedes ver en Google Earth [Fotos 2 y 4] e irte para atrás en el tiempo y te vas a dar cuenta que ese forado está ahí desde la década del 60.

Sin embargo se han encontrado momias
Se han encontrado momias en el perímetro exterior de esa hollada. Por eso se hizo una evaluación y un rescate arqueológicos, que era lo responsable hacer, y durante la construcción habrá un monitoreo arqueológico el 100% del tiempo.

¿Descubrir momias no es razón suficiente para paralizar el proyecto?
La verdad no, porque en el Perú descubrir restos arqueológicos es algo cotidiano. Por eso hay medidas como las evaluaciones arqueológicas, los rescates y los monitoreos, y la idea es que por lo menos algunas de esas momias puedan exhibirse después en el museo.

Captura de imagen de Google Earth histórico. Fecha: 12 diciembre 2006. El forado junto
a las barras blancas de pollerías locales, izq.

SOBRE LA PRESUNTA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO

Se ha denunciado que están destruyendo patrimonio…
No. No se puede destruir patrimonio porque ahí no existía nada. Eso era una cantera. Además, se hizo una consulta con la Autoridad del Patrimonio Mundial de la Unesco, que felicitó el proyecto e hizo una serie de recomendaciones, entre ellas que tuviera una escala que no impactara.

¿Y no lo hace?
El hecho de estar metido en esa hollada, ocho metros por debajo del nivel de la duna, quiere decir que si tú estás mirando desde el norte hacia el sur no lo ves. Por eso está hundido, porque la idea es que no sobresalga, y que no compita con los templos.

Igual toda esa área después fue declarada intangible
Construir museos en zonas intangibles no es un uso incompatible. Si fuera así, nunca podríamos haber construido un museo de sitio.

¿Por qué entonces algunos piensan que no se puede hacer nada?
Es un gran tema porque, efectivamente, para algunas personas lo intangible significa que no se puede tocar en absoluto. En realidad, lo intangible es lo que está regulado y significa que no puedes hacer lo que te da la gana. Si no, aquello que declaramos intangible nunca podría ser tocado. Es decir, no podríamos visitar Machu Picchu o el presidente no podría vivir en Palacio. O qué pasa cuando se cae una iglesia: ¿no la podemos tocar porque es intangible?

¿Es un concepto flexible?
No es flexible. Es algo que debe estar regulado. Hay un conjunto de cosas que sí se pueden hacer, como la habilitación turística, la construcción de museos, de museos de sitio, que son compatibles con la condición intangible. Aquí no estamos hablando de levantar una urbanización ni un hospital. ¡Estamos hablando de un museo!

Un museo gigantesco…
El edificio es gigantesco porque tenemos un patrimonio gigantesco. Si fuera otro país te puedes dar el lujo de hacer un edificio pequeño.

SOBRE LA UBICACIÓN 

¿Por qué no se buscó una zona más céntrica?
Porque si ahora cuesta 400 millones (120 millones dólares), el terreno que hubiéramos tenido que comprar, a razón de mil dólares el metro cuadrado, habría costado otros 400 millones más, lo cual hacía el proyecto absolutamente inviable. Si ya la gente se queja por los 400 millones…

El problema es que en Lima no hay un terreno con el tamaño que se necesita, unas 9 hectáreas, y el de Pachacamac es propiedad del ministerio. No había que pagar nada.

Por qué no en Pueblo Libre, donde hay un cuartel al costado del Museo actual…
Porque ese cuartel tiene propietario y no lo va a ceder así nomás. Cuando tratamos de hacer el museo de la Amazonía intentamos que el Ejército donara una hectárea del cuartel que tienen en Iquitos, una y no nueve hectáreas, y no se pudo. Un año de trámites, con el pedido especial del ministro de Defensa y del Presidente, y no se pudo.

¿Y la expropiación?
Una expropiación requiere un justiprecio. Igual hay que pagar lo que eso cuesta. Esto se hace además con leyes específicas del Congreso y ese proceso toma tiempo, y no siempre se da.

SOBRE EL TRANSPORTE

Otro punto complicado es el del acceso. En este momento no existe transporte público para llegar hasta allá. ¿Qué se tiene previsto?
Hay un tren que comunica de sur a norte toda la capital y que va a tener, tengo entendido, una estación en Pachacamac. Es decir, vas a poder llegar en tren eléctrico desde Lima norte en un tiempo y precio razonables. Eso es por lo menos lo que se planteó.

Además hay que tener en cuenta que el museo no está pensado para el presente, con los problemas actuales de Lima, sino para un tiempo más largo. En 100 años es probable que no haya autos privados y la gente se movilice de otra manera y lo más seguro es que se llegue allá por trenes rápidos.

Proyección del MUNA en su entorno, mirada de sur a norte. El edificio aparece como un
rombo blanco cerca al centro de la imagen. Fuente: Arqt. Alexia León.
SOBRE EL TERRENO

Un cuestionamiento es que el Museo estará peligrosamente sobre la napa freática. 
No lo sé porque es un tema que fue investigado después que yo salí. Lo que sí sé es que se contrataron expertos en temas de suelos e hidrología.

¿Quién evaluó todos esos criterios?
El ingeniero [Carlos] Casabonne, el especialista más importante en el Perú en estructuras. Y no se hizo una sino varias inspecciones, y una de sus conclusiones fue que el suelo en la zona del museo es bastante sólido y que la napa freática estaba mucho más profunda del suelo del museo. Lo que quiere decir es que tampoco es una zona de afloración de agua.

SOBRE LOS RIESGOS AMBIENTALES

Se ha hablado de un posible tsunami y que eso destruiría todos los depósitos, que estarán en sótanos
Si hay un tsunami va a desaparecer Pachacamac mismo. Hay que tomar previsiones.

¿Qué previsiones se tomaron? 
Es un diseño por el cual los depósitos son cajas cerradas, impermeables, aisladas.

Cuando dice ‘cajas’ a qué se refiere
Son cubos de concreto con dobles paredes, dobles pisos, herméticamente selladas y cada una de ellas tiene un manejo ambiental diferente. Es decir, cada una puede tener temperatura y humedad diferentes, dependiendo del tipo de material que se albergue ahí.

¿Y la previsión?
El edificio está concebido, como toda estructura de esas dimensiones, para aguantar no solo un tsunami sino un terremoto de gran intensidad, según está contemplado en los códigos de construcción del Perú.

¿Qué pasa respecto a las preocupaciones sobre salinidad y humedad del aire que podrían afectar las piezas?
Al otro lado está el Museo de Sitio de Pachacamac. La segunda colección de textiles más grande del Perú es la de este museo, que tiene la misma humedad y la misma salinidad, y están bien protegidos. Además, los depósitos de textiles y de cerámicas estarán completamente aislados.

SOBRE LOS COSTOS

Se insiste en que los costos de mantenimiento y de protección van a ser tan altos que harán el museo insostenible
Yo creo que hay que ser razonables en esto. El costo no va a ser barato. Es un museo grande y va a costar su mantenimiento. Pero va a poner a Lima en otra categoría. Si va a generar una activación económica el Estado debe asumir el costo. El mantenimiento de un museo de esta naturaleza es alto pero le reditúa al país. No solo en protección de patrimonio, identidad, servicios a la ciudad, sino en turismo, dinamización económica, etc.

Existe otro temor que ese presupuesto, al ser tan grande, se va a comer el presupuesto de todos los museos del país, o que no habrá para recuperar huacas
No creo. Eso es algo que escapa a lo que yo puedo hacer o decir. Es más un tema de gestión política, pero sí considero que es indispensable que se dote a los museos del presupuesto que necesitan para vivir.

SOBRE LOS CONTENIDOS

Se cree que van a desmantelar los museos del país para llevar sus mejores piezas al MUNA 
No. Afortunadamente las colecciones que están en posesión de los museos del Estado son tan grandes que no hay que desarmar nada. Podríamos armar varios MUNAS en varias partes sin tener que quitarle a nadie. Lo que se exhibe en los museos debe ser el 2% de todo lo que existe.

Se les acusa además de haber trabajado todo con gran improvisación
El proceso de planificación, llevado a cabo por múltiples equipos de trabajo, nacionales y extranjeros, del Ministerio de Cultura y privados, ha tomado a la fecha tres años de trabajo, arduo, intensivo. No se pudo consultar a todo el mundo, y muchos son los que ahora se quejan porque no estuvieron involucrados. Por lo demás, terminar de tener la museografía ideal puede tomar varios años más. Es parte de un proceso.

Museo de Sitio de Pachacamac.  Templo del Sol en el horizonte. Foto: JLizarzaburu.
SOBRE EL SILENCIO

Si todo parece tan claro, ¿por qué no se explicó antes?
Yo creo que esa es la crítica más importante que se puede hacer al proyecto. Y ahí tengo que decir que mi opinión siempre fue que había que hacer de esto una materia de debate público, de discusión, de presentaciones. Además Elías Mujica, que trabajó un tiempo como consultor, insistió mucho desde el principio que este proyecto tenía que socializarse.

Porque además hay informes técnicos. ¿Por qué no se han hecho públicos?
Eso no te puedo responder porque escapa a la responsabilidad que tuve. Yo estuve en la fase de concepción.

Pero existen los informes técnicos…
De cada punto. Porque si no, no habría pasado las etapas de aprobación. Hay informes técnicos hasta del tamaño de las salas, de los depósitos, de la luminosidad…

Se da cuenta que ese silencio solo ha alimentado temores, prejuicios y mala fe…
Desde un principio hubo equipos multidisciplinarios que trabajaron y opinaron sobre el proyecto. Es verdad que de repente no se hizo todo en el orden que debió ser pero se tuvo mucho cuidado en cada etapa. Lo que se hizo fue acelerar el proceso y la razón detrás de esto es muy simple: esta es la sexta vez que vamos a tratar de tener un museo nacional.

¿Cuáles fueron esos otros proyectos?
Julio C. Tello trató de hacer un museo; luego en la década del 70 hubo un segundo intento, en el terreno de Pueblo Libre; después vino el de [Fernando]Belaúnde, en el Parque de las Leyendas; a ese le siguió el de Alan García, de convertir el actual ministerio y que no funcionó porque se desmanteló tantas veces que no cumplió su objetivo; y Teresa Carrasco, la ex directora del museo de Pueblo Libre hizo un concurso que lo ganó la firma Llosa-Cortegana, pero el terreno era muy pequeño para todo lo que queremos mostrar y lo que un museo así debe tener.

¿Qué piensa usted de todas las críticas que recibe el proyecto?
Como arqueólogo, mi responsabilidad no es con el presente sino de cara al futuro. Es la famosa parábola de los dones: hemos recibido estos dones y dentro de 200 años nos van a preguntar: qué hiciste con esos dones. Qué hiciste con esos textiles Paracas, con esas maderas de las tumbas del Señor de Sipán, esos ceramios del Cusco… ¿tomaron las precauciones para conservar todo eso? o por pelearse unos contra otros tiraron un proyecto por la borda…

¿Cuál es el riesgo entonces?
La consecuencia de no hacer este museo y de empezar de fojas cero es que probablemente no lo vayamos a hacer nunca, y que nos pasemos 100 años más lamentándonos que el proyecto no era perfecto y como no era perfecto volvamos a empezar siempre.

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Castillo renunció al ministerio de Cultura en mayo de 2015 cuando el proyecto entró en su etapa de ejecución.  Ignoramos si todo lo previsto en la fase de concepcion ha sido respetado.  

Soy de la opinión que antes de tomar cualquier decisión la autoridad actual y la sociedad civil tengamos acceso a los informes técnicos.  Este es el museo de los peruanos y toda información al respecto debería estar disponible de alguna manera.

Resulta interesante que lo que parece una visión forzada de la ciudad del futuro, sea en realidad la mirada correcta y se necesite entender el MUNA en el contexto de cómo será Lima en 50 y 100 años.

Por último, insisto: a pesar de las críticas no existe ninguna alternativa viable de museo.  Existen sueños e ideas, pero ningún proyecto elaborado.  Parte de madurar en nuestro papel como ciudadanos debería incluir ofrecer soluciones y no solo exigir decapitaciones. Soy de los que quiere llegar al Bicentenario con un gran museo de arqueología que rinda homenaje a 5.000 años de civilización.  

Proyección del interior del museo.  Imagen: MinCul.
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Descargo del autor: En julio de este año firmé un contrato de dos meses con Unesco para elaborar las bases de un futuro plan de comunicaciones del museo.  Esta nota no responde a ningún vínculo con la organización.

- Otra nota sobre la propuesta original para un Museo del Perú, hacer clic aquí.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Un Bicentenario para celebrar. Pero ¿celebrar qué?

Pensar en el Bicentenario es plantearse el futuro para las siguientes generaciones.
¿Qué Perú es el que van a heredar? Foto: MML-2013 (hacer clic para ampliar).
Si comparamos el entusiasmo y la vitalidad de proyectos que existían en los años anteriores a 1921, fecha del primer centenario de la Independencia, con la apatía que se vive hoy el resultado es desalentador. Nos hemos vuelto cortoplacistas y en el camino, tal parece, hemos perdido visión de futuro. ¿La podemos recuperar?

Por lo menos el inicio del actual gobierno ha sido promisorio. La palabra Bicentenario fue repetida varias veces en el discurso inaugural en un contexto que permitía proyectar un sueño. Falta saber cuál es el camino que nos invitará a recorrer hasta esa fecha.

Mientras eso sucede, quiero rescatar una propuesta que lancé hace un tiempo y que he repetido en varias oportunidades para hacer de esa fecha algo más que un aniversario: celebrar 200 años de República y 5.000 años de Civilización. Yo diría que ya toca.

Y vuelvo al tema tomando como base artículos previos que publiqué en este blog. Un punto de partida tiene que ver con el hecho inescapable que un aniversario de este tipo es un disparador de preguntas: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?

La civilización Caral, descubierta en las postrimerías del siglo XX transformó la
historia que conocíamos de nosotros mismos. Foto: MinCul.
Lo evidente es que buena parte de las respuestas escapan a esos 200 años, y más bien las encontramos en los vestigios de nuestra cultura ancestral. La “patria antigua”, como los llamó alguna vez la arqueóloga Inés del Águila.

Caral, por ejemplo, la civilización de mayor antigüedad en el continente con sus 5.000 años, nos aseguró una privilegiada posición en el escenario mundial de las culturas-madre. Solo hubo seis.

Fue ahí que se dio inicio a todo un proceso de innovación tecnológica, exploración agrícola, desarrollo científico y de las artes que nos han dejado algunas de las muestras más sorprendentes de arquitectura, textilería, diseño o insumos agrícolas.

¿Pero nos sentimos parte de ese continuum? A duras penas.

La vitaldad de las raíces entre quienes sí se consideran herederos de un importante pasado.
Imagen: Fiesta de la Tierra, San Juan de Lurigancho. Foto: JLizarzaburu.
Y vistos estos dos siglos desde otro ángulo, bien podríamos preguntarnos: ¿hemos conseguido crear una nación para todos? No. No tampoco lo hemos hecho.

Es verdad que en los últimos años hemos reducido la pobreza y hemos empezado a sacudirnos de muchas taras del pasado, pero llegamos al siglo XXI con serias desigualdades que nos ubican bastante lejos del ideal de una nación moderna.

Igual, a pesar ser un legado con más tropiezos que avances, será bueno marcarlo, celebrarlo, recordarlo. Quizás porque nos marca un derrotero de lo que todavía nos queda por recorrer. Pero no al margen de toda una civilización que le da sentido.

Irónicamente, lo que de cara al mundo es nuestra mayor riqueza internamente lo seguimos viviendo con inexplicable confusión. Hay muchos sectores donde todavía cuesta creer que descendemos de esas grandes culturas. Cuesta creer que somos herederos de toda esa grandeza.

De ser grandes constructores hemos pasado a crear ciudades extrañas.
Pérdida de continuidad. Foto y maqueta: Pamela Sullivan.
Nos hemos acostumbrado a una lectura de nuestra historia marcada por las divisiones. Ellos y nosotros, dependiendo del lado que estés. Nunca todos en una misma línea de tiempo, reconociendo nuestros distintos orígenes, procesos y momentos culturales.

Esa poca capacidad que hemos demostrado en integrar con madurez toda nuestra diversidad nos ha traído a este siglo todavía en pañales de ciudadanía.

No hace mucho tiempo Rolando Arellano, el experto en mercadeo emergente, señalaba que la falta de respeto a la que nos hemos acostumbrado (entre las personas, al ciudadano, a las instituciones…) ya no solo es un problema de convivencia sino un obstáculo para la prosperidad.

Por eso necesitamos una mirada que no caiga en los mismos errores de antes: que veía lo prehispánico como pasado y no como presente; como decoración y no como identidad; como lastre y no como potencial.

Del mismo modo que nos tocaría sacudirnos de esa visión que pone lo europeo como antagonista, y no como parte inseparable de esta continuidad civilizatoria.

La utopía, el sueño o la locura: una Lima que acoge, que hermana, que otorga.
Imagen: Brigada Muralista. Exhibición en Inst. Británico, 2015. Foto: JL.
Por eso, la protección y puesta en valor de esos vestigios ya no debe verse solamente como temas de cultura. Su incorporación en nuestra visión de futuro es una manera de apuntalar la paz, de estimular la prosperidad, de decirle a los ciudadanos: te respetamos y respetamos a nuestros ancestros. Todos. 

Por eso es bueno poner en el contexto del Bicentenario el poder aglutinador y restaurador de nuestra riqueza arqueológica (no vamos a insistir aquí en su valor económico). Su puesta en valor, al margen de lo que se haga en educación, salud o seguridad, será también señal de que estamos haciendo un esperado esfuerzo de reconciliación.

Como decía al principio, el discurso inaugural del Presidente generó entusiasmo. Además del próximo aniversario, se refirió también a nuestra cultura milenaria en una visión de futuro y de continuidad. Fue el mensaje que muchos veníamos esperando, y que esperamos ahora que tomen buen camino.

Así que quizás el próximo 2021, más que solo un aniversario, pueda terminar convirtiéndose en nuestra mejor oportunidad. Porque quiero creer como creía Jorge Basadre que “a diferencia de los individuos, los pueblos pueden resucitar”.

El país que podemos seguir construyendo. Foto: Rolly Reyna/EC.

1/ "Perú: problema y posibilidad y otros ensayos", 1931. Biblioteca Ayacucho, 1992, p.80

miércoles, 3 de agosto de 2016

Un personaje inusual para una cruzada inesperada: recuperar dignidad y respeto por la cultura

El Candelabro, en Paracas, escenario vecino de un atentado contra su integridad estos días.
Una cuestión de respeto. Foto: lamula.pe (Hacer clic sobre las imágenes para ampliarlas).
Él parecía el personaje menos cercano para un discurso así y sin embargo, para sorpresa de muchos, lo hizo. En los 39 minutos de su discurso inaugural el hoy presidente Pedro Pablo Kuczynski (busqué en Google la manera correcta de escribirlo) tuvo no una, o dos referencias al tema de la cultura y las raíces de este país. Fueron tres. Esto es tan increíble e histórico que no deberíamos olvidarlo:

1-“Ser un país moderno significa ser un país sin discriminación. Seamos conscientes de que somos un país milenario y además cuna de civilización. 200 años de República y miles de años de historia. Y una parte de esta historia, nuestra raíz civilizatoria y cultural ha sido despreciada y marginada. Eso debe cambiar...”.

2- “…Un país de ciudadanos educados defiende sus libertades, tiene oportunidades, respeta al otro, busca la paz. (…) Que todos los niños y jóvenes (…) conozcan nuestra cultura milenaria y sus dos grandes idiomas, el quechua y el aymara”.

3- “Quiero que el Perú sea un faro de civilización en el Pacífico y Sud América al que todos miren con admiración”.

El nuevo presidente peruano durante su juramentación. Foto: laprensa.peru.com.
Y todos sabemos que las comparaciones son injustas, pero si alguien había usado a su gusto el discurso nacionalista como candidato fue Ollanta Humala, y nada más llegar a presidente en 2011 lo único que dijo fue que este era un “país plurilingüe y multicultural”. 

Después, a lo largo de cinco años de gobierno sus referencias a cultura fueron otras: cultura machista, de la corrupción, de la democracia o la cultura empresarial. Pero jamás, o casi nunca, le dio valor a la continuidad civilizatoria de este territorio.

Humala no pareció entender el poder de su mensaje ni el poder de este legado cultural. No pensó en el peso que la ‘cultura milenaria’ podía adquirir en boca de un presidente. Porque si algo faltaba en este país de grandes carencias a ese nivel era justamente que un mandatario expresara respeto y valoración de ese legado.

Al no haberlo mencionado, y sin proponérselo, lo que hacía era fortalecer posiciones que ven a la cultura como un obstáculo.

Quizás por eso no es de sorprender que durante su gobierno se produjo la mayor reducción de las normas de protección legal a los bienes inmuebles históricos de este país. Revisar esa legislación debería ser una tarea del nuevo ministro de Cultura.

Un posible escenario: ministerios de Cultura y de Educación trabajando
juntos en la producción de contenidos. Foto: MML-2013.
Tampoco podemos ser injustos. A pesar de las acusaciones que él y sus ministros de Cultura recibieron por no enfocar adecuadamente el trabajo de esa cartera, Humala deja un museo de sitio de nivel internacional en Pachacamac, un proyecto de infraestructura en Machu Picchu, y las bases para el próximo gran Museo Nacional de Arqueología, MUNA.

Pero con sus aciertos y errores eso quedó atrás. Lo que hemos empezado ahora, lo hemos hecho con buen pie. Por fin el tema de la cultura, y la conciencia de que somos cuna de civilización en este planeta, ha adquirido peso presidencial.

Ahora viene la siguiente etapa: cómo hacer realidad esa visión. Y la tentación es enorme para hacer un listado de temas pendientes y posibles.

De hecho, dada la dimensión cultural de un país como el nuestro, esto es algo que se debería estar debatiendo también en los medios de comunicación, pero mis colegas tampoco terminan de entenderlo. No logran ver la dimensión transformadora de este legado milenario y transmitirlo al ciudadano.

Conocer la historia es amarla, respetarla, protegerla. Foto: MML-2013. 
Así que no cedo a la tentación. Tengo mi lista y seguramente todos los que estamos interesados en estos temas tenemos nuestras prioridades. Pero sí hay un par de puntos que me gustaría rescatar.

El primero, tiene que ver con darle continuidad a la expresión histórica que tuvo PPK en su discurso inaugural, porque ese mensaje debe mantenerse vigente todos estos años.

Una manera de hacerlo realidad, quizás desde los ministerios de Cultura y Educación, es a través de la producción de contenidos. Los peruanos conocemos mal y poco nuestra historia milenaria y ya es hora de empezar. Cómo podemos mirar al futuro si en nuestro pasado existen tantos vacíos.

El segundo punto tiene que ver con la búsqueda e implementación de fuentes alternativas de financiamiento de la cultura. Existen. A diferencia del Perú, nuestros vecinos de la región lo vienen haciendo desde hace 25 años y con buenos resultados. Se puede aprender.

Así que hemos empezado el camino al Bicentenario con optimismo. Que el 2021 sea un pretexto para sentirnos orgullosos de nosotros y de estos 5000 años de conocimiento, de innovación, de sabiduría, que explican tanto lo que somos hoy. ¡Toca avanzar!

Rumbo al Bicentenario. Foto: MML-2013. 

miércoles, 13 de julio de 2016

Desde el río hasta el mar: la ruta milenaria del canal Surco

Inicio de la ruta en Ate, muy cerca del río Rímac, con un ancho de 6 metros.
Hace unos días hicimos el recorrido del canal Surco a través de los 12 distritos que riega. Son 29.5km desde Ate, a orillas del río Rímac, hasta su desembocadura en la playa La Chira, en Chorrillos. Solo este canal riega 675 parques de Lima. ¿Cómo sería la ciudad sin sus canales?

Aquí presentamos un resumen visual de ese camino. Una secuencia más detallada de imágenes la encontrarán en este álbum de fotos. La diferencia entre la primera y la última imagen somos nosotros, las personas que usamos esta vía de riego que se empezó a construir hace 2.000 años.

Por primera vez se muestra un mapa completo de la ruta de los canales Surco y Huatica.
(Haga clic en la imagen para ampliarla)
En la primera imagen, en Ate, hay un paisaje bucólico que representa de manera bastante cercana el paisaje que debió existir aquí a lo largo del tiempo. Es una zona protegida y solo tiene acceso personal de la Comisión de Regantes.

Ya después todo cambia. Gerónimo Ascencio es el tomero que vive aquí desde niño, cuando acompañaba a su padre en el trabajo abriendo cada día las compuertas del canal. (Vea aquí a Gerónimo)

“En esa época, hace más de 40 años, todo era hacienda”, dice. El recorrido se hacía a caballo. Hoy, Gerónimo hace el mismo trabajo en moto y ha internalizado la ruta, cubierta de cemento, ladrillos y bocinas de autos. (Mira aquí el álbum de fotos)

El captador de sólidos, en La Molina.  La reja de metal sirve de filtro y cada día recibe 2ton de basura.

Varios sectores del canal han sido invadidos en las últimas décadas y su cauce original, de seis metros de ancho (razón por la que muchos todavía lo llaman ‘río’), ha sido reducido a metro y medio.

Las zonas de amortiguamiento, tres metros a cada lado, también han sido invadidas. Trabajo complicado para una comisión de regantes cuyo trabajo no es ordenar el crecimiento desordenado de Lima, sino proteger el agua que circula.
El canal Surco en su mejor espacio, en San Borja, donde existe un plan de protección.
En la Vía de Evitamiento, en La Molina, existe un área que se conoce como el captador de sólidos. La tarea aquí consiste literalmente en eso: recoger toda la basura que llega a este sector del canal. La Molina hace su trabajo y diariamente extrae unas dos toneladas de desechos.

Sin lugar a dudas el sector más protegido y donde el Surco aparece como un elemento que embellece a la ciudad, además de servirla, es en San Borja, en la zona del Pentagonito.

Desde aquí continúa llevando vida a través de áreas verdes, parques y jardines, hasta Chorrillos, donde nuevamente queda en evidencia lo mal que tratamos un recurso necesario para el medio ambiente de la ciudad. (Mira aquí el álbum de fotos)

Unas de las imágenes más frecuentes a lo largo de la ruta: conexiones ilegales de desagües.
Aquí el paisaje se llena de conexiones de desagües, muros informales, viviendas ilegales encima y al costado del canal. Se supone que las autoridades municipales tendrían que intervenir y no lo han hecho. Por el contrario, son vecinos que piden que se elimine el canal porque lo ven como un estorbo.

Ya llegando a la enorme planta de tratamiento de aguas residuales en La Chira, en Chorrillos, se ve por el costado que avanza este canal para dejar lo que queda de sus aguas, como un homenaje al Océano. 

Esta gran obra de ingeniería hidráulica de origen prehispánico se merece un mejor destino. En Lima no llueve y no debería existir nada verde. ¿Cómo sería Lima sin sus canales?

Por eso buscamos que el ministerio de Cultura lo declare Patrimonio Cultural de la Nación. "Canales de Lima: 2000 años regando vida".

Después de recorrer 29.5km, 12 distritos y regar 675 parques, el Surco llega al Océano.
Y mientras eso sucede, los invitamos este domingo 17 a una gran celebración al canal que haremos tres grupos de ciudadanos en San Borja.

Ese día nos juntaremos gente de Salvemos las Huacas, el Círculo Ciclista Protector de las Huacas y Lima Milenaria para una serie de actividades.

El primer grupo está organizando una caminata por la ruta del canal Huatica. El Círculo, un bicicleteada por la ruta del canal Surco (registro abierto en la página Facebook de cada grupo).

Todos confluiremos en la esquina de Boulevard Surco con Av. San Borja Norte. Desde las 9.30am amigos del grupo Ichma estarán presentes para hacer talleres de patrimonio con los niños que asistan. 

Una sacerdotisa andina, la hermana Killa, oficiará un homenaje ancestral para celebrar esta fuente de vida, rodeada de un grupo de sikuris. Así que están todos invitados. ¡Celebremos los canales!

Haga clic aquí para ver el evento en Facebook.

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Fotos: JLizarzaburu
Vea el álbum completo aquí.



miércoles, 6 de julio de 2016

¿Qué necesita priorizar el próximo ministro de Cultura?

Círculo Ciclista Protector de las Huacas, uno de los varios grupos ciudadanos que ha venido
creciendo en los últimos años.  Una manera de recuperar memoria. Foto: CCPH.

Estos días por las razones que sea ha habido un sorpresivo interés en quién se hará cargo de esta cartera. Cosa curiosa. Es uno de los ministerios más ignorados y al mismo tiempo uno de los más expuestos al escrutinio ciudadano.

¿Alguien le ha preguntado a la gente qué tipo de ministro de Cultura quiere? Es más, con el hecho que ahora sí el Bicentenario es una fecha ineludible las expectativas serán mayores, y la atención estará centrada en quién maneje ese proceso.

No ha faltado quienes han venido haciendo listas de requerimientos y compartiéndolas a través de las redes sociales: que sea gestor, que conozca su tema, que sea esto y haga lo otro. ¿Pero basta con un tema de experiencia?

Manto Paracas, detalle. Foto: Ministerio de Cultura.
Pensaba si más allá de un listado de virtudes profesionales hay algo que en esencia deba ser esa persona. Después de hacer mi propia lista de requerimientos me quedé con una frase que muy probablemente solo tenga sentido para mí: mi máxima aspiración es que sea un ministro que entienda al Perú.

No voy a tratar de explicarlo porque, para empezar, no estoy seguro de que pueda. Pero quizás ayude si pensamos en qué sentido tiene un ministerio de Cultura en un país como el nuestro.

Porque si algo es cierto es que quien se hace cargo de esa oficina, se hace cargo también del alma del país, de la sabiduría acumulada, del arte, del conocimiento que llevamos 5000 años creando y produciendo.

Si aceptamos por un momento lo que en su día dijo André Malraux, el primer y gran ministro de Cultura que tuvo Francia, que “la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo vida”, podríamos entender que este ministerio es, sobre todo, memoria. ¿Y de qué otra manera si no podemos mirar al futuro?

Un ministerio comprometido con el estímulo de las industrias culturales.
En ese sentido, entender al Perú debería significar entender su memoria, sus caminos, su legado y la necesidad que existe por reconectar con ese pasado, que nunca fue bien explicado, que estuvo lleno de vacíos, de olvidos inexplicables.

Por eso la imagen que abre esta nota: grupos de ciclistas que se reúnen cada mes para recorrer las huacas de la ciudad. Es parte de una búsqueda, y ese es solo un caso: nadie termina de explicarnos la extraordinaria presencia de más de 370 sitios arqueológicos en la gran ciudad. ¿Quién se encarga de descifrar esa memoria y entregársela al ciudadano?

¿Cómo podemos mirar con confianza al futuro si el pasado todavía es una tarea pendiente? Hay preguntas que quedan sueltas...

Pero por ahora veamos las respuestas de dos expertos a la pregunta planteada en el título de este post.

Tengo que aclarar que originalmente invité a algunas personas más pero por sus razones declinaron participar. Un par de ellas, porque forman parte del Comité de Transferencia y no pueden dar declaraciones hasta concluir ese trabajo.

Mauricio Delfín, Director de Culturaperu.org, organización que promueve la participación ciudadana en cultura.

“La nueva ministra o ministro de Cultura debería de concentrarse en implementar las acciones mencionadas en el plan de gobierno de PPK, fortaleciendo al ministerio en múltiples niveles, incluyendo la capacidad de gestión de sus Direcciones Desconcentradas.

Además será fundamental no perder de vista la apremiante necesidad de construir políticas culturales de alcance nacional a partir de una visión programática y desde la participación ciudadana, asumiendo activamente principios de gobierno abierto.

Lo más importante es encaminar reformas sectoriales claves para lograr una gobernanza cultural democrática, que asuma nuevos y pertinentes paradigmas de cultura para el desarrollo, interculturalidad crítica y derechos culturales”.

Victor Vich, Director de la maestría en Estudios Culturales de la Universidad Católica, y autor del libro: Desculturizar la cultura: la gestión cultural como forma de acción política (Buenos Aires: Siglo XXI, 2014)

“Es necesario que las políticas educativas y las políticas culturales trabajen conjuntamente en el nuevo gobierno. Mejorar la educación del país también implica invertir en todo lo que educa y está fuera de la escuela.

Es en los barrios, en los parques, en las plazas, en las huacas, en los museos, en la radio, en la televisión, es ahí donde es urgente ofrecer contenidos distintos y presentar alternativas para la vida.

El Ministro de Educación y el Ministro de Cultura deben estar coordinados y los presupuestos de ambos mucho más balanceados. El programa “puntos de cultura” debe ser el programa central del ministerio”.